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Pregunta estúpida

domingo, 5 de septiembre de 2010

I
Fue así, de sopetón que me lo dijeron entre cervezas casi primaverales y una de las picadas más necesarias y peor equipadas que he visto.

- ¿Sabías que a Jenny la atropelló un tren?

Mi pregunta fue estúpida.

- ¿Y cómo está ella?

- ¿Cómo? Fallecío, Allen.

Me sentí idiota por preguntar, pero en un principio me costó creerlo. Si bien hacía rato que no veía a Jennifer, saber que ya no está me cayó como una patada. Quizás la noticia me deprimió un poco, tomé de más, al otro día tenía dos corsódromos en la cabeza, no uno.

II
- Pero digo, ¿no te pasa que hay cosas que entendés perfectamente, como por ejemplo un deporte, pero tu cuerpo no las puede realizar? Eso es una dicotomía.

- Es que justamente, la verdadera comprensión es cuando lográs compenetrar en ese deporte al cuerpo y al alma. No es tanto desarmar los movimientos analíticamente, sino hacerlos carne.

Jen me miraba. Pensé que todas las charlas de Merleu-Ponty eran al principio para darme que hablar. Pero no, realmente se interesaba. En retribución, me comentaba la obra de su pintor preferido, Dalí.

Y cuando ibamos a por una cerveza cerca de Medrano, una vez nos interrumpió el gran carnaval de la avenida Corrientes. Era un despelote pasar, tuvimos que caminar cuadras y cuadras de más porque yo había dejado el auto al otro lado de La Casa del Queso. Y en pleno desorden, caminabamos entre nenes tirándose con esos aerosoles de colores, ella agarró uno y comenzó a tirarme en la cabeza. Se prendieron los nenes también, hasta que logré adueñarme de alguno de esos aparatos y comencé a cobrarme víctimas de la espuma carnavalezca.

Llegamos a La Casa del Queso un tanto desarreglados.

Creo que nos sentamos en el mismo lugar que aquella vez que comenzamos a salir, al lado del cuadro que a ella le gustaba, por surrealista. Era una cabeza sin ojos, en un desierto. Muy Dalí. Mientras yo probablemente elaboré una especie de monólogo en el que explicaba la necesidad de llevarnos una de esas patas de jamón que colgaban en el local.

Luego le hice la pregunta estúpida de "qué la hacía feliz"... Jamás supe por qué me despaché con eso, ya que ella nunca contestó.

III
Cuando me "peleé" con Jen, al principio la extrañé un montón. Siempre me dio curiosidad qué le habría pasado, si me había tenido miedo, si le habría aparecido el ex, si se había dado cuenta de que yo no era para ella. Cualquier explicación hubiera estado bien, sólo me hubieraq gustado escucharla.

Cuando nos cruzamos en una salida todos juntos, casi ni me habló. Se notaba que intentaba tomar distancia. Supe desde comentarios de otros acerca de sus vacaciones, de su ascenso, de su mudanza a capital. Eso, antes se tomaba el colectivo en Medrano, para llegar a Lanús. Ahora... ¿a donde?

Ella había quedado maravillada con la banda sonora de Amelie. Luego de que viera la película, le regalé el disco. Era cuando comenzabamos a salir. Le había prometido regalarle el DVD, pero jamás llegué a entregarselo.

- ¿Cuándo querés que la veamos? - fue mi pregunta estúpida.

IV
Me la imagino caminando distraída, sin darse cuenta de la proximidad del tren. No me animé a preguntar estúpidamente en cuál estación ocurrió.

Noticia atrasada

jueves, 29 de mayo de 2008

Me acuerdo del tal M. (pongámosle nombre: Martín), personaje nombrado al relampagueo en uno de los primeros posts...

1) Jamás me lo banqué, siempre me rompía las pelotas.

2) Ya lo sabemos Allen, siempre fue obvio eso.

1) En serio, me quería serruchar el piso con Jen. De hecho comenzamos a salir cuando él dejó de molestar. No que pudiera impedirlo, claro...

2) ¿Eh? ¿Vos salías con Jennifer?

Algunas noticias llegan tarde, vio... Bueno, el tema es que jamás me banqué a Martín, ahora puedo decirlo abiertamente.

Una chispa

domingo, 20 de abril de 2008

Luna: Jamás voy a entender qué corchos le viste a esa Jennifer...

Cuando Hamlet comienza su famoso monólogo de "Ser o no ser", el personaje se encuentra bajo la lupa. Se trata más de un personaje que se sabe abandonado, solo en medio de la multitud real, dispuesto a sobrellevar una ardua tarea de investigación policial.

Jen: No siempre comprendo lo que pasa a mi alrededor. Siempre todo es igual, pero hace un tiempo que me pasan cosas. Hoy me tuve que encerrar en el baño a llorar sin saber por qué y a veces la angustia me tiene a la deriva.

Justamente estabamos bajo la lupa, aunque por motivos más triviales que los del joven Hamlet. Creo que en esa segunda charla con Jennifer fue que ambos nos soltamos más, nos probamos a ver a hasta dónde llegaba nuestra honestidad. Ella confesándome sus dislates, yo los míos. Ella con su jean roto en la rodilla, yo con mi remera fuera de moda.

Jen: No sé si alguna vez funcionará todo. Nunca funcionó. Cuando me parecía ser feliz, fueron sólo ilusiones ópticas.

Desiluciones ópticas, quizás. Nuestros rayes se rozaban, de repente se parecían pero no eran iguales. Ella con sus angustias y sus llantos, yo con mis insomnios y ataques de pánico. Ella con su personalidad opresiva y yo con mi personalidad redundante. Ella saludando desde la lejanía, yo haciendo señales de luces desde otra orilla.

