Es raro como se dan vuelta las cosas. O llamativo, quizás. Porque cuando ella me llamó para charlar afuera de la oficina, yo estaba en otra cosa: una maldita campaña que un sujeto se había encargado de dejar mal programada antes de salir a vacacionar.
Creo que me tuvo que pedir como tres veces:
- Hey, ¿tenés un minuto?
Suelo contestar chistoso: "¡Para vos tengo dos!". Sí, lo sé, es una respuesta pelotuda. Igual, en esta ocasión no se la dije.
Dos segundos antes de que lo dijera ya sabía, era como si hubiera recapitulado.
- Me voy de acá. Conseguí otra cosa.
Estoy viejo, porque inmediatamente me acordé de mis renuncias. No necesitaba explicaciones, ya había cosas que sabía, cosas que entiendo ocurren naturalmente.
- Me lo veía venir... - suspiré-. Bueno, me alegro y espero sea para mejor - respuesta políticamente correcta, esa -. Sé que pasaron cosas difíciles, que cierta gente no te cae... en fin, espero haber podido aliviar un poco.
Su respuesta me alegró el día:
- Te quería agradecer por bancarme las cosas, sé que me tuviste en cuenta y de hecho lograste que mi situación mejorara.
Ella fue la primera vez que fui a discutir un aumento de sueldo que no era el mío. Me costó horrores conseguirlo. Es tremendo que alguien te reconozca el esfuerzo.
- De nada. Te lo tenías merecido. Ni te voy a preguntar a dónde te vas, pero sí cuando.
- Me pidieron que comience la semana que viene.
- Qué rápidos che.
- Perdón, les dije si me daban más tiempo como para ordenar todo un poco acá...
- ¿Ordenar? - dije riendo -. Pero si esto está encantador así como está, por favor. No es cuestión de tiempo, no es cuestión de nada. Esto es así. Quedate tranquila, ya inventaré algo.
- Dale. ¿No vas a extrañar mis comentarios fuera de lugar o mis peleas con Chris? - dijo al sonreir por primera vez en la conversación-.
- Los comentarios sí, las peleas no creo. Quizás extrañe tus chimentos sobre las tetas que aparecen en Infobae, o tus acusaciones satíricas contra nuestra querida institución. Tenés afán de armar lío, me hacés acordar a mi cuando era más joven.
Ese comentario me valió el viejazo de oro 2012. Quisiera agradecer a la academia y a mi madre.
- Pensé que te ibas a enojar, porque viste cómo son acá. Cuando se fue María le pusieron cara de ojete.
- Sos también tremendamente responsable, eso es genial. Entiendo que un trabajo es parte de un proceso de uno. Y también entiendo las broncas que puedas tener contra este lugar, o contra por ejemplo, tu jefe anterior y mi actual jefe. Guiño guiño.
Se rió. Dijo algo más, que iba a extrañar a todos. Y que iban a salir a almorzar. Tuve que decirle que no, cuando debería haberle dicho que sí.
Es raro, dije al principio. Creo que uno intenta reivindicar cosas que a uno le pasaron, o no sé... uno tiene esa implacable idea de que puede cambiar el rumbo bruscamente de un timonazo y en verdad navega un barquito dentro de una botella de vidrio.
Lo cierto es que sus frustraciones, su quemeimportismo, su actitud de nena rebelde, su mal humor, su dejadez y su desilución me hicieron acordar a mi: cuando me fui al sindicato, cuando le revoleé el celular por la cabeza a la loca, cuando me encanuté las pelotitas de Google de la oficina, cuando envié el cv del perro, cuando hackeé el formulario de contacto ese, cuando nos quedábamos en la oficina después de hora con GB tomando cerveza, cuando le hice creer a mi jefe que la competencia me ofrecía trabajo, y así me dio un aumento.
Y ella, tan contestataria con todo. Tuve que apaciguarla con el tema de las vacaciones, no conseguí que llegue a horario en un año y medio, bah... pavadas, que me hacen darme cuenta que por más quilombito que yo metiera no sólo jamás fui Spartacus sino que ahora lo soy menos que nunca (1).
Y me imaginé lo que esta chica me habrá puteado alguna vez, porque cuando uno tiene un jefe dice y piensa cosas. Me acordé de los cruces que tuve con ella tres seis meses atrás. Y ahora puedo decir que entiendo un poco más, y que de alguna forma jode dejar ir a una buena persona.
Pero hay que aceptar las cosas, porque cuando lo aceptás lo entendés mejor, y te pone contento.
Love,
The good old man
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(1): La jocosa referencia a Spartacus se explica mejor en el post que le antecede: Leaving song pt. 2
2 comentarios:
igual te quería decir que me había gustado mucho esta parte nomás: "uno tiene esa implacable idea de que puede cambiar el rumbo bruscamente de un timonazo y en verdad navega un barquito dentro de una botella de vidrio."
:)
ha beces ce me hocurren cozas
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