Dos centímetros

jueves, 26 de enero de 2012

I
Fue entonces que me senté sobre las piedritas de la playa, frente al mar. Intenté recordar cuál era la ruta aerea, pues horas antes, por la tarde, nos habíamos quedado ella y yo mirando cómo pasaban los aviones sobre el Mediterraneo.

Miré a mi alrrededor. Solo. La escena tenía su encanto. Si la temperatura hubiera estado más agradable, me hubiera metido en el agua.

II
¿Dónde estaba? Se había ido sin el mapa, había salido del lugar sin saber cómo demonios llegar al hostel. Todo por un malentendido. Yo estoy bien, pero él... se pierde a diez cuadras de la casa.

Le dije al francés, casualmente llamado Jaques, que me iba, que tenía que encontrar a Jimmy porque no quería que pase la noche afuera. Por más que no ocurriera nada. Ella me miró, medio borracha, estaba hablando con un londinense bastante guapo. La olvidé y salí.

Me agarró una especie de desesperación. ¿Dónde estaba? Recorrí los edificios del bajo, que se encuentran al costado del Paseo de los Ingleses. La construcción era adorable, los ventanales de los edificios bajos, las luces tenues. Por primera vez creo que unos adoquines me parecieron bonitos.

¿Jimmy?, pregunté por una callejuela. Qué ridícula, yo buscándolo a él que no me quiere ni ver. Y el que se fue sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. Eso me pasa por permitirle cruzar la raya de mi paciencia de a poco, de a dos centímetros a la vez, en lugar de pelearnos de lleno y decirlos las cosas así, en crudo.

III
- Por favor, te pido que no - dijo ella mientras bailaba al ritmo de algo, quizás Miley Cirrus.

- Necesito un souvenir.

Estaba nuevamente con la idea fija: llevarse uno de los carteles de Bavaria que había en el boliche. Ella se preguntó por qué demonios le había insistido tanto en que salieran a bailar, si ya de cajón no estaban de humor. Ninguno de los dos.

Habían logrado entrar rápido alegando que eran latinos. Él logró elucubrar la fórmula "Nous viennent de loin, je suis argentin", y el de la entrada les charló un poco amistosamente antes de hacerlos pasar.

El lugar era bastante bonito. Oscuro, con luces de neón verdes y un dj que pasaba música y tomaba algo, probablemente... Lleno de extranjeros. Ella había dicho que no quería tomar nada de alcohol, mientras que Jimmy se dedicaba a probar cada tipo de cerveza que no conociera, y si su nombre le resultaba impronunciable, mejor.

Las luces de láser eran un espectáculo. Las palmeras de plástico en la pared le daban al lugar un toque "posmo". Y al lado, un cartel que anunciaba que había Bavaria.

- Además - prosiguió él -, preciso justo ese cartel para ponerlo con el de Heineken. Sino es competencia desleal. Estoy a escasos segundos, dos centímetros de llevármelo.

En ese momento ella lo consideró un perfecto idiota. Se la pasaba mirando ese cartel antes que dedicarse a ella. Y entonces vino un francés y le empezó a hablar. Ella se reía, porque no le entendía nada. En algún momento él le dijo: "Vous êtes Latina? Fougueux!"

Excuse moi, elle est avec moi - dijo en pésima pronunciación Jimmy. Pero el francés hizo caso omiso y ella no reparó en la intervención. Era su venganza por las pendejadas de él.

- Así que... - dijo Jimmy un tanto alterado. Y se esfumó. Jackie se quedó charlando un poco más con el francés hasta que reparó que efectivamente, la habían dejado sola. Demasiado sola.

Se encontraba solo, medio ebrio y peor, enojado, perdido en Niza. Todo por intentar esa cita fallida.

IV
Jackie había insistido en la cita fallida por un recuerdo que tenía, de aquella vez que Jimmy la había llevado a bailar. Dijo "¿Por qué tenemos que depender del resto para salir? Salgamos nosotros, vamos a un lugar a gastar las pistas".

Ella se rió. Ya llegados a los treinta, era extraño. La vida era más juntarse a cenar con amigos, y si había fiesta mejor. Pero, ¿salir ellos solos? ¿Que él, encima de todo, la lleve a bailar?

Dicho y hecho, le dijo que se vistiera para la ocasión. Él hasta se puso camisa, cosa que no hacía falta pero a ella le gustó el detalle.

Algo lentos para aprender, aún así se divirtieron. Fueron a Vega, un boliche de rock y pop. Lo primero que notaron era que el público era "sub 20". Lo segundo que notaron es que en ese lugar tocaban bandas de rock, y justo le tocó la noche a un tributo a Kiss.

Luego de los alaridos, ellos dos ensayaron un par de pasos. Iban recordando, iban poniendo en práctica eso que los dos olvidaban. A él le gustaba en cada paso recorrer los brazos de ella con las manos. Ella disfrutaba de cada vez que se acercaban, cada vez que se miraban a dos centímetros.

V
- Dos centímetros - dije, aproximando mis pies casi a donde llegaban las olas -. Dos centímetros es la distancia a la que tenés algo que te afecta mucho, pero que no es tuyo. Y si podés saldar esos dos centímetros, si podes efectivamente por una puta vez dejar la distancia, sos feliz.

La luna era llena. El viento era poco amable y las luces del Mediterraneo eran encandilantes. El agua casi casi me tocó los pies.

Eso. porque cuando las cosas se tocan, cuando las personas se encuentran, parece que fuera todo un accidente. Ninguno de los dos sabe que hacer. "Opa, ¿cómo reacciono ante otro ser humano?"

Dos centimetros, o tres, o un oceano. Cuando la distancia es grave, se mide en mares. "Estamos a oceanos de distancia". Y te tengo en frente. Y esos dos centímetros, decí lo que quieras, pero esos dos centímetros son de agua pura.

Porque medir las cosas es una forma de sentirnos seguros. Podemos estar mal, pero si le pusimos una medida a la situación, nos sentimos tanto mejor que cuando directamente no sabemos ni de qué kilometraje estamos hablando.

A vos no te gusta como hago mis olas.

A mi no me gusta que me navegues tan impunemente. Frente a vos, no puedo pretender que no necesito defender una parte de mi. Eso que necesito que sea mío. Y vos...

La escuché gritar "Jimmy!!". Estaba ahí, venía por el Paseo de los Ingleses. Probablemente se habría aburrido del francés. Su silueta bajaba torpemente por las escaleras hacia la playa, me miraba pero yo no la veía verme. Era todo una hipótesis. La pucha, y yo sin mi cinta métrica.

VI
Cuando me desperté él no estaba. Bajé a recepción, pregunté y me dijeron que había tomado el desayuno y se había ido "a tocar el ukelele al mar". Afortunadamente la chica hablaba un inglés impecable, lástima que era demasiado amigable con J.

Lo vi enseguida. Eran las 9.30 am (5.30 en Buenos Aires, solía pensar en la diferencia horaria). Me senté junto a él, sin decirle nada. Estaba tocando una tonadita tonta, algo así:

Don't take one more step, please
Two inches and just breathe
If your love's an ocean, may I swim in your seas?
But there's no such thing as heaven...

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