Bajo la lupa nos parecíamos tanto. Yo le parecía más resuelto, lo cual es una mentira. Ella me parecía recontra seria, lo cual fue mentira. Había un misterio, una coincidencia que se transformó en accidente.

Allen: Siempre me pongo a analizar los cuadros de Dalí. Bah, no analizo nada, más bien me pongo a interpretarlos, a ver qué me dicen.

Jen: ... que mi tiempo es un desierto. Hay días en que los detalles me parecen trágicos, por eso lloro. Por que en esa oficina todo sería más simple si no fuera parte de un todo que no va a ningún lado, sino fuera porque perdí ese cosquilleo que me hacía algún desconocido por las mañanas.

Cuando se lo acusa a Hamlet de loco, el personaje no se preocupa por aparentar lo contrario. Hace caso omiso más bien y vuelca sus esfuerzos en la investigación que le ocupa, no duda de sus desilusiones ópticas, sino que trabaja en pos de ellas.

Jen: Vivo demasiado en mi cabeza, Allen.

Allen: No se trata de abandonar sus ilusiones, pero sí trabajar para que sean verdad. Es preciso conservar ese razgo infantil de soñar, de divagar, porque sino estamos condenados a lo que esto es - Señalé la ventana del local, la av. Corrientes, con todos sus autos -.

Jen: Ya una se cansa de preteder siempre lo perfecto -voltea para ver la ventana, la avenida-. A veces pienso que mis ataques me agarran porque sé que no se puede cambiar, que lo que es así será.

Creo que los dos estabamos un tanto desgastados de la historia propia, de ese actuar errante que nos caracteriza. Ella parecía calmarse cuando la abrazaba. Yo me sentía menos paranóico cuando estaba con ella. Fue eso: una coincidencia. Dos personas que se alivian en el momento necesario.

Ambos intentabamos acercarnos, aunque nos dabamos cuenta de nuestras diferencias. Intentabamos ser compatibles, formar dos siluetas que al menos por un momento conformaran una escena. Es cierto... ahora lo entiendo mejor. Fue un momento.

La misma Dinamarca digna, inundada de renovaciones, no era para Hamlet más que un paisaje de la repetición. Repetición no solo aburrida, sino montada en una farza.

Ambos nos quejamos de lo efímero, pero no somos más que eso. Nos quejamos de nosotros entonces. Aunque Jen se sonreía de mis observaciones ridículas y luego me tentaba llevándome la contra en cualquier cosilla. Era una forma de encontrarnos en medio de toda esta pérdida, me imagino.

Coincidimos en nuestra propia debilidad, en ponernos bajo la lupa los dos juntos al mismo tiempo. Miramos desde un ángulo similar, parados uno al lado del otro. Y casi vimos lo mismo. Justo cuando más nos acercamos a la lupa para ver más en detalle sentimos de más.

Allen: Dos locos parecemos.

Jen: Me parece bien, sí. No veo a los cuerdos mejor que nosotros. Viven así pero ni se dan cuenta.

Coincidimos en nuestra propia fortaleza casual, esa que por error nos llevo juntos, esa que nos hizo sentarnos frente a frente una tarde cualquiera en los bulevares de la 9 de Julio. Sí, todo fue casualidad.

Ella casi no me miraba, caminaba a mi lado, tratando de sacarse ese hábito de esquivar mis comentarios. Yo no quería más vidrios rotos en su novela ni en mi cuento, pero muchas veces las cosas se rompen si uno no las fuerza. Entonces cuando llegó su colectivo nos accidentamos en un chisporrotazo de labios y ella se apresuró a volver a su casa.

Hamlet no confiaba en nadie, ni siquiera en los que aparentemente le entendían. Bajo la lupa, nos resultó más fácil confiar. Creo que cuando la retiramos vimos que todo estaba más lejos de lo que creíamos.

Luna: Menos mal que ya fue... no te hacía bien. Che, toy aburrida. Venite y vemos un dvd, ¿te parece?

After office

martes, 4 de marzo de 2008

Zunny: ¿No estás cansado de esquivar balazos? Me parece que no esta bien eso de desaparecer, de volverte tan volatil. Una se siente dejada de lado, abandonada como una estúpida, parece que a ustedes les importaramos tan poco de repente.



No es maldad, Zunny, no es más que la expresión de una falla. A ver, si, entiendo. Pelotudos habemos en todos lados. Pero sinceramente no es una opción, no me interesa, quedará atrás.
No tengo ganas de encontrarme con el enemigo, y que las amigas me propongan juntarnos me pone de malas.

Zunny: Quizás ellas te consideran amigo, y por eso te quieren ver y contarte cosas y que vos les cuentes. Suele ocurrir, vio.

Dani: Boludeces. Las amigas de la ex complotan para destruirlo a uno, para vengar el dolor de su amiga, quien en definitiva...

Dani esta medio ebrio, creo. Aunque ahora que lo pienso, son las ocho recién y andamos todos medio entonados.

Oliver le charla a Alicia por celular, seguramente le dice que la quiere, que la extraña y que hoy comen camarones en algún lugar fachero de Palermo. Pero no deja de ponerse al tanto con las discusiones entre Zunny y yo:

Oliver: Vos dale para adelante. A otra la importás tres carajos. Y sacate esa idea de que se acuerda de quien sos porque además ni le interesa quien fuiste.

