Well, she arrived at my place around nine, and I was trying to get dinner done. I was supposed to help her with some studies about Merleau-Ponty, cause some friends told her that I was good at that stuff. The thing is that she came in, we talked and shortly after she was pushing me to bed.
Literaly, she took me to my own bedroom and threw me into the bed. As I was laying there, she jumped on top of me.
- Well, here we are.
- Certainly. So, was all this Merleau-Ponty stuff just an excuse?
- Yes and no. I mean, I should study. But If I have to choose, I'll have you instead.
She smiled and gave me a kiss. Then started licking my neck, while she was holding my hands so I couldn't move. Crazy girl.
So, as I could, I freed my hands and started touching her back, letting her know that I was going to soon remove her shirt.
By soon I meand that ten minutes later, let say, she was half naked.
And i had to be in control, so I turned things around: she had to lay on the bed because I was going to take my time. It was mandatory that I spent some real time on her neck and her chest. And her arms, and her legs, and her ears.
She was acting kinda crazy, she dfinitely liked it. She complained that I still had my shirt on. It took her thirty seconds to throw it at the side of the bed.
- And please, let me check you buty - she said.
It was weird to hear that request, but well. That meant that I was totally naked and she was smiling.
- Let me bit it.
- Oh, really.
It hurted a little. But she was trying to be nice and gentle. Or something like that.
She then said that she really liked my back, and she had already spoted me two weeks ago, at a concert we all went together.
- And what do you want now? - I asked, while I was pulling of ther pants.
- Well. It would be great if you lick my nipples.
I certeainly agreed. She had quite good breasts, so I took a tour around them. And then went back to her neck, and then her ear, and then...
- Oh, I have to fuck your brains out.
So she turned me over and put herself on top of me again.
- Have you got any protection, boy?
Had to fetch my pants, my wallet, to get some. This girl really liked to be in control. It was as if she just wanted to let herself go, and didn't care that much if I agreed or not with what she was doing. She actually moved quite wildly, and sometimes it hurted. If you know what I mean.
That's was certainly not good for my sex drive.
But we managed to go on for twenty minutes or so. Hit girl just graved my arms and scrarched her nails on my chest. Moved hard, said some things. I don't know if she really meant those words.
The bed was a mess. The whole room was a mess. And I still had to cook dinner, we ate at midnite.
Hit girl
Publicado por T. en 23:54 0 comentarios
Etiquetas: anonimos
La guerilla
I
IV
I was searching through my files, looking for nothing, when I found this pice of lyric:
I really don't know what to do with it, but I should definitely use those two lines.
Publicado por T. en 23:42 0 comentarios
Sobre los personajes
Me tomo este post para hablar de los personajes:
- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.
- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.
- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.
- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.
- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.
- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.
- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.
Never write a love letter when you're drunk (II)
I
Corazón corazón:
No importa cuánto cierre las ventanas, cuánto baje las persianas, siempre terminás haciendo oleajes en mi living. Ese cosquilleo que siento cuando nos vemos. Nunca te lo dije, pero cuando te veo venir se me incineran las ganas de estar solo.
Ah, eso, hay algo que no te dije: me pasan cosas con vos. Dos tipos de cosas: unas son cuando creo que sos perfecta y te adoro, cuando me encanta cualquier cosa que hagas. El segundo tipo de cosa que me pasa con vos es cuando me doy cuenta que no sos perfecta porque me hacés alguna canallada y te odio.
Si fuera por mi, si me dejaras, sólo sentiría el primer tipo de cosas, el que te mencioné primero.
Sólo quisiera que te tomaras el tiempo...
II
Te juro que no sé o no recuerdo o no me importa qué tiene el vaso, pero es genial. ¿Escuchaste lo que están pasando? Ace of Base. A mi se me mezclan las cosas, creo que poner Ace of Base ahora es criminalmente hermoso, humillantemente tierno, heroicamente reventado.
Me siento muy linda hoy. Eso. No me importa la mina del Departamento de Deportes, con sus tetas enormes y sus piernas moldeadas. No me importa porque yo soy mucho más inteligente e interesante.
Al menos, eso quiero que creas.
¿Van a poner todo el disco de Ace of Base? Pregunto, porque es la primera fiesta en diez años que debe pasar esa música. Igual me encanta.
Lo vi a Héctor, le dije hola y le di un beso en el hombro. Me serví un daikiri de frutillas. Lo mismo que toma la perra del Departamento de Deportes. Decir que sé que no te le vas a acercar, entonces estoy tranquila y bailo con tu amigo Héctor.
Soy muy mala bailando. Y vos sos... Somos dos tronquitos, aunque de repente te inspirás. No sé cómo terminamos uno al lado del otro y me tomaste de las manos y te seguí los pasos. ¿Cuántas cervezas tomaste? No te creo que solo dos. Tampoco te creo cuando me esquivás con la mirada, cuando pretendés que no te importo.
Me voy dos segundos o una hora. La pasé bien, pero voy a ver si Héctor me da bola. Solo para saber, viste. Y para dejarte bien en claro que yo no te pertenezco.
Me sirvo otro daikiri, pero de durazno. Porque la estúpida de Deportes le está agitando las tetas a los de recepción, que acaban de llegar más puestos que el Pity Álvarez. Yo no ando mostrándome así, prefiero ser más sugestiva. Así logro que me mires desde la otra punta de la habitación.
