A July le encanta ver cómo le cambia la cara a Allen cuando la ve. Es notoria la sonrisa. Inventa que ellos son el uno para el otro, aunque sabe los problemas que eso le acarrea.
Por otra parte, Felipe no comprende demasiado por qué Allen tira una bomba en la oficina, sólo para perderse las puteadas del jefe. Además, ¿por qué alguien esquiva a la persona que tanto quiere? Allen le contesta que no entiende un pomo, que si a él todo le importa tres carajos, bien por el y brindemos por lo efímero.
Bob recuerda que lo mismo que Allen le critica, es lo que el imita un rato después.
Jen en un principio pensó a Allen como un yupi venido a más. Luego encontró atractiva esa incapacidad oratoria que lo domina, que es su tarjeta de presentación. Ve esos detalles desarreglados de su pantalón, o esa remera que no usaría nadie que se digne creer en la moda, al menos sabiendo que esta es falluta.
Es Orlando quien sostiene que los inventos más sublimes de Allen ocurren cuando este se va de las manos. De hecho, algunas ideas son tan ocurrentes que Orlando ha tenido que atentar contra su ejecución. Dicho esto, agrega que se divierte a montones con él, pues son tan diferentes que siempre se terminan entendiendo.
A Val le disgusta cuando Allen se queja por demás. De a ratos ella le insiste en que tiene que dejar de romperle las pelotas al mundo, de dejar los conflictos. También le recuerda que hay circunstancias para todo, para reir, llorar, pelearse y emborracharse. Valery aplaude los ataques de razón que tiene Allen, y celebra el chocolatín que la espera sorpresivamente en su escritorio.
Guillermina ya casi ni reconoce a Allen. Pero ciertamente lo odia.
Fue Bob muchas veces el compañero de Allen en tanto desmán. También fue el saboteador encargado de que no lo trompearan los rugbiers, y de que no lo molieran a palos aquel sábado en Baradero.
Aproximadamente, la distancia que hay entre el puño de July y el mentón de Allen, marca un punto de quiebre donde ambos personajes se replantean la situación. Pero solo ocurrió aquella vez de crisis violenta que conmemoramos en su aniversario.
La versión de Luna es que no se puede luchar contra el amor propio. Porque entonces el amor se vuelve una estaca que se hunde más y más en el pecho. Tal el caso de Allen. Pero esto no quita que sea un chico tan encantador como equivocado.
Felipe acota: No debería tentar a los problemas tan seguido como lo hace. Parece que hay cierto afán en Allen por romper las reglas. Pero es también quien se vuelve su más acérrimo defensor a la hora de planear ataques. Es tan meticuloso y calculador como disparatado e incoherente.
Guillermina no se da cuenta que Allen es el calco de ese Allen del que estuvo enamorada.
Basta dejar pasar un poco el tedio, entre la multitud desconocida, y pronto, en algún lugar del local, empezará a incurrir en una estupidez, dice Orlando. Bah, eso opinan quienes no saben divertirse.
Jen de vez en cuando le recuerda a Allen que siguen estando, aunque no estén. Ambos no dicen nada, pero seguro que se dirían algunas verdades.
Puntos de vista
lunes, 10 de diciembre de 2007
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