Otra vez, lapidario che. Están medio duros ultimamente. Yo creo que Zunny cuando toma un par de cervezas es cuando más se luce con frases tales como "reboleala por toda la oficina, sacale esa maldita pollera y destapale esas ganas que tiene de callarse la boca". Se olvida de que no está con la barra de los pibes de Banfield.

Dani: Sos una zarpada. Pero y vos con tus cosas también haces quilombos, ojo, te he visto dar vueltas y vueltas en falso, en torno a un pibe que la verdad es que no tiene dos gramos de cerebro. Y me sorprende m'hija, porque sos inteligente vos.

Allen: La inteligencia es sexy.

Zunny: Y decime, ¿qué tenía Jen de inteligente?

Lo era. Era muy inteligente, quizás no a mi manera, o la de Zunny, o la de Oliver o Dani. Quizás era brillante a su manera. Pero no entiendo por qué estamos hablando de Jen. Adhiero más a la teoría de Oliver.

Oliver: Además, cuando te dijo eso de que vos eras el único que la entendía, la verdad, fue realmente injusta.

Si, lo sé. Pero si yo no he sido injusto con ella, que no valga.

Dani: Pero Carla siempre está atenta a lo que opinás vos, Jana. Yo creo que te tiene cierta estima a esta altura, a pesar de que se conocen hace poco.

Zunny: Carla va a jugar con Allen, va a terminar haciéndole desastres. Tenés dos opciones, o la tiras a la mierda, o la encarás y le aclarás los puntos, como te dije, directo a los labios sin pregutarle si está de acuerdo.

Ya sabemos todos que trato de ser respetuoso con este tipo de cuestiones, y que no quiero hacerle líos a la chica de recepción. Por mí, que avance Oliver, que tiene más parla. Ah, claro, legalmente no puede. ¿Y vos Dani? Sacala del mapa, haceme el favor, tirale los galgos.

Dani: Nooo, que ya he salido con gente de la oficina y siempre terminé con quilombos. Pero vos sos un tipo rezonable, vas a saber qué hacer.

Zunny: Sí, le tenemos que dar alcohol, ponerla en pedo a Carla, y quizás ahí se dan cuenta que si, que el beso que se están dando está bueno.

Puntos de vista

lunes, 10 de diciembre de 2007

A July le encanta ver cómo le cambia la cara a Allen cuando la ve. Es notoria la sonrisa. Inventa que ellos son el uno para el otro, aunque sabe los problemas que eso le acarrea.

Por otra parte, Felipe no comprende demasiado por qué Allen tira una bomba en la oficina, sólo para perderse las puteadas del jefe. Además, ¿por qué alguien esquiva a la persona que tanto quiere? Allen le contesta que no entiende un pomo, que si a él todo le importa tres carajos, bien por el y brindemos por lo efímero.

Bob recuerda que lo mismo que Allen le critica, es lo que el imita un rato después.

Jen en un principio pensó a Allen como un yupi venido a más. Luego encontró atractiva esa incapacidad oratoria que lo domina, que es su tarjeta de presentación. Ve esos detalles desarreglados de su pantalón, o esa remera que no usaría nadie que se digne creer en la moda, al menos sabiendo que esta es falluta.

Es Orlando quien sostiene que los inventos más sublimes de Allen ocurren cuando este se va de las manos. De hecho, algunas ideas son tan ocurrentes que Orlando ha tenido que atentar contra su ejecución. Dicho esto, agrega que se divierte a montones con él, pues son tan diferentes que siempre se terminan entendiendo.

A Val le disgusta cuando Allen se queja por demás. De a ratos ella le insiste en que tiene que dejar de romperle las pelotas al mundo, de dejar los conflictos. También le recuerda que hay circunstancias para todo, para reir, llorar, pelearse y emborracharse. Valery aplaude los ataques de razón que tiene Allen, y celebra el chocolatín que la espera sorpresivamente en su escritorio.

Guillermina ya casi ni reconoce a Allen. Pero ciertamente lo odia.

Fue Bob muchas veces el compañero de Allen en tanto desmán. También fue el saboteador encargado de que no lo trompearan los rugbiers, y de que no lo molieran a palos aquel sábado en Baradero.

Aproximadamente, la distancia que hay entre el puño de July y el mentón de Allen, marca un punto de quiebre donde ambos personajes se replantean la situación. Pero solo ocurrió aquella vez de crisis violenta que conmemoramos en su aniversario.

La versión de Luna es que no se puede luchar contra el amor propio. Porque entonces el amor se vuelve una estaca que se hunde más y más en el pecho. Tal el caso de Allen. Pero esto no quita que sea un chico tan encantador como equivocado.

Felipe acota: No debería tentar a los problemas tan seguido como lo hace. Parece que hay cierto afán en Allen por romper las reglas. Pero es también quien se vuelve su más acérrimo defensor a la hora de planear ataques. Es tan meticuloso y calculador como disparatado e incoherente.

Guillermina no se da cuenta que Allen es el calco de ese Allen del que estuvo enamorada.

Basta dejar pasar un poco el tedio, entre la multitud desconocida, y pronto, en algún lugar del local, empezará a incurrir en una estupidez, dice Orlando. Bah, eso opinan quienes no saben divertirse.

Jen de vez en cuando le recuerda a Allen que siguen estando, aunque no estén. Ambos no dicen nada, pero seguro que se dirían algunas verdades.

Instrucciones para dar un beso

lunes, 22 de octubre de 2007

Allen) ... entonces, después del roce inicial, comenzás a transportarte en el otro, a proyectarte como si la sombra se uniera a la forma que la recorta de la luz. Cuestiones de Merleau, viste. Porque un beso mal dado me pone de mal humor, te cuento.