¿Se piensan que es fácil ser mujer y venir a una fiesta? Para nada, me tomo mi cuidado, me preparo. Pienso mucho cómo va a ser, con quién quiero hablar, con quién quiero estar. Además de la expectativa, pues una nunca sabe a qué persona puede conocer.
Estamos escuchando a los wachiturros de repente. No me importa tanto. Si me preguntaran qué quiero escuchar, no sabría qué decir. Es como si a esta altura no pudiera soportar el compromiso de tomar una decisión. Vos, devolveme la mirada. Vos, sí: necesito que las cosas simplemente me pasen, ¿ok?
Voy nuevamente a tu lado, te tomo por la cintura, te sonrío y apoyo mi cabeza en tu hombro. Te dige que me caes bien, que quiero que nos llevemos súper pero para eso necesito que me trates mejor. Eso. ¿Por qué a la de Deportes le respondés sus mensajes y a mi no? Si es una reventada, si no te gusta. Yo sé que no te gusta, es burda. Yo no soy burda.
Intelligence is sexy. ¿Soy sexy para vos? Perdón, perdón, es que tomé mucho daikiri. Lo que te quiero preguntar es si podemos no darnos un beso hoy, pero si seguir hablando porque me gustaría conocerte. No, no me tires la boca, no. Sólo quiero que hablemos.
Y te juro por mi vida que aunque te hacés el anti me caes bien, hasta me gustás. Se me lengua la traba.
Sos un tipo reservado. En verdad, hablás de algunas cosas de vos, pero de otras no. ¿Es verdad que salías con la hermana de Héctor? ¿Y cómo lo tomó él cuando se enteró? Ella es linda. ¿Pensás que es más linda que yo?
Bueno, como están pasando un tema de The Killers que me gusta me voy a bailar con otro y te dejo abandonado. Así, aunque pongas cara de perrito mojado te dejo. No te odio, sólo necesito que sepas que soy independiente de vos, que puedo ser feliz sin vos.
Y eso es lo último que sabrás de mi. Luego voy a estar ocupada, colapsando.
III
... para verme, o para que estemos juntos. Porque ahora, así como estamos, tengo le sensación de que un día de estos, por el motivo que sea - conociste a otro, te fuiste, lo que sea - no nos vamos a ver más. Eso a veces me angustia.
Sí, es ridículo, lo sé, no somos nada serio. ¿Cómo voy a ponerme así? Perdoná, no es una escena esto. Yo te escribo así porque a veces no me sale decir las cosas. Sos una persona muy linda. Re inteligente. Re tierna. Pero lo que quiero decirte es...
IV
Si hay algo que no entendí fue esa vez que te me acercaste y me dijiste que te encantaría ser mi amiga pero que había algo de mi que te llamaba la atención. Me dijiste "la verdad, no sé qué hacer con vos". ¿Qué hacer conmigo? Bueno, te doy una idea: ¿salimos?
Que no.
¿Entonces? Decidís que durante dos semanas no me vas a dirigir la palabra. Genia, brillante lo tuyo, muchacha.
Un día venís, te sentás, me escuchás tocar la guitarra. Me decís que suena lindo, te sentás al lado mío. Mirás, sonreís, tenés todo controlado. Me pedís que toque otra, me pedís que toque esa canción que te gustó.
Yo, si tuviera algo de voluntad, te mando a freir churros.
Y entonces me tomás de la mano, nos recostamos un poco, me mirás desde abajo. Me querés, o algo te pasa. No me preguntás cuáles libros me gustan, no me preguntás qué música suelo escuchar, no me preguntás que películas veo. Ya lo sabés todo, hablamos con un nivel de simbiosis llamativo.
Después me di cuenta que no es la simbiosis. ¿Sabés cuál es el problema de ser un tipo extremadamente racional? Que las casualidades no existen y que las ilusiones te duran poco. Me las sé todas, me la doy de mente brillante.
Hasta que llegás vos y volvés en mi contra todos mis trucos.
Cuando te digo trucos pensás que te engaño. Corazón, no tengo como engañarte si no estoy con vos, ¿entendés? Tampoco me interesa engañarte. Tu miedo es más un justificativo que una realidad.
Ah, pero no te preocupes, quedate con mis ganas, quedate con mis ilusiones, quedate con mis instantáneas de vos. Total, no creo que vaya a necesitar todo eso.
V
... que no puedo estar así con vos. Estamos fuera de sintonía, porque siempre que te busco no estás, o estás en cualquier lado haciendo cualquier otra cosa que te resulte más interesante.
Trato de no hacer un escándalo de nada. Me pediste que fuera una persona serena, que te dejara tu espacio, que sos libre. ¿Pero pensaste dos segundos en lo que te dije?
Hola, la paso bien con vos, me gusta cuando hablamos, me divierto.
Ni bola, me contestás cualquier cosa. Sos insensible. Tu soberbia te sienta mal. Sabés qué, andate a la mierda.
Te mando un beso.
Publicado por T. en 22:55 0 comentarios
Los implícitos
Hay cosas que se saben pero no se dicen. Porque decirlas es ponerlas de manifiesto, lo que entonces conlleva enfrentarlas. Lo explícito es lo ineludible. Las palabras, muchas veces, sirven para enmascarar lo que nuestros gestos corporales indican.
Entonces, un miércoles cualquiera de junio volvió una amiga, a quién no presentaré hasta luego porque no quiero poner nombres acá, porque con nombres la gente se imagina cosas, vieron.
