Negociadora II

jueves, 17 de abril de 2008

Mientras ella fumaba yo miraba las estrellas, me servía un poco de Warsteiner porque ya no nos quedaba más Heineken. Esa noche la terraza era nuestra, y ni nos esperabamos que hiciera tanta niebla en Buenos Aires, eso sería recién al otro día.

Paula: ¿Cuantas veces te enamoraste?

Conozco a Paula hace... esperen que pienso... febrero entonces eso me dice que recién tres meses. Y la verdad es que me llevo bárbaro con ella. Le contesté que mis enamoramientos reales no llegaban a cuatro. Ella como es muy inteligente se rio porque entendió la precisión con todo rigor. Ella se enamoró cinco veces, dice.

Allen: Es que eso del enamoramiento es complicado, pues a uno le pasa de repente que se siente enamorado, pero no es amor amor lo que está pasando. No sé si me explico. O sea, a veces te engaña todo ese cosquilleo, viste.

Paula: Exactamente mi amigo, mucho de esto es engaño y entonces terminás forzándote a más. Mi consejo es que no te exijas algo que no es, porque siempre salís perdiendo. Malditos ex, la verdad que me caen re mal.

Eso me hizo acordar a la otra vez que estabamos en un bar de avenida Maipú, con Orlando y Felipe, y escuché a una integrante de una mesa femenina que dijo "los ex son todos putos". Me causó gracia y ellas vieron como me reía y bueno, todo quedó en a la mierda nos escucharon. Tampoco para tanto.

Ella me convido un poco del humo.

Antes de pasarnos a la terraza: Según ella, sabía tocar la guitarra, entonces le dije que me muestre. Resulta que sí, que podía, que lo hacía bastante bien y que encima puede cantar con voz de mujer, que siempre entonan mejor que los hombres. Mi amiga musical, finalmente estás aquí. Mientras escuchabamos Spoon, demostró que sabía.

Paula: Esto de los amores es raro, viste. Te juego a que en las canciones que hacés, en la mayoría de ellas, hacés referencia a algúna de ellas.

Perfectamente cierto, incluso cuando me meto a bucear en cuestiones que aparentan otra cosa. Perspicaz, señorita Paula.

Paula: A ver, demostrame algo.

Entonces toque algunas cosas que tenía en mente. ¿Qué quiere que le diga, doctora? Es lo mejor que tengo. Algunas ideas perdidas, algunas en desarrollo. Ella simplemente afirma, me dice que tal riff parece de tal cosa, que eso que toco se parece a... Pearl Jam. Un honor, pero no nos engañemos.

Volvamos a eso de la terraza, justo cuando yo le devolví la cuestión a sus dedos, entonces fumó y me dijo:

Paula: Una vez estuve enamorada de un tipo exitoso, vivía en Palermo, tenía auto y trabajaba para una gran empresa. Un perfecto imbécil, porque resulta que a la hora de pelearnos por cualquier chiquitaje, resulta que él ganaba más que yo y él iba a comer a Puerto Madero y andate a la mierda pelotudo.

Allen: Sí, ¿qué quiere que le diga doctora? Yo también salí con gente que considero pelotuda. Mi primera chica pretendía que yo le pagara todas y cada una de las salidas y caprichos que ella tuviera. Está todo bien, a mí hasta me gusta consentir, pero uno siente que el otro es un materialista de mierda en una de esas.

Paula: A todo esto, me tenés que decir cuánto te debo por las bebidas.

Allen: Nada.

Paula: No seas salame, dale.

Arreglé la discusión en que ella invitaba la próxima y listo. No me costó tanto, Paula entendió que me gusta invitar y nextime vemos. A todo esto, mañana tengo que ir al súper porque necesito más cerveza porque te tomaste todo y jugo de naranja.

Paula: Don't mess around with me Allen. Sometimes you are such a dumb ass, You'll see... Yes, I'll buy you green beer, okay. Perhaps you can come over to my place, we can smoke one of these, honey.

Allen: Ok, but you get the other stuff, like food and green ones. And I am worried about the music (entonces ella me pegó en el hombro, está bien dale, sé que no vas a poner cumbia).

Paula: I always knew you needed someone to get you on track. Te tendré cortito Allen.

Me pasó la cuestión a mis manos, entonces un par de pitadas y yo nos preguntamos cuanto de toda esta vida de la urbe valía la pena. Paula me hubiera contestado que menos de la mitad, pero nunca se lo pregunté.

Esto de hacer cualquiera entre semana está de más. A la mierda, estamos viejos. Lo que pasa es que Paula tiene veinticuatro y todavía no siente nada, pero ya te va a llegar.

Paula: Es que me siento que ya a esta altura me enamoré demasiado Allen, fue demasiado intenso.

Allen: No fue demasiado intenso. Fue lo que tenía que ser, Pau. Si el amor no es desmedido, no es amor. No sirve algo que esté mensurado, que sea controlable, que nos tenga encasillados. Por favor, vamos, el amor es algo desontrolado -me paré en medio de la terraza, agitando la cuestión en pleno cielo oscuro y mirando a las estrllas. Me sentí re poético-.

Paula me miró, se rió, me dijo que anotara eso. No lo anoté y seguimos hablando de cómo el enamoramiento era el estado de plenitud del ser. Negociamos algunas explicaciones sobre el sentido de todo esto. La filosofía nunca se sintió tan comercial.

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