Jen) Jaja... No lo había pensado así. O si...

Allen) Labio con labio, podemos ahora abrir un poco. Hay que investigar las papilas gustativas, o tratar de descifrar cómo lográs esa hermosa sonrisa. Y desde allí a mi me gustaba tomarte de la mano, darme cuenta que estabas ahí de frente, a distancia nula, porque habíamos chocado.

Jen) Entonces...

Allen) Entonces es necesario que nos acariciemos, viste, que los roces sean de una geografía muy detallista, sentir la figura. Conocer mi medida en tu medida, acariciando diferencias. Jugar, viste, porque si no te divertis en el beso estás frito, sos un salame.

Jen) Si, una vez un pibe me dio un beso que parecía un cabezaso. Qué poca capacidad de maniobra, que torpeza.

Allen) Mirá que acá no estás hablando con Fangio, precisamente...

Jen) Lo sé, pero me gusta cómo los das (beso...)

Allen) Bueno, pará. Entonces, luego de un poco de ludismo literario, podemos comenzar esa especie de repliegue que no es tal. Algunas maniobras menos pretenciosas, menos grandilocuentes. Tengo mi mano casi acariciando tu mejilla, y abro los ojos.

Jen) Labios que aun coinciden. Narices vecinas. Me gusta verte a los ojos, con esa mirada tan penetrante que tenés.

Allen) Me doy chapuzones en los tuyos... (beso...)

Jen) Esas aproximaciones que haces son muy lindas. Sos un dulce Allen.

Allen) Muchos dirían lo contrario. Creo, he logrado en varias ocasiones evitarle los dulces a la gente, ponerlos a dieta forzada. Cada despelote he armado. En otras ocasiones decidí pensar que esa etiqueta de "dulce" era un código que utilizaban ustedes las mujeres, para decirme que soy un imbécil.

Jen) Ay, Allen. Yo pienso que eso que decís es parte de tu campaña difamatoria, como sostenía Orlando.

Allen) No escuches a Orlando. El sabe de besos, seguro. Pero es de otra escuela, digamos, de una escuela de mayor popularidad.

Jen) Claro, y vos...

Allen) Entonces, la idea es clara. En algún momento está bien que se crucen nuestros ojos. si un beso se da todo el tiempo con los ojos abiertos, algo está mal. Acordamos eso. Pero en algún momento, buscar el chapuzón, es genial.

Jen) Y recostarse en la plaza del Parque Centenario jugando a ver cuanto dura también.

Allen) Es importantisimo tener en cuenta en las situaciones de beso, que la delicadeza es apremiante. Delicadeza para elegir lo justo en el momento indicado. O sea, los frontazos están bien, pero si es la única manera que tenés de hacer la previa, no es bueno.

Jen) ... - te miro, Allen. Si a vos, aunque no lo creas.

Allen) En algún momento desconocido del inicio del beso nos tiene que recorrer la sensación, ese temblequeo del otro que es como una celebración de nosotros. Porque sino el beso es de plástico, nos lo vendieron mal. O quizás decidimos comprar por hábito de consumo. Pero la idea central es que no nos damos cuenta que chocamos, que el contacto entre vos y yo lo anulamos porque nos molesta, repentinamente queremos quedarnos adentro de nosotros y no ver las amacas, el tobogán, o la nena que se pelea con aquella otra por la calecita.

Jen) Creo que lo explicaste bien. Es en realidad esa seguridad de que estoy con vos. Digo, el temblequeo lo siento porque sos vos, porque vos sabés como hacer la introducción, el nudo y el desenlace.

Allen) Vos sos la que sabés, querida Jennifer...

Jen) Los besos se hacen de a dos. Pero lo que te decía es que justamente, si el beso es de plástico, al otro día lo tiraste. No me gusta eso. Pero si el beso es verdadero, te lo llevás en la memoria, cuando te acostás antes de dormir, o ante la expectativa de encontrarnos, o al cine, a comer afuera, de vacaciones, y esas cosas.

Allen) Creo que me he vuelto cada vez menos diestro en el arte de los montajes. Pero te tengo... (beso...)

Jen) Creo que en la capacidad de sobrevuelo corporal está lo verdaderamente aventurero, lo realmente brillante del amor. Recorrer, me gusta irme moviendo por tu cuerpo, que vos te muevas por el mío. Acampar, correr, volar, nadar, quizás detenerme a mirar el paisaje.

Allen) Sos muy inteligente, que raro que no te des cuenta que no te convengo.

Jen) Sos tonto cuando querés (beso...)

Entonces Allen posó su oreja cerca del pecho de Jennifer.

Jen) ¿Ajá?

Allen) Pusiste esa sonrisa, y quería escuchar cómo hacía juego con los latidos de tu corazón.

Conversaciones 1

miércoles, 10 de octubre de 2007

(Gallagher estaba dándose una panzada con su plato de leche, mientras Allen tenía su max chop lleno de Babaria 8.6. Dos seres dandose sus gustos. El gato miraba de vez en cuando, escuchando muy atentamente lo que el hombre le decía. Quizás el animal pudiera descifrar mejor que él mismo sus propios secretos.)

... y entre tanto y tanto, creo que lo conveniente es tomar otro camino. Digamos que la vengo pifiando bastante, pues haga lo que haga, pase lo que pase, es para quilombo. Cuando no es Jen, es el fantasma. Cuando dejo de ver ilusiones ópticas, resultar que me dejan una carta de ese anonimato indefendible. Entonces tengo esa necesidad de ver si es Jules o no. Gato gato, tu vida es más simple, más feliz.