Ella se mudó cerca de casa, por Anton Martín. Un departamento bonito, con balcón francés. Solíamos comer pizza los días de mucho calor, mientras tomábamos cerveza y hablábamos de todo, de Rajoy, de la crisis, de Pink Floyd, de su carrera, de la mía.
Incluso en ocasiones hablábamos de nuestros roces de pareja, de cómo ella sólo se cruzaba con tipos rayados y yo me cruzaba con treintañeras indecisas.
1) Lo que pasa, corazón, es que vos sos especialista en poner insegura a la otra persona. Tu seguridad es algo remarcable en vos, pero de repente te agarran esos rayes de pánico que al otro le provocan dudas.
2) Creo, son fisuras que tenemos todos. La contradicción somos nosotros, hasta el tipo más seguro del mundo tiene algún momento en que se siente reducido a un niñito indefenso.
1) Lo tuyo son esos dos extremos, que curiosamente, terminan conformando un gris.
2) A mi me gusta pensar en colores, que tengo muchas gamas de colorado, verde, azul, violeta, incluso amarillo. Los grises son matices aburridos, no sé por qué la gente habla de grises cuando la vida tiene colores.
1) Colores. ¿Te conté de cuando salí con el daltónico? Ese no era el problema del tipo. Resultó que era voyeur.
2) ¿Cómo voyeur?
1) Sí, o sea, no me quería ni tocar. Sólo le gustaba ver que me tocara yo. Lo saqué cagando, para hacer eso una no necesita a nadie, y menos que sólo mire.
Me reí.
2) Y, digamos que es un poco limitado el asunto. ¿Pero no quería al menos meter mano él?
1) No. Si era por él, se sentaba al lado mientras yo hacía mis cosas.
No sé por qué, me acordé de una chica con la que yo salia, a la que no le gustaba que se tocaran nuestros pies y por eso cuando estábamos juntos siempre tenía medias. Siempre, en todo momento. Pero esa es otra historia.
2) ¿Te acordás cuando terminamos en esa fiesta llevándole el sonido al que organizaba, pseudo borrachos, cruzando hasta Atocha?
Lo recuerdo. Era la época dónde salíamos seguido, ibamos a bailes que se organizaban en diversos clubes y barcitos semi clandestinos. La gente era amena y no eran caros, podías beberte una caña por un euro tranquilamente.
En esos lugares conocías a personas que al menos esa noche, eran las más interesantes del mundo. Según el estado de la conversación, podías terminar hablando de Dalí o encamado en una habitación de una casa que no era la tuya.
Hace poco volvimos a uno de esas fiestas, en un lugar cerca de la rambla.
1) Esta noche es raro, acá no bailan mucho.
Había dos o tres que pasaban diapositivas, mucha gente en la barra y otra mucha charlando, en grupos. Pasaban música de los ochenta, sonaba The Cure. Compramos dos cervezas en la barra.
1) Quizás en este tiempo cambiaron los códigos y ahora esto es así. O quizás a las doce de la noche aún nada de esto arrancó.
2) Antes veníamos a las diez y media y ya estaba todo explotando. Los jóvenes no saben divertirse hoy en día.
Me reí. Fuimos a comprar otra cerveza y bailamos un poco. Hacía bastante calor esa noche. Tomábamos como si fuera agua.
2) Tengo un paso que aprendí el otro día, mirá.
1) Sí, dale, pero ¿seguro que es pasando las manos por detrás? Ah, sí. ya sé cuál es. Ojo con la cerveza no la vuelques. Ay!
2) No te preocupes, además hay que comprar otra, eso ya está caliente. Mirá, lo dejamos acá. Ahora, fijate cómo este tema da para que atravesemos todo el lugar así, mirándo fijo, y tomados de la mano.
1) Me hacés reir con tus caras.
2) Entonces habrimos las manos, ¿viste la chica esa, que está en una toga? Es la justicia. Le quiero decir que no estoy de acuerdo con ella.
1) Jajajaja, está loca la mina, hace calor y está vestida así. Seguro va a terminar toda ebria. Bailemos hasta la barra de vuelta por favor, se me secó la garganta.
2) Estoy en ese momento de la noche donde no distingo entre el bien y el mal, pero cuando lo logre, elegiré el mal.
1) Eso lo decía un personaje de un blog que leía, un tal Felipe Esthershack.
2) Sí, el mismo.
1) Odio cuando, entrada la noche, ya te dan de beber en vasos de plástico. ¿Ves? Algunas cosas nunca cambian. Ahora la gente empieza a moverse.
2) Los inspiramos, nos vieron cruzar todo el lugar haciendo el baile ese del egipcio.
1) El baile egipcio, mientras agitamos las caderas, mientras tomamos otro poco de cerveza y yo desearía estar en un lugar más fresco como Suecia. Y todos esta noche queremos la revolución.
2) Todos. El problema es que como hacemos siempre lo mismo estamos condenados a repetir lo que nos pasa.
1) Esto se baila así, con las manos en la cintura, vos agarrame y vamos a hacer de cuenta que sabemos mobernos, y...
3) ... cuando te acerques entonces nos miramos de cerca, sin comprender demasiado, pero nos sale un beso de alcohol y calor. Ninguno de los dos se detiene, es un accidente, pero ningún accidente está completo si no nos exponemos un poco, ya sea lastimándonos, muriéndonos o quedando atontados en un beso en medio de todos. Decir cualquier cosa ahora está mal, porque incluso cuando nos retiramos un poco, nos miramos y sin decir nada nos volvemos a besar. La cerveza se cayó, vamos a tener que comprar otra, pero no nos importa.
