Fue una mañana después de la lluvia. Según me enteré, los chicos habían estado arreglando a altas horas de la noche pelotazos en la red, como suele decir Allen. Yo sabía que la cosa había estado heavy, que un problemita cualquiera era la excusa perfecta para que el jefe comenzara a patalear y vociferar...
"Que Carla haga el café, que Carla haga café", me decían. Yo les contesté que no jodieran, que estaba ocupada, que se levanten ellos solitos.
Entonces llegó él, más rápido que de costumbre. Preguntó dónde estaba Ernesto. No estaba, el jefe vaya a saber dónde andaría, seguro por la calle, en alguna reunión, en algún destino comercial o gastando su billete.
Oliver miraba a Allen. La oficina entera se paralizó. Me miraban a mí, como si yo supiera algo. Él ni se molestó en revisar si había café, saludó atentamente como siempre, aunque fue más frío que de costumbre. Prendió su computadora como si se tratara de un gesto inútil, como si nada de lo que pudiera surgir de allí valiera la pena.
Oliver: Me doy cuenta de que tenía mucha razón.
Sebastián se asomaba desde su box, mientras alguna telemarketer lograba darse cuenta de que su llamada telefónica no valía nada comparado a lo que estaba por ocurrir.
Entonces tomó el nextel, se deshizo de los cables y simplemente le comenzó a hablar.
Ernesto: Todo lo que pase en ese dominio es tu responsabilidad, incluso los trabajos ajenos. Es preciso que le heches a todo el ojo encima. Sé que hay problemas, pero vos trabajás muy bien, sabés responder bien.
Allen: ¿Estás diciendo que yo debo hacerme responsable de todos los trabajos de agencias ajenas, incluso cuando los mismos estén fuera de término?
Sebastián: Limó. Este pibe es de película.
Sebastián miraba la escena, notaba cierto aire combativo, un espesor que se coló por la puerta justo cuando Jana pisó el la oficina. Ernesto se esforzaba por minimizar la cosa, pero sin perder su voz de jefe, su autoridad.
Ernesto: Necesito que estés siempre, no puede ser que te intente ubicar y tengas el celular apagado.
Oliver: Ups...
Crack. Allen y el poder postdisciplinario. Si Ernesto hubiera estado al tanto de la reticencia de Allen con respecto a la nueva sociedad de la información, estoy segura que hubiera elegido otras palabras.
Se trata de un tipo centrado que cuando pierde la cabeza lo hace bien, lo deja a uno boquiabierto, sentado en su butaca, mirando el espectáculo. Vemos que todo pasa tan rápido, vemos que las palabras de Allen se aceleran frenéticamente, se inmiscuyen en la electrónica de un maldito aparato para llegarle a Ernesto, para que le caigan las sílabas con todo su peso.
Allen: Te presento la renuncia.
No se llegó a escuchar qué contestó el jefe, no por la falta de señal del nextel, sino porque le presté más atención a cómo Allen reboleó el aparato por la oficina, tomó sus cosas y saludó al staff.
Tengo esa sensación fea, Allen. ¿Nos veremos? Sé que no aclaramos algunos altercados nuestros, boludeces. Me da pena que te vayas así, que me vengas a saludar con un abrazo, que me tiras la mano de esa manera. Sebastián casi no se da cuenta de lo que pasa, Valeria no llegó.
Oliver: Estaba más cerca de lo que pensé. Allen tiene esa capacidad de ser tan repentino, quebrar la realidad de una manera tan satírica. Miremosló así: reboleó al jefe por el aire.
Sebastián: Eso fue un poema. Revolear al jefe por la oficina es un po e ma.
Allen, ¿tenés idea de lo que vas a hacer ahora? Allen buscó a su partner de diseño, obviamente no la encontró. Ella siempre llega más tarde que el resto, siempre se da esa licencia de dormir hasta tarde.
¿Te pensás que con un "Carla, un placer haber trabajado contigo" la arreglás? Quisiera que te quedes, que me cuentes quién es este tipo que ahora se va para no volver, nos deja a todos parados en medio de la nada que es realmente esta oficina. Allen, ¿tendrías la amabilidad por una vez de contestarme?
Allen: Diganle a Zunny que cuando llegue me llame por favor, voy a necesitarla...
Leaving song pt2
martes, 20 de mayo de 2008
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3 comentarios:
¿No sé precipitó? Digo, quizás hablando...
Se lo va a extrañar!
Vos sos re tranca. Yo también...
La diferencia reside en que de vez en cuando a mí me salta la térmica.
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