(Gallagher miró a Allen, y le maulló una queja.)

¿Vos crees realmente que soy capaz de tanta metida de pata? De la simpleza de mi ser, siempre se me complica todo. Ese auge de emociones que desvaría para cualquier lado, es un patinaje. Patinando por un sueño...

(El gato retomó su tazón de leche. Después le quedaría la panza. Allen tomaba la cerveza como si fuera agua. Cuestiones del verano y las altas temperaturas. Allen se acercó, y chocó su chop con el tazón de leche. Solían brindar de esa manera, a ambos les gustaba.)

Me acuerdo la primera vez que vino July que te le tiraste encima. Tuviste suerte de que a ella le gustaran los gatos, pues la foto era fantástica. En cambio, cuando volvía de verla a Jenny, refunfuñabas. Te hubiera caido bien, pero vos sos un gato medio prejuicioso, o te das cuenta mucho más rápido que yo de las cosas.

(Gallagher emitió otro maullido, inclinandose claramente por la segunda opción.)

¿Y vos? ¿No te dio luz verde la gatita del quinto? - Gallagher intercambiaba con Allen miradas más fugitivas - Yo creo que para un rato da, manejalo. No sea que la vieja me venga a patalear después acá, a la puerta. Bah, yo te banco, así que divertite. Sé que no estoy la mayor parte del día, así que vos hacé, dale.

Y no tengo ni idea de lo que le pasa a la otra lunática che. ¿La viste el otro día? Ni me habla, y ni me dice por qué. Es la primera vez que me lo hace. Luna es así, creo que la harté con mis cosas, ya creo que ni le importa. Está bien, no es la primera amiga que pierdo. Gallagher, cuando puedas tirarme una punta, avisame de estas cosas, que las vez mejor que yo. Vos sabés que no soy muy lúcido.

(Los sorbos al chop se tornaban más propundos. El gato ya se había terminado la leche, y portaba una prominente panza de miércoles a la noche. No era raro que Gallagher y Allen tuvieran este tipo de conversaciones. El gato era testigo casual de muchas de las reflexiones de Allen con Allen. El chop estaba casi vacío, por lo que había que abrir otra botella. Entonces sonó el teléfono...)

Hola - Dijo Jen. Gallagher maulló bien fuerte.

copas

domingo, 30 de septiembre de 2007

Allen: Hay varias teorías, pero una recurrente es que soy dulce. Todos los labios por los que he pasado, irrefutablemente, emiten ese juicio sobre mí. Y luego de toda esta serie de intentos fallidos, me he llegado a plantear si realmente eso de "dulce" no es una encriptación en código que me dicen, a modo de sinónimo de estúpido.

Feli: Jaja... No creo. Aunque puede parecer.

Orlando: Es así, cuando las tratás bien, sos un pelotudo y te dejan. Y cuando te importa todo tres carajos, vienen y te dicen que sos un hijo de puta, que la cagaste, que somos todos iguales, que no nos entienden. Allen, tenés que despreocuparte, total, te la van a hacer imposible igual.

Allen: Es que me llama la atención esa recurrencia. Los calificativos siempre reman para el mismo lado, siempre colorean de ese rojo, con verde y amarillo, casi acaramelado. ¿Eso quiere decir que soy un tipo con tacto? No, para nada. Quiere decir que de repente, parezco tierno.

Feli: Si, esa la escuché de July. Siempre decía que eras un tierno. Loco, pero tierno. Pero coincido con Orlando de que quizás debas relajarte más con respecto a tus amores. Por un lado, es bueno que logres ese efecto en ellas, pero quizás últimamente...

Allen: ... me esté estrellando apropósito. Pensé en la teoría del sabotaje.

Orlando: Posta, te lo digo, dejalo ser. Olvidala, ella es insignificante, ¿ok? Es un pasaje, es un momento que se ha esfumado, mirá, acaba de entrar la morocha más linda del bar. ¿Cuánto tiempo estaré sin cruzar palabra contigo?

Feli: Está sola, lo cual es llamativo...

Allen: Pero también, creo, debo admitir que eso de dulce es afímero, pues debe ser parte de lo que me hace un detalle en la vida ajena, y no más que un detalle. Pensé que en una de esas mis concepciones estén erradas. Lo más probable es que estén erradas, pero no puedo cambiarlas, por más esfuerzo que haga. Y lo de la otra vez fue un accidente, no me miren así.

Orlando: Es una característica tuya, es como ese caminar de la morocha. Es de ella. Vos tenés lo tuyo. Todavía no puedo creer que la mexicana te dejara el mail, y vos ni pelota. Estaba regalada, era una jugada completa, solo tenías que pasar a cobrar.

Allen: Venía pensando en Jennifer. Por ende decidí no hacer nada.

Feli: ¿Y te das cuenta de que por poner todas tus fichas ahí, ahora no estás con ninguna? Siempre hay que colocar inversiones en varios mercados.

Allen: Es que no me interesa invertir en varios mercados a la vez...

Orlando: Hay que diversificarse - se levanta, en dirección a la morocha, que está en la barra -. Nunca olvides que esto en realidad no es ni siquiera un partido, son una serie de partidos, el fixture más genial que se nos puede ocurrir.

Feli: Quizás debas relajarte.

Allen: Debo dejar pasar un tiempo, eso seguro. Sé que no se justifica en realidad, los veo a ustedes, que se mueven muchísimo más rápido que yo, y no comprendo. Quizás otra de mis características sea lo inmutable, lo inmóvil.