2) Bueno, no sabía que podíamos hacer eso.
1) No sabía. Somos amigos, ¿de dónde salió esto? ¿Quién sos ahora? Somos los mismos, somos exactamente los mismos. Las cosas cambian, pero no tanto, ¿verdad?
2) La interacción de las mismas personas, en contextos diferentes, da un resultado diferente. Eso es lo que Jimmy Bentham intenta explicar con su estúpida teoría de las ecuaciones emotivas.
1) ¿Me querías besar desde hace mucho? ¿Improvisamos? No sé qué pensar cuando hacés estas cosas.
2) Ahora soy yo el que hace las cosas. Claro, porque yo hago lo que yo quiero, sobre todo con vos que sos tan dócil.
1) Te cuesta. No podés decir todo sin que el otro lo diga primero, querés tener la última palabra. Cuando te ponés así te odio.
2) Hace dos minutos me estabas besando y ahora resulta que me odias. Somos amigos y ahora resulta que yo hago las cosas... pensá lo que decís. Además, nunca pensaste en qué pasaría con nosotros si....
1) No me lo digas, no me lo digas por favor.
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Etiquetas: anonimos
La B
Todo comenzó un sábado a la noche, con un llamado de Juan Pablo:
- Te odio. Tenés razón - dijo, mientras jugaba con los hielos de su Sex on the beach.
Juan Pablo iba para cualquier lado: abrazaba a Denise pero le charlaba a María. Y yo, que estaba peleando el descenso, a veces me perdía en todo eso. Enfilamos para el boliche entonces. Entramos rápido, y lo primero que hicimos fue ir al baño. Allí:
- Pero boludo, estás callado ahora - me decía Juan Pablo-. Venías bien, vos dale para adelante.
- Dale. Voy a ver si le invito un álbum de figuritas o a comer una cajita feliz al McDonald's - contesté-. Y boludo fijate para donde apuntás que vas a mear todo.
- No seas estúpido. Están buenas, ¿si la piba te decía que tenía veinticinto le dás? Además nadie te dice que te pongas de novio, sino que si te parece linda y ves que tiene onda, lo disfrutes.
- Vengo escuchando mucho eso últimamente.
- ¿Qué? - dijo Juan Pablo, mientras se cerraba la bragueta.
- Eso. Que me tengo que relajar y disfrutar de las cosas.
Cuando volvimos las chicas estaban en la barra. En ese momento le pregunté a María que quería.
- Pedí dos destornilladores.
- A perfecto, creo que voy a pedir lo mismo.
- Uno es para vos. Dijiste que te gustaban.
La miré extrañado. Pero claro, toda la situación era extraña. Yo con una quinceañera que encima me paga las bebidas. Pensé que estaba en un universo paralelo.
- Pero dejame invitarte a mi.
- Pero no, que ustedes pagaron lo del bar. Así que tocás la guitarra, ¿tenés banda?
Así fue como la cosa con María se puso más foward. Mientras Juan Pablo intentaba acercarse a Denise, que de vez en cuando le corría la cara y se reía, pero no se iba, yo no sabía si esta otra chica me iba a tirar los labios para que la besara o para que le diera el chupete.
Acá, Jonathan Bayton peleando el descenso. Si Emma me hubiera visto me mataba. Si Michelle me hubiera visto, hubiera perdido la poca credibilidad que me queda con ella. No era algo que tuviera importancia, pero... A LA B.
Pelear el descenso era eso: tener a una chica casi diez años menor que yo en frente, charlando sugestivamente, cada vez más cerca. Y yo que no quería, pero un poco quería, pero otro poco no me interesaba.
Porque en verdad yo no quería eso. Eso era lo que tenía, María era la persona que me prestaba atención. No Emma, no Michelle. No Jackie, no Solange.
La B no era porque la chica fuera fea, ni porque fuera menor, ni porque fuera tonta, ni porque me cayera mal. El feo era yo, el pendejo era yo, el tonto era yo y el que me caía pésimo en ese momento era yo. Irme a la B no era cuestión de darle un beso a María o no.
Ya estaba en la B.
María me hablaba cada vez más cerca. Yo, en algún momento, la había tomado por la cintura. Decidí que era el mejor momento de hablarle de Michelle, de contarle todo lo que pensaba. Decidí hablarle de Emma también. Decidí que si me iba a ir a la B, que fuera público.
Pasaron dos cosas: le bajé el tono al encuentro con María, pero de una forma amable. Y además obtuve opiniones al respecto. Me dijo que Michelle me quería, que la confundía yo, y que en una de esas en alguna circunstancia podríamos haber llegado a estar juntos.
Me dijo que deje de jugar con Emma.
Mientras, Juan Pablo lograba robarle algún beso a Denise yo hacía mi terapia con María. Me era necesario escuchar una opinión femenina, alguien que me dijera que yo no hacía todo mal, que sencillamente ocurría esto y aquello.
Publicado por T. en 23:17 0 comentarios
Cosas que se dicen por ahí
A list of phrases I came up with, at different times, while I was drunk:
"La razón nos da los elementos para la creación, pero a condición de que los usemos contra ella misma".
"La ficción no es más que realidad. Sólo que está muy maquillada".
"It´s unbelievable how, even though I am sad I can still make people laugh. And it´s also unbelievable how every once in a while they try to cheer me up but they just fail".
"El miedo a perder a alguien es quizás la forma más común de perder a alguien".
"El problema no es que yo sea pesimista. El problema es que usualmente tengo razón".
