Insomnia (and the hole in the universe)

miércoles, 21 de octubre de 2009

Ingresa Bentham al escenario, mientras dice:

Bentham: Con insomnio nada es real del todo. Uno no está despierto del todo, ni dormido del todo. No hay forma de estar relajado cuando uno tiene la cabeza atiborrada de ideas.

Se detiene para mirar al frente. Se toma la cabeza, pareciera que le duele. Está fumando.

Bentham: El sistema nervioso central está alerta, por que tiene algo que hacer, algo sobre lo que meditar. Como es sabido, no podemos separar a la mente del cuerpo. Aunque, cierta química puede...

Arroja la colilla de lo que estaba fumando. Entonces toma una pastilla amarilla, la toma sin agua. Con esfuerzo, aparentemente, pasa por su garganta, por su traquea, viaja adentro de su cuerpo.

Bentham: ... La conciencia. La conciencia muchas veces teme alejarse de sí misma. El estado exacerbado de vigilia, cualquier esquematismo que irrumpe en los momentos más insólitos. El sueño quizás sea ese artilugio al que la conciencia trata de resistir porque sabe que no puede controlar. La conciencia está angustiada porque no sabe cómo librarse de esas ataduras del mundo.

Bentham: Es increible cómo la conciencia opone resistencia a los fármacos. Todo depende de qué cuerpo estemos hablando, pero en algunos casos, la resistencia corporal es tal que toma varias ingestiones de lo que sea lograr al menos unas horas de sueño.

Es en ese momento Bentham ingiere una segunda pastilla.

Bentham (a modo de aclaración, entre paréntesis): (Perdón, es que exactamente unos minutos después, debo tomar una segunda. Siempre va bien así).

Bentham: Efectuaré una cita: "Durante el sueño, no abandomamos el mundo: el espacio del sueño se escuda en el espacio claro, pero utiliza todas sus articulaciones, el mundo nos asedia incluso en el sueño, y es en el mundo que soñamos." (MMP, FDLP, 330).

Bentham sonríe, como si acabara de recitar una idea brillante, algo así como un momento de lucidez. Entonces, toma su pulsera verde de goma, la cual lleva en su brazo izquierdo, y la sube. Sacude su mano izquierda.

Bentham: Llega un momento en que la consciencia se vuelve contra sí misma, atenta contra sí, sabe que debe desobedecer sus propios mandatos para proseguir lúcida, por no decir efectivamente viva. Claramente es en esos momentos donde el cuerpo, ese acceso primero al mundo, registra el punto de mayor tensión. Usualmente el corazón incrementa sus latidos.

Bentham: Según la conjugación de ingredientes, resentiremos más o menos al otro día.

Sale de escena, pero continuará hablando.

Bentham: Evidentamente, lo primero que debemos hacer es liberar las ideas. Algunos le dicen pensar en nada. Pamplinas. Siempre tenemos algo en la cabeza. ¡Eso, volarnos la cabeza! Entonces arrojaremos a nuestro cerebro, como si fuera el verdadero culpable de nuestra vigilia forzada, cualquier mezcolanza de químicos...

Ingresa Bentham, mientras prosigue su monólogo.

Bentham: ..., cualquier cruce de anestesias. Todo para lograr evacuarnos a nosotros de nuestra consciencia, para desalojar las ideas sensatas de nuestro cuerpo. Para comenzar esa especie de derrumbe que debería ser simple, ameno, estable, lento, apasible, en paz...

Entonces Bentham cae de rodillas, para un segundo después terminar en el suelo inconsciente. Apagón.

Los idiotas

viernes, 2 de octubre de 2009

(Somos una pareja tan fugaz, una especie de recuerdo explosivo, pero definitivamente corto. Diría relampagueante, pero es una característica que reservo para cosas de otro valor afectivo.)

- No sabés todo lo que pensé en vos estas últimas dos semanas -dice Rocío, mirandome no sin algún esfuerzo a los ojos-. ¿Crees en el destino? Me hacía falta que nos cruzaramos.

Achina sus ojos, ese es el método expresivo de ella para otorgarle seriedad a sus palabras. Pero, ¿qué ocurre cuando nada de lo que ella diga va a cambiar nada de lo que yo soy? Somos, nuevamente, una imposibilidad, ¿verdad?

- Digamos que de una forma extraña, forma parte de mis creencias. Pero eso no significa que se trata de iluminaciones ni salvaciones - contesté resaltando la última palabra con mi sonrisa más malévola-.

- Te duelo. ¿Verdad?

Justo el mozo nos trajo el café. Ella cortado. Yo con crema doble. Me gusta el café de Java, es fuerte, me hace acordar a cuando me ocupaba la semiótica y los parciales. Me hace acordar al aula, a un Allen un tanto más inexperto pero un tanto más lúcido.

Belgrano. Me doy cuenta que es la segunda vez que termino en Belgrano, olvidado, Cinema. Es definitivamente un lugar de mala fama para mi. Primero Jennifer, ahora Rocío. Recuerdo mejor los epílogos en Serrano, pero por otro lado mejor, no quiero degradar a la meca con...