Feli: Tampoco es así. Reconozcamos que hemos hecho de las nuestras. Si bien no sos un pirata como este, tampoco te quedás todo el tiempo mirando los partidos por tele. Te he visto jugar, con mayor o menor destreza, pero... este ya está a full. ¿Ves? A este le importa todo tres carajos.

Allen: Claro. Linda piba. Pero me juego la cabeza a que está con alguien. Sábado a la noche, sola. No resiste el menor análisis.

Feli: Si. Allí está, tenés razón.

Orlando: Que llegó el novio.

Allen: Era de esperarse.

Orlando: Tendría que haber sacado el teléfono más rápido, quizás...

Feli: Probablemente.

Allen: Hubiera sido lo correcto, visto como estabas procediendo.

Feli: Por ejemplo, la otra vez, que te decía que te miraba la mina esta en Solea Bar. Te miraba, la tenías al lado. No hiciste nada, ni hola, ni qué tomás, ni un pedorro de qué signo sos.

Allen: No recuerdo...

Orlando: Siempre te hacés el boludo con estas cosas. Y lo peor es que no te das cuenta que es una táctica horrible, que no sirve para nada.

Feli: Digamos que así como te dicen que sos un dulce, también sos bastante arisco cuando querés. Tenés que ser como yo, ya sabés, soy muy fácil...

Orlando: Yo tengo espoteadas a otras tres. Da justito, sólo nos tenemos que acercar un toque. Las invitamos a tomar algo. Será mejor que hablar con ustedes, manga de aburridos. ¿Te acordás cuando nos vinieron a levantar las pibas esas en Cabo Blanco?

Allen: Esa no me la olvido más. Fue tremendamente extraño.

Feli: Ja. Si. Prácticamente me terminó violando la piba esa.

Allen: Te ganó por insistencia. Después quedaste persecuta, que al otro día te llamaba tu novia y te preguntaba con quién habías estado, pero en joda.

Feli: Pero te juro que nunca tuve tal paranoia en mi vida, posta. Que al otro día me diga eso fue una patada en los huevos. Menos mal que ya esos riesgos no los corro más. Es mejor la soltería.

Allen: Depende...

Orlando: Dejate de joder con tus amores platónicos, ese peso irremediable de la historia. Ahora nos sentamos con ellas, nos presentamos, les decimos quienes somos, también les decimos quienes no somos. Ya está, es irrefutable, me está mirando, le hago señas, fue, hola que tal cómo andás...

Cuadros de Dalí

viernes, 14 de septiembre de 2007

I
Allen) Si, claro, debí haberlo supuesto. O sea, sentí inmediatamente después de los chisporrotazos, que algo estaba desconfigurado, que el aire estaba demasiado quieto, no soplaba el viento, no había marea y la pluma que escribía mi historia se paralizaba una vez más.

Jen) ¿Y por qué no me dijiste nada?

Allen) Estabamos probando. Ni vos me contabas todo, ni yo te contaba todo. Era así. Lo que si recuerdo era lindo, eran esas aventuradas afirmaciones tuyas, te cuidabas de dar información pero no demasiada. Ya anoté más de una vez que vos defendés tus versiones con ambigüedades.

Jen) Y yo detecto omisiones de tu parte. Luego, cuando uno te repregunta y presiona un poco, paf, caes en las ambiguedades también. Esquivando los balazos, le dices.

Mientras Allen servía nuevamente los chops, Jenny miraba la tabla de quesos, elegía el roquefort más apetecible. Lindo lugar, linda comida, ideal para un martes después del trabajo.

Jen) Me gustan los cuadros.

En las paredes, colgados, estaban unas bellas réplicas de cuadros de Dalí, algunos Miró, pero los que más importaban eran los Dalí, que chorreaban tiempo en plena creación. Desde la pared miraba lo abstracto de la situación, lo abstracto de esa unión repentina (muy linda, por cierto), entre Jen y Allen.

II
2) ¿Cómo andás? Trato de comunicarme contigo pero noto que ya no es lo mismo. Te pregunté cómo andás, si está todo bien. Me dijiste que si, pero no te creo, estás demasiado opaco hoy Allen.

1) Comencé a desplegar mis hipótesis de la siguiente manera: Suelo cruzarme con estúpidas bastante seguido. De hecho, mi primer arranque fue esa versión, la de la estupidez. Pero luego, no sé, ciertas observaciones, instancias de análisis, me llevaron a pensar que en realidad no sos mala chica, que bueno, a veces uno no tiene las cosas claras. Te entiendo. Me duele, pero te entiendo.

2) Sé que es tonto, te diría que te extraño. Por eso te sigo hablando, trato de solucionar esto, de volver a hablar de esas cosas. Me gustaba hablar con vos de esas cosas, de la vida, de lo irrelevante. Tenemos ese punto de contacto muy fuerte. Me doy cuenta que vos te repartís medio cabisbajo a veces. Eso hago yo, Allen.

1) Pero yo sostengo que no tiene sentido, que no va a ningún lado, que no fuiste ninguna idea que me hayan robado, Jenny. Yo soy testigo de mis propios intentos, pero la verdad es que no me la dejabas fácil. De hecho, siempre me costó hablar contigo, hasta que encontraba alguna llave mágica y entonces comenzabas a contarme las cosas, a enviarme a la persona que eras.

2) No estoy acostumbrada. Hay muchas cosas que no sabés de mí, no te imaginas que...

1) ... a mí me gusta jugar con mis hipótesis un poco. He acertado a bastante de lo que he percibido de ti. Si, ya sé que vos sos retrotraida. Ahora te digo que me doy cuenta de las ambiguedades, y vos me comentás...