"Drinking makes facebooking easier".
"There´s a slight difference between love and what you can get from me".
"La verdad no existe. Lo que existe es lo verosímil".
"Never write a love letter when you are drunk".
II
Y ahora una lista de mis citas favoritas:
"El tiempo es creación o no es nada" (Cornelius Castoriadis)
"La imaginación es inteligencia con una erección" (Victor Hugo)
"¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?" (Popular knowledge)
"Las estadísticas son como los bikinis: muestran mucho pero ocultan lo más importante" (no sé a quién atribuirla, pero es de Economía)
"Por estar en el mundo estamos condenados al sentido; y no podemos hacer nada, no podemos decir nada que no tome un nombre en la historia" (Maurice Merleau-Ponty)
"No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo" (Michelle Foucault)
"¿Cuál es el delito de robar un banco comparado con el crimen de fundar uno?" (Bertolt Brecht)
Publicado por T. en 13:52 0 comentarios
Etiquetas: estupidos
la hacker
I
Creo que algo llamativo me ocurrió durante el último año: diversas personas, en diversas situaciones inconexas, me preguntaron si daba clases. Yo no sé por qué lo relaciono a que efectivamente supe dar clases, como si eso saliera a la luz en mi cara o en mis gestos.
La verdad es que, pensándolo bien, no hay ningún indicio de que yo me haya dedicado a dar clases. Además cuando me lo preguntaron fue sobre diversas disciplinas.
Lo que quiero decir es que a lo largo de este año me preguntaron si me dedico a enseñar, y no entiendo por qué.
II
Jonathan Bayton entró y se encontró a Emma en camisón, tomando brandi. Estaba algo borracha, le sonrió. Él le dio un beso en la frente y fue a la habitación a cambiarse. Ella de vez en cuando decía cosas, como si estuviera frente a ella.
Mientras Jonathan se ponía una remera y unos pantalones, escuchaba:
- Hoy compuse tres sinfonías, viste, en hojas pentagramadas. Terminaba una y la rompía. Eso, te escribí tres sinfonías para vos y las rompí.
Entonces Emma rió. Jonathan no entendía demasiado. ¿Por qué ella habría comprado hojas pentagramadas, había escrito música dedicada a él y sin que llegara siguiera a verlas, las haría trizas?
Jon salió de la habitación.
- ¿Que hiciste qué?
- Que rompí tu música.
- Y ¿cómo era?
- Había una melodía muy dulce, luego otra muy triste y la tercera era bastante... cargada - contestó Emma.
A ella le gustaba tener la atención de él. Se sentía atendida. Un par de hojas pentagramadas, eso hacía falta.
- ¿Por qué hiciste eso? Ni llegué a escucharlas.
Una pequeña venganza: darle algo al otro pero sacárselo antes de que siquiera pueda probarlo. E informarle de los daños acontecidos.
- Y no sé Jonny - contestó ella -. Me hubiera encantado que las escucharas pero...
A medida que hablaba Emma tomaba y comenzaba a quebrarse. No quería llorar de repente, quería hacerlo gradualmente, como si su llanto tuviera que tener cierta cadencia dramática.
Entonces preguntó:
- ¿Quién es Michelle?
III
Días después lo pensé y me di cuenta: no fue tanto la idea de que Jonathan estuviera con Michelle lo que me dolió, sino más que confiaba en ella y no en mi. A ella le decía lo que le pasaba, le hablaba en formas que a mi jamás me habló.
Conmigo Jonathan era un témpano de hielo, en comparación con lo que le escribía a Michelle.
Todo ocurrió cuando en la computadora de Jonny pude acceder accidentalmente a su cuenta de correo electrónico. Encontré varias conversaciones entre ellos, él le escribía como a nadie más. Le escribía canciones, le mandaba versos, le hablaba. Ella le respondía, a veces le decía que le gustaba lo que él le mandaba, otras que no tanto.
Ella le mandaba fotos: de insectos sacados con una lente gran angular, de trenes, de gente en la calle, de paredes con escaleras. Y Jonny siempre le decía que eran hermosas.
Michelle le preguntaba cómo estaba. Se lo preguntaba más de una vez, porque como ella misma escribió, quería chequear varias veces para asegurarse de que Jonathan le dijera las cosas. Ahí me di cuenta de que Jonathan estaba enamorado de ella, y que ella jugaba con él.
"Quiero saber cómo estás, pero decime hasta donde tenga que saber, no más de eso", le decía. Como si ella tuviera que mantenerlo a raya. Y él, como puede ser, le contestaba que estaba bien, que no pasaba nada. En una ocasión le escribió que le gustaría concerla más.
Ella no contestó eso.
Soy mujer y me di cuenta perfectamente de lo que estaba haciendo Michelle con Jonathan. Me enojé mucho con ella, muchísimo. Y él me dio lástima.
Luego me olvidé de esa reventada, y pasé a estar enojado con Jonathan. Pero como les dije, no porque estuviera hablando con otra, sino porque confiaba más. Se notaba una soltura en cómo Jonathan le escribía, una sinceridad, un placer. Eso, Jonathan era casi completamente honesto con ella y lo disfrutaba.
Y a mi me quedaban las tardes de sexo y las charlas efímeras sobre Rimbaud y Picasso.
IV
Me contó cosas que ni yo recordaba, conversaciones que tuve con Michelle y que ya ni registraba. Lo que me dio bronca, además de la usurpación, fue que me borró todo. Perdí fotos de Michelle y cosas que yo le había escrito. Perdí conversaciones que duraron semanas.