- Como diría una amiga, yo tenía mi estantería toda ordenadita, y vos la tiraste a la mierda - prosiguió ella-. Me aburría, y justo vos...

- Justo yo...

Le diría que ella es perfecta, salvo por el detalle de que es increíblemente ridícula y estúpida. Es ridícula que se conozca a Castoriadis y que siga atada a su "estantería". Es estúpida porque ese carácter mío que supuestamente le gusta, es el mismo que ella debe reconocer que me obliga a alejarme de ella.

- Tenés una linda mirada - me dice-. Penetrante. Aunque ahora la noto distante, me acuerdo cómo tus pupilas se fundían con la mías. Fue impresionante.

Le diría algo parecido. Pero, está todo tan devaluado.

- Volviendo a las cuestiones destinales. Efectivamente creo que uno va formandose a lo largo de su maldita existencia - disparé-. Ahora bien, si pensás que ahora podés cambiar tu vida con solo dar un paso, para dejar lo que realmente tenés ahora, estás muy equivocada.

- ¿Por qué? Me sirvió muchísmo estar con vos.

- ¿Te parece? Yo creo que demuestra tus miedos y mis falencias.

- Mis miedos. ¿Tus falencias? Sos muy duro con vos mismo.

Eso me lo dijo una vez Day. Soy duro conmigo. Alguien más me la dijo, a muy temprana edad. Pero qué carajo importa.

- No sé qué quiero... - escupió casi con verguenza-.

- Bienvenida al club - contesté sin el menor interés en lo que acababa de decir-.

Mi café era sabroso. Era perfectamente como lo recordaba. Jen y todas las cosas que vinieron después no tenían ese sabor. Pero el café de Java sí. Era como si pudiera beberme los mejores momentos de mi vida en una taza. Todo esto, mientras Rocío especulaba

- ¿Hubieramos funcionado?

- ¿Qué?

- Nosotros. Vos y yo, como pareja. ¿Funcionaríamos? Creo que jamás me entendí tan bien con alguien. Digo, si yo me hubiera separado y nos hubieramos cruzado luego de eso, ¿pensás que estaríamos...

- ¿En la cama otra vez?

Ella me miró lastimada. O al menos actuó como si la hubiera herido.

- ... Iba a decir de novios - miró su café y lo revolvió-.

Dicen que una falencia grande en mí es que mi mal carácter me posee en ocasiones por completo, negándome todo tipo de mesura, llegando a puntos en los que realmente vuelvo las conversaciones/discusiones insostenibles. Podría haber sido más crudo. Podría haber dicho "cogiendo otra vez". Creo que en realidad soy un gentleman.

- Lamento que me veas así - continuó hundiéndose en su café. Su cabellera morocha caía sobre su cara, la cubría. Se escudaba de lo que yo pudiera decirle con los ojos-.

Le diría que me gustaba mucho, que disfrutaba de cada palabra que decía, que su risa conjugada con sus ojos eran perfectas. Pero no quería darle nada, quería que tuviera la sensación de no llevarse nada de mí. Cuando ella me tomó de la mano la retiré al momento. Cuanndo ella me miraba mi rostro era inexpresivo. Era una especie de entrenamiento para mí.

¿Fui demasiado duro con ella? Seguramente la salud de Gregor esta semana no contribuyó. Me sentí más una especie de asesino a sueldo antes que un tipo aburrido como soy.

- Me quiero separar de Richard -vomitó luego de un silencio inescrupuloso-.

Me pregunté qué tenía que ver yo con eso. No conocía a Richard, pero sonaba a un tipo altamente rutinario. Y ella ya no importaba. Me dije que de todas formas ella y yo nos hubieramos entendido en exceso, lo cual no hubiera sido bueno para la relación. ¿Estaba ella esperando un "dale, venite conmigo"? No podía soportarlo. Quizás sólo estaba compartiéndo la estupidez que tenía en la cabeza.

- Ya se te va a pasar -contesté-. Tenés miedo de estar sola, tenés miedo de lo que te pueda ocurrir después de él. Y es esa la razón por la que dilatarás tu libertad. Temer no es una forma de ser libre, ni tampoco una forma de amar.

Me sentí Coelho. Qué tipo imbécil que puedo ser, como si yo la tuviera atada y me las supiera todas. No dudo de la bondad de Rocío, no dudo de lo brillante que sea ella, pero me comporto una vez más como esa especie de moralista experimentado... un perfecto idiota.

Así que terminé mi café de Java, y por ende, no tenía nada más ahí que fuera medianamente copado para pasar la tarde.

- Que idiota que soy -dijo ella-.

Entones, tal como me pareció al conocerte, tenemos mucho en común. Más de lo que ahora me gusta reconocer.

Ahí nomás en la esquina, en donde alguna vez me despedí de Day, nos encontramos parados para hacer lo propio y decirnos chau. Ella es escurridiza. Me acerca la mejilla para que le de un beso, pero corre su cara lo suficiente como para que nuestros labios se rocen. Y todo parece un maldito montaje otra vez, y ella cruza Cabildo. Y yo voy a buscar mi auto.