2) .... que te acordás de cada cosa de mi. Me parece tierno, llamativo, pero tierno. Yo me tengo que anotar las cosas para no olvidármelas.

3) Pero nos movemos el uno en el otro, tan de repente. Nos tomamos por sorpresa porque los dos teníamos curiosidad de darnos el beso, de sentirnos un poco, de hablarnos callados, de escucharnos con todo el silencio del mundo a nuestro alrededor.

1) Como en Cien años de soledad - dije-, te acordás que se anotaban las cosas con cartelitos .

2) Si. Masomenos. Tengo mil cosas en la cabeza, y vos... Debo admitir que te juzgué mal en principio. Que pensé que eras un...

1) ... maldito yupi caido de la estratósfera celestial de la tierra de las apariencias, que de mi emanaba cierta plasticidad de las cosas que no era más que una estructura de fierros que intentaban ser carne. Tenías toda la razón, pues es lo que soy.

2) ¿Puedo decirte algo? Tomás las cosas que digo para otro lado.

III
Jen) Linda noche - me acomodo la mochila en mi espalda.

Allen) Si, es cierto - es claro que no queremos hablar del clima, pero tengo que ir derivando para otro lado-. Muy lindo tu regalo, mañana lo estrenaré. Lo prometo.

Jen) Lo mismo digo. Muy detallista usted. Además de insistente porque te dije que no hacía falta.

Allen) Estamos acostumbrados a regalar en ocasiones específicas, especiales. No necesito motivos para regalarte algo y decirte que espero verte la próxima.

Jennifer intentó mantener la cordura, frente a la clara declaración de que esto no quedaría ahí, en avenida Santa Fé y Bulnes. No quedaría ahí. Allen se había prometido no quedar ahí. Jen sonreía por dentro, no vaya a ser a Allen se diera cuenta.

Jen) Es bueno irnos conociendo...

Por eso es bueno tomarla de la mano, sonreirle de reojo, ver cómo reacciona (hay feedback), comentarle de sus pantalones rotos en la rodilla, olvidarnos un poco de la urbe que nos rodea. También funciona bien esto de decir las cosas un poco como son, sin demasiado rodeo, pero sin tirar baldazos de "me gustás" tan friamente. Por eso es bueno haberla tomado de la mano, para iniciar ...

3) ... ese claro roce, esa respiración tan íntima, tan salida de contexto, que te hace lucir un poco más real que de costumbre. Esa electricidad que nos recorre, que somos el uno en el otro. Nada de nulidades, estás en mi como yo en ti. Te extrañaré, lo sé... pero dejame tus labios un poco más...

IV
Veo los cuadros de Dalí, y me acuerdo de vos. Y entiendo la quimera que era todo esto...

Destellos

viernes, 27 de julio de 2007

Siempre quise contar esto. Pues casi que fui armando el relato in situ.

1) Yo me muevo tu te mueves ellos se mueven

2) ¡Y qué movedizos que estamos eh!

1) Bueno, pero pensá en que ahí está el meollo del asunto. Igual esto no te lo digo porque estás ahí y yo acá en el otro extremo casi, pero fue re a propósito que inventé esto. je.

2) Me gusta cómo haces eso que estás haciendo cuando haces de cuenta que te olvidás. Es bueno que hagas eso, y además, me gusta cómo te ves al hacerlo.

1) Que raro es estar de repente en frente tuyo, y parece que nos miramos y nos estamos viendo en serio. ¿Siempre supiste mirar así, dibujándome la silueta en torno al cuerpo, anulando mi historia y haciéndola surgir nuevamente? Me da impresión estar mirandonos a los ojos tan fijamente. Quizás sea porque no te conozco tanto.

- Y hay que tener cuidado con los otros cuerpos que navegan la sala.

2) Y que me detengo un poco, me corro para un costado y a ver si me seguís con esa mirada penetrante que tenés. ¡Me saltan las esquirlas de tus globos oculares, F.! Ja ja... Pero no me ganas, yo no te quito la vista de encima. Y me corro otro poquito total vos me seguís, tus ojos me corretean. Te noto algo... cambiado, quizás más... No te veía así.

1) Claro que ella no me ve así. Ella debe estar pensando en los números, las cuentas, (esperá que yo también me corro, y guarda con M. que anda así a las corridas y no presta atención), las vacaciones en el interior. Hmmm... N., te miro, y, compartimos tan poco. Y me planteo, ¿será mejor así, que no compartamos? ¿Te dije que me gusta tu sonrisa más que antes? Claro, a ver me voy a acercar un poco, a ver como me siento.

2) F. aproximándose de frente con los ojos que me miran y yo me corro pero lo dejo acercarse a ver que está pensando y guarda con M. chambón! que vos sabes que jamás te mira y la semana pasada te caiste nomás cuando pero seguís acercandote y no puedo evitar esa sonrisa.

1) ¿Sonrisa?

2) ¡Que no se escape! ¡No estoy acostrumbrada a sonreirte así! Bueno, ya estás acá, llegaste, ¿por qué das vueltas? Ojo con quitarme los ojos de encima, sabés que no tenés que quitarme los ojos de encima.

1) Me seguiría acercando. Sinceramente, siento que te acaricio con la vista, que te recorro todo el tiempo y no me angustio más, que me llevó todo este tiempo para esquivar a M. (saboteador, sostengo) para llegar a vos, la famosa N.!, y quedate, debería darte una buena razón para quedarte. Tengo esa sensación de que...