Emma es toda una mujer, pero ese día no sé que pasó. Quebró. Nunca había tenido un planteo, nunca había tenido un reclamo.
Por accidente o destino, o por acto fallido mío, logró meterse en mi vida, llegar a Michelle, verla, palparla, conocerla como yo la conocía. Cuando te miran a vos, cuando te urgan en los sentimientos, te sentís invadido. Pero cuando urgan en los sentimientos que otra persona te contó sólo a vos, te sentís saqueado.
Digo, porque que la otra persona te haya mostrado eso es algo que lo lograste vos, es algo que tenés vos y antes no tenías, que lo conservás para vos. Y nadie te lo puede sacar. Pero cuando alguien toma lo que otro te dio a vos, es peor.
Me enojé con Emma, le dije de todo. Ella se reía, me decía idiota. No me puteaba, pero me decía que Michelle no me quería, y que ella tampoco. Cuando logré mandarla a su casa en taxi me quedé sentado en el living, mirando la botella de brandi por la mitad. En ese momento, al decir verdad, la veía medio vacía.
Publicado por T. en 0:34 1 comentarios
Restart your heart
I
Restart you heart here:
II
Estoy tratando de estructurar un cuento en el que Jimmy Bentham, Jonatham Bayton y Michelle Foucault terminan involucrados. Incluye algunos episodios aquí ya descritos, pero la verdad que cuesta poner todo esto en una secuencia más clara.
La secuencia en la que trabajo aún así, reconfigura la relación entre los tres. En ella Jim es un soberbio infumable, Bayton un tipo mucho más inseguro y Michelle no es lesbiana.
Pero al ir escribiéndolos nuevamente me di cuenta que casi los quiero, como si existieran.
El hecho de que esté tratando de escribir un cuento es mi excusa de no estar actualizando este blog que uds. están leyendo ahora.
III
La novia bailaba el vals con una sonrisa de oreja a oreja y los abuelos del novio no podían parar de aplaudir. Yo bailé con la novia al principio casi, luego del tío o quien fuera, para luego dedicarme a setear un micrófono del Rickenbacker que había sido modificado por un imbécil.
Terminaba el Vals, algunas canciones y tocábamos.. Y yo me encontraba con un destornillador ajustando el Toaster.
- ¿Y? - me decía Fernando, el hermano del novio -. Pudiste hacerlo andar.
- Andar anda. El tema es que no quiero que sature, y para eso tengo que alejarlo, no como lo ubicó este imbécil.
Es difícil tratar de ajustar un tornillo con un destornillador que no es, hay que tener cuidado de no dañar nada. Mi cara debía ser la de un cirujano en una intervención coronaria.
- ¿Ahora te ponés a arreglar el bajo? - me dijo ella.
La miré dos segundos, ah sos vos. Sí, mirá, sacame fotos de todo esto que estoy sufriendo mientras estos se cagan de risa.
La fotógrafa se reía. Habíamos comenzado a hablar por la tarde, durante la prueba de sonido. Era bastante contrera, decía con facilidad cosas como "te estás equivocando en la afinación", ese tipo de asuntos que para mi son sensibles.
Y en ese momento me sacó una foto y me dijo:
- No sos gran bailarín de Vals, pero con esto para mi ya sos un luthier.
- Ja. No, los luthieres son gente seria y grande.
- Parecés un tipo serio...
- Las apariencias engañan.
- Y bueno, si, estás un poco viejito.
- Ah bueno. Eso no era para que lo reafirmes, sino para que por cordialidad al menos me dijeras algo como "pero no parecés tan mayor", o no sé, esas cosas que saben decir ustedes las mujeres que son sensibles.
- ¿Yo? ¿Sensible? Soy Loiuse, olvidate. Pienso más como hombre que como mujer.
Yo venía de una semana maratónica de discusiones con Emma: si iba a dormir, si nos veíamos, si los champignones tenían malas energías, si mi cara a la mañana no era del todo alegre, si ella quería que salieramos con las amigas; en fin, como era de esperarse se había puesto un poco demandante.
Y Louse era tan jovencita... lo genial de ella era que no coincidiamos en nada, pero tampoco hacía falta. Nos quedamos hablando casi toda la noche, ni bailamos. Registré que cuando tocamos la tuve en frente a mi, que casi todo el tiempo toqué con los ojos cerrados - no sé por qué, creo que fue el hecho de tener que cantar -.
- Mirá, acá saliste lindo - me dijo -.
- Ah, mirá vos, por fin un cumplido, muchas gracias.
- De nada.
Me fue mucho más fácil abrazarla luego de eso. Restart your heart, here.
IV
Llegué a Tarragona en busca del Coliseo al lado del mar. En la época de la Antigua Roma, Cataluña había sido territorio del imperio y en esta ciudad que les cuento existía un circo, justo al lado del Mediterraneo.
Sencillamente es brillante la idea de poner un Coliseo al lado del mar. Cruzando la calle, a unos doscientos metros, se encontraban el resto de las instalaciones de este circo: una serie de ruinas y cabernas, con torres desde las que se puede ver el resto de la ciudad.
No sé por qué, pero decidí informar a Rousseau sobre mi locación, no tanto para que viniera a verme sino para que viniera a ver lo que quedaba de todo esto. Sobre todo para ella, amante de las mitologías, esto debía resultar hermoso.
