Una chispa

domingo, 20 de abril de 2008

Luna: Jamás voy a entender qué corchos le viste a esa Jennifer...

Cuando Hamlet comienza su famoso monólogo de "Ser o no ser", el personaje se encuentra bajo la lupa. Se trata más de un personaje que se sabe abandonado, solo en medio de la multitud real, dispuesto a sobrellevar una ardua tarea de investigación policial.

Jen: No siempre comprendo lo que pasa a mi alrededor. Siempre todo es igual, pero hace un tiempo que me pasan cosas. Hoy me tuve que encerrar en el baño a llorar sin saber por qué y a veces la angustia me tiene a la deriva.

Justamente estabamos bajo la lupa, aunque por motivos más triviales que los del joven Hamlet. Creo que en esa segunda charla con Jennifer fue que ambos nos soltamos más, nos probamos a ver a hasta dónde llegaba nuestra honestidad. Ella confesándome sus dislates, yo los míos. Ella con su jean roto en la rodilla, yo con mi remera fuera de moda.

Jen: No sé si alguna vez funcionará todo. Nunca funcionó. Cuando me parecía ser feliz, fueron sólo ilusiones ópticas.

Desiluciones ópticas, quizás. Nuestros rayes se rozaban, de repente se parecían pero no eran iguales. Ella con sus angustias y sus llantos, yo con mis insomnios y ataques de pánico. Ella con su personalidad opresiva y yo con mi personalidad redundante. Ella saludando desde la lejanía, yo haciendo señales de luces desde otra orilla.

Bajo la lupa nos parecíamos tanto. Yo le parecía más resuelto, lo cual es una mentira. Ella me parecía recontra seria, lo cual fue mentira. Había un misterio, una coincidencia que se transformó en accidente.

Allen: Siempre me pongo a analizar los cuadros de Dalí. Bah, no analizo nada, más bien me pongo a interpretarlos, a ver qué me dicen.

Jen: ... que mi tiempo es un desierto. Hay días en que los detalles me parecen trágicos, por eso lloro. Por que en esa oficina todo sería más simple si no fuera parte de un todo que no va a ningún lado, sino fuera porque perdí ese cosquilleo que me hacía algún desconocido por las mañanas.

Cuando se lo acusa a Hamlet de loco, el personaje no se preocupa por aparentar lo contrario. Hace caso omiso más bien y vuelca sus esfuerzos en la investigación que le ocupa, no duda de sus desilusiones ópticas, sino que trabaja en pos de ellas.

Jen: Vivo demasiado en mi cabeza, Allen.

Allen: No se trata de abandonar sus ilusiones, pero sí trabajar para que sean verdad. Es preciso conservar ese razgo infantil de soñar, de divagar, porque sino estamos condenados a lo que esto es - Señalé la ventana del local, la av. Corrientes, con todos sus autos -.

Jen: Ya una se cansa de preteder siempre lo perfecto -voltea para ver la ventana, la avenida-. A veces pienso que mis ataques me agarran porque sé que no se puede cambiar, que lo que es así será.

Creo que los dos estabamos un tanto desgastados de la historia propia, de ese actuar errante que nos caracteriza. Ella parecía calmarse cuando la abrazaba. Yo me sentía menos paranóico cuando estaba con ella. Fue eso: una coincidencia. Dos personas que se alivian en el momento necesario.

Ambos intentabamos acercarnos, aunque nos dabamos cuenta de nuestras diferencias. Intentabamos ser compatibles, formar dos siluetas que al menos por un momento conformaran una escena. Es cierto... ahora lo entiendo mejor. Fue un momento.

La misma Dinamarca digna, inundada de renovaciones, no era para Hamlet más que un paisaje de la repetición. Repetición no solo aburrida, sino montada en una farza.

Ambos nos quejamos de lo efímero, pero no somos más que eso. Nos quejamos de nosotros entonces. Aunque Jen se sonreía de mis observaciones ridículas y luego me tentaba llevándome la contra en cualquier cosilla. Era una forma de encontrarnos en medio de toda esta pérdida, me imagino.

Coincidimos en nuestra propia debilidad, en ponernos bajo la lupa los dos juntos al mismo tiempo. Miramos desde un ángulo similar, parados uno al lado del otro. Y casi vimos lo mismo. Justo cuando más nos acercamos a la lupa para ver más en detalle sentimos de más.

Allen: Dos locos parecemos.

Jen: Me parece bien, sí. No veo a los cuerdos mejor que nosotros. Viven así pero ni se dan cuenta.

Coincidimos en nuestra propia fortaleza casual, esa que por error nos llevo juntos, esa que nos hizo sentarnos frente a frente una tarde cualquiera en los bulevares de la 9 de Julio. Sí, todo fue casualidad.

Ella casi no me miraba, caminaba a mi lado, tratando de sacarse ese hábito de esquivar mis comentarios. Yo no quería más vidrios rotos en su novela ni en mi cuento, pero muchas veces las cosas se rompen si uno no las fuerza. Entonces cuando llegó su colectivo nos accidentamos en un chisporrotazo de labios y ella se apresuró a volver a su casa.

Hamlet no confiaba en nadie, ni siquiera en los que aparentemente le entendían. Bajo la lupa, nos resultó más fácil confiar. Creo que cuando la retiramos vimos que todo estaba más lejos de lo que creíamos.

Luna: Menos mal que ya fue... no te hacía bien. Che, toy aburrida. Venite y vemos un dvd, ¿te parece?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado,
hagame el favor de cuidar la ortografía. "Descierto". Quién lo diría, casi recibido usted!
Me gustan mucho los cruces q planteás.

T. dijo...

Mueno mueno, tiene razón. Un par de posts atrás escribí "horación", qué desastre.
Le explico: x lo general escribo y le mando publish así nomás, sin chequear nada, ni una leidita.
Y así me queda.