2) ... que a veces me pregunto si serás así como te planteas a vos mismo. ¿Digo, tan así sos? Y me decis que soy mala con vos, hm.... quizás me guste ser mala con vos. ¡En realidad, no quiero ser mala, pero no sé qué hacer!

- M. se aproximó, se cruzó entre F. y N., pero jamás quebró el contacto visual. F. maldijo a M. nuevamente.

2) Hay cierto no sé qué en toda esta situación, desde que me tomaste del hombro hasta que nos empezamos a mirar y nos alejamos para luego acercarnos. ¿Pensaste en lo ridículo que es esto? Digo, mantenemos exactamente esta relación que se dilata y se contrae, se expande y se retrae. ¡Me siguen saltando las esquirlas!

1) Me encanta la forma de tu boca, que claramente encaja con tus ojos, y hace re juego con tu nariz. Ni hablar de tu pelo que se tiende sobre tu frente, o el día ese que estabas tendida en el sofá y te miraba y vos no me mirabas como yo te estaba mirando, sino que le prestabas más atención a...

- Hay que recordar que mientras uno camina para atrás, fijando la mirada en el otro, está la puerta esa con los vidrios y que no la rompamos que se nos enojan...

2) No sé, ya no sé cómo hacer cuando tengo cerca a...

1) ... vos que en realidad sos una incógnita, una nueva visita a lo inesperado, un invento maquiavélico. ¡Y me lleva Merleau! que mi cuerpo me traiciona, que mis brazos aún no te alcanzan pero mis ojos ya se conocen todo tu rostro, que... decime, ¿cuánto es demasiado cerca?

2) Yo te digo que no avances más, que quedate ahí quietito mientras yo doy una vuelta alrededor tuyo... Y pensar que en un mes me vas a estar diciendo vos que yo me dé vuelta, preguntándome cómo me llamo. ¡Sabés perfectamente cómo me llamo!

1) No caí en decir tu nombre, puf... decir que eso aún no ocurrió, pero si que soy estúpido che. Voy a putear (cuando pase, porque todavía no pasó) eso de no haber dicho ¡¡N.!!

2) Tenés una mirada interesante, F.

1) Vos tenés unos hermosos ojos café que me encantaría ver más de cerca, aunque sabés que me moverías el piso, y ni hablar de la otra vez que posabas tu cabeza sobre mi hombro, yo hubiera preferido que la dejaras ahí, pero bueno, nada es para siempre.

2) Nada es para siempre. Y acordate que cuando me preguntes qué me aqueja, voy a ser...¿cómo me dijiste? Tan imprecisa como verídica, eso. Y después me largaste lo de que uno mismo es ese otro que te traiciona. Y después me decís que no compartimos nada... Lo de compartir no es sólo eso que pensás vos, es más. Y que ya te dije que no te animes a...

1) ¿Entonces dónde nos quedamos? Te juro que me doy cuenta ahora que tenés una carita muy dulce, que me encanta cómo me mirás. Esa sonrisa que se te escapa. Ja, ahora me doy cuenta que estoy sonriendo yo también. Cara bonita.

2) F., ¿me alejo un poco, si? Pero no te olvides de seguir mirando.

1) No me olvido. Y te mando un beso N.

2) No entendí el gesto ese. ¿Fue un guiño o...?

1) ¿Fue una de esas tandas en las que me puse a improvisar una de esas cosas que yo mismo voy a desarmar o que simplemente se van a caer porque no até lo suficientemente bien los cabitos? Y a todo esto, me encanta la pollera de hoy, tiene un aire sugestivo, no me malinterpretes.

2) Siento que F. me mira a los ojos pero no sé cómo cuernos hace para verme toda. No me mira sólo a la cara, sino que me ve toda. Me siento quizás demasiado expuesta, como dirás vos en esa otra conversación que todavía no tuvimos pero vamos a tener, donde me dijiste eso del otro que es uno y hablamos de nuestras cosas sin dar detalles, nombres, domicilios, teléfonos, espejos rotos, tatuajes del tiempo y decime quién está acelerando ahora.

2) Bueno, si me corro, caminando para atrás. Seguime por favor, un poco dale, dale. Por favor te lo pido no te quedes parado. Me estoy yendo, pero tomalo como una insinuación de "vení!". Eso, eso, dale. Sos hermoso. (¿Eh? se me escapo, retiro lo pensado.)

1) Sabía que ibas a hacer eso, pero bueno, te sigo, total, entre quedarme y que de repente me quede sólo. No tengo nada que perder, y la verdad es que te busqué desde el inicio. Pero si supieras los contratiempos que tuve, los días que se perdieron por mi falta de esplendor, mis movimientos toscos, mis arrobas en el cielo, esa canción que te canto y no estabas porque vos elegiste no quedarte mientras yo no te pedía que te quedes y entonces...

3) ...te fuiste acercando, estabas de cerca, te miraba a los ojos oscuros y tenía ganas de volar un poco en ellos. Entonces fue que me dejé de inventar excusas y los movimientos se perdían en el olvido pero en el recuerdo, entre esos destellos que lográs con tus ojitos y las luces tenues que realmente te los envidio. Nos corrimos nos corrimos y creo que no nos corremos más, pero ¡que algo está haciendo algo para que algo pasé! Decile a ese algo que ... (¿Qué le vas a decir?) ¿Qué hacemos tan cerca de nuevo? ¿No habíamos acordado alejarnos pero no alejarnos? ¿Desde cuando estamos tan cerca, si somos tan diferentes? ¿Qué hacen tus labios en los míos? Esto no es parte del libreto, che. Quedate que el libreto no me gustaba tanto...