Sorpresivamente me contestó a los días - ya había abandonado Tarragona y me encontraba en Barcelona, camino a Girona, para volver unos días a Marseille-, me dijo que ya conocía el lugar, que había estado últimos días de febrero.
O sea que no me había cruzado con Jackie de casualidad, pues mi visita ocurrió el dos de marzo.
"Viste la muñeca del año 1200? No puedo creer que fuera articulada, los nenes jugaban con eso".
También era sorprendente que ella supiera que yo me iba a interesar por esa muñeca, una figura de una mujer en miniatura, hecha de marfil, que podía ser movida y puesta en diversas posiciones. De la misma manera que yo sé que fue a la biblioteca de Tarraco (Tarragona en catalán) y ella sabe que fui a la disquería esa que estaba a otros doscientos metros del circo.
Porque las cosas inconexas, aunque no lo crean, aunque no parezca, se relacionan. Y como de alguna forma, por un evento accidental, algo que no tenía demasiado sentido, como puede ser una visita a un Coliseo al lado del mar resulta en el reinicio del diálogo con esa persona que aún querés.
Restart your heart here.
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May happen any day
Allen Jana corre. Corre como jamás lo hizo en su vida, sus músculos tienen la fuerza que nunca tuvieron. Él esquiva la gente que va por la vereda, alza la vista buscándola, intenta dar con ella. Sigue corriendo.
La gente por la avenida lo observa molesto. Alguno lo insulta cuando casi se lo lleva puesto. Pasaron minutos de las siete de la tarde y él corre como si no hubiera mañana.
Minutos antes, en una conversación telefónica ella le decía que se iba, que se volvía para lo de sus padres. Se iba de Buenos Aires. No se lo había dicho, según ella, para no hacer las cosas más difíciles. Entonces él intentó encontrarla a la salida del trabajo de ella. Pero no llegó, ella recién se había ido.
Así que corre.
Toda la semana la situación entre ellos dos había sido tensa, casi no se hablaron. Él estaba ofendido con ella porque le había hecho un escándalo sobre una ex - o algo así - de él. Casi un clásico "we were on a break". Ella estaba bastante deprimida, y había intentado aclarar la situación pero Allen se lo hacía difícil. Inaccesible, sordo, testarudo.
Toda la semana así, por una estupidez.
La estupidez había ocurrido hacía dos meses, en un momento donde se habían peleado los dos fieramente, cuando él le dijo que pensaba irse de vacaciones por su cuenta con Orlando. Ella no lo tomó tan bien, y la discusión derivó en -también- otra semana de no hablarse. Puntualmente ella le dijo "no me hablés nunca más".
Como quien lo toma literal, Allen salió con una chica llamada Jennifer y aunque el mundo crea que pasaron ciertas cosas, aunque la historia oficial diga que los hechos fueron intensos, no pasó nada. Pero muchas veces la verdad es más indefendible que la ficción.
Eso fue lo que originó esa, la última pelea de la que les hablo. Cuando ella se enteró del asunto, debido a un desliz de Felipe, chau. Crisis, welcome again.
Y corre. Corre y los músculos de sus piernas mañana van a arderle. Hoy ya no sienten nada. Y cree verla, su cabellera castaña, entre una multitud. Corre más entonces.
Cuando cruza la calle a velocidad de gacela paf, un auto lo atropella. Vuela unos tres metros, el auto frena repentinamente, Allen queda tendido sobre el asfalto de Avenida Santa Fe. Queda boca arriba, con los labios ensangrentados y el pantalón roto a la altura de la rodilla. Su remera está desgarrada y con sangre.
Allen escucha gritos, varias personas se acercan, él las ve sobre el fondo de un cielo celeste. Se siente raro porque no le duele nada, no se da cuenta. Una mujer pide que alguien llame a una ambulancia. Otro hombre se agacha junto a él, le habla, pero Allen no reacciona.
Entre el tumulto que se va formando al rededor de él, aparece una cara barbuda. Un tipo sereno, lo mira seriamente. Se pone también a su lado, se agacha y le levanta la cabeza, lo mira.
Allen lo observa, le pregunta qué pasa. Escupe sangre.
Él hombre mantiene su mirada clavada en los ojos de Allen. Parece casi enojado con el curso de los hechos, con ese auto parado a tres metros que tuvo que frenar repentinamente porque alguien se interpuso en su camino.
- Allen, soy Jimmy - le dice -. Allen, ¿me escuchás?
Allen le dice que sí. Intenta mover la cabeza con dificultad. Debe tener huesos rotos, debe tener hemorragias, probablemente vaya a perder el conocimiento en unos minutos, o segundos, u horas, o días.
- Allen. El terror de perder a alguien es quizás una de las formas más comunes de perder a alguien - dice el Jim, y momentos después deja que Allen repose su cabeza nuevamente en el asfalto. Se levanta, y se retira.
Allen intenta seguirlo con la vista. Lo llama, perdiendo sangre por la boca que le cae a uno de los tipos que tiene al lado.
- Jimmy, ¿qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ella?
Publicado por T. en 0:27 0 comentarios
La lucidez
I
Oh, yeah, clever boy, you coming back home wasted, as I have to watch what's left of you bump into the living room. You are clearly drunk, you can barely talk, but you insist "everything's fine, sunshine".
I wonder where were you. I wonder how you managed to get back home. I know that you drank tequila, obviously large amounts of beer. I am sure that at some point of the night, the dj played Wonderwall and you started jumping around like a moron...
You know it hurts a little bit to call you a moron... don't you?
You walk, trying to reach the room. You can't walk straight. I look at you and I am angry. I wish I wasn't, but I am. And it's funny, I'm not mad about you being drumk. I am mad because you are drunk and, this specific time, you were supposed to come to my place.
You did. You are a man of your word.
But I didn't expect this. I expected my boyfriend to come home in good shape.
You walk towards the room, you say something like "lesht gotobed, honay". And I don't know. You are drunk, I can't kick you out. You are going to be asleep in thirty seconds. And I hope my mood swings, and I can go to sleep too. But tomorrow we are having a nice conversation, be sure of that.
Sometimes you behave like a brat, Jimmy.
II
Puede ser que lleves una vida saludable, que comas verduras, que no te guste comer demasiado embutidos ni congelados. Puede ser también que no comas tanta carne roja, que seas más de comer pescado y pollo. Tus niveles de colesterol pueden ser más que óptimos, tu metabolismo puede ser un relojito.
Puede ocurrir que desayunar frutas todos los días sea uno de tus placeres, que odies las frituras y que te encante fibras y cereales y esas cosas.
Puede ser que incluso tengas una especie de hábito por lo light y el L. Casei Defensis, que tengas una dieta rica en hierro y vitaminas, no eches de menos los azúcares.
Puede ser que hagas ejercicio casi a diario, que lleves un ritmo de vida descansado y sin stress. En una de esas sos de esas personas que lleva bien la rutina, que ha logrado acomodar los cánones de su vida al cronograma del hombre, un ser de hábito.
Y por más que hagas todo eso, sea por genética o por algún accidente histórico del que no te percataste, un día podés tener cáncer.
III
Pasaron cinco años:
Allen Jana había llegado como un meteorito a la casa de Esthershack, en plan de permanecer la noche en una fiesta en el SUM de su edificio. Cuando se encontraron en el jardín, ambos estaban en una entonación media. Esthershack charlaba con Charlie, uno de sus amigos de vaya a saber dónde.
- Hola, Hola.
Esthershack y Jana observaron la situación, un salón repleto y ellos esperando a Orlando, Bob y Oliver. Adicionalmente, había que convencer a la host de la fiesta de que permitiera el ingreso de todos gratis, ya que a último momento se le había antojado cobrar entrada.
- Bueno, ok, pero traigan bebidas - dijo la anfitriona, que en seguida miró por encima del hombro de Felipe para dar con una recién llegada amiga suya. Y justo cuando iban a ocurrir las presentaciones:
- Hola, ¿Allen? - dijo July.
El intercambio de miradas fue letal, era evidente el pedazo de historia que había resurgido en ese preciso instante. Se miraron con clara sorpresa, y el tiempo se detuvo durante unos segundos. Felipe miraba desde afuera, mientras se acercaba su amigo Charlie, quien también había percibido el congelamiento temporal.
- ¿Se conocen? - dijo Charlie, tomando a July por la cintura.
Las miradas continuaban siendo evidentes. Esos dos no sólo se conocían, sino que...
- Estás igual - continuó July -. Aunque con barba, pero igual.
Llegaron Orlando, Bob y Oliver, que contemplaron la escena y se dieron cuenta que efectivamente el tiempo había sido congelado.
July estaba casi igual, aunque bastante entrada en peso. Mientras Charloe explicaba que la había conocido justo cuando ella terminaba la carrera, Allen sonreía y trataba de no mirar demasiado fijo a su ex. Acto seguido, una ametralladora de preguntas de parte de Julieta, desde "¿En qué andás?" hasta "Supe que anduviste viajando" o "Veo que te seguís viendo con el salame de Orlando".
La troupe no duró mucho en la fiesta. Este hecho no tuvo nada que ver con el reencuentro July-Allen, sino conque tempranamente Felipe vomitó sobre el castillo inflable que la anfitriona había alquilado y entonces las cosas se pusieron tensas. Entonces fueron a Serrano.
IV
In & out of love.
O las incongruencias de la creación, porque uno toma elementos y constituye un sistema, algo que le permita avanzar.
El tiempo o es creación o no es nada.
Y sí la razón nos da los elementos para la creación con la condición de que los usemos contra ella misma, entonces:
no hay estabilidad posible, ya que los sistemas tienden continuamente a la ruptura, al desequilibrio, a autodestruirse. Qué dramático que suena, pero en verdad no debería ser así.
El problema del pensar paradigmático es que sabés que en algún momento, ese sistema de pensamiento va a perecer. O sea, es como si uno alcanzara la conciencia plena, el saber que en algún momento el caos retornará porque incluso las fórmulas que promueve, a la larga, tienden a la corrosión sistémica.
Y el otro día me desperté en pleno sueño, todo transpirado, agitado, con el corazón a unas 130 pulsaciones por minuto. Y dije:
"Fear of losing someone is perhaps the most common way of losing someone".
Aún no lo puedo conectar a un texto mayor. De momento, será Jimmy el que le diga eso a Bayton, porque vieron que Bentham tomó un cuasi rol omnisciente en todo esto.
En fin, lo que quería decir es que la lucidez no es un beneficio. Por a o por b, estoy empezando a creer que es mejor directamente no saber. La lucidez se reconoce como no infinita, espera su crisis y sabe que no puede hacer nada más que provocarla
Publicado por T. en 23:32 0 comentarios
Solíamos salir a cenar los viernes
(En 2006 escribí esto. No pienso corregirlo. Besos.)
Publicado por T. en 22:55 0 comentarios
Etiquetas: anonimos
