Y todas sus concatenaciones

miércoles, 16 de mayo de 2012

I

Llegué a Brugge y lo primero que hice fue acodarme en la barra del Snufel. El bartender me recordaba: un danés al que un argentino le había enseñado a hablar español. O sea, un tipo que te decía "che" con tonada nórdica.

- ¿Que tanto, tío? - me preguntó, mientras me servía una Ohms.

Yo pateé mi poco equipaje al costado de la barra y me senté. Tomé la cerveza mientras le conté parte de mis quilombos.

- Camina por la ciudad, seguro solo fue una pelea de palabras - dijo, queriendo decir "discusión"-. Estás en este lugar hermoso, podés descansar che.

A eso había ido, a perderme un rato, a que nadie supiera donde estaba. Brugge, así de pequeña como es, me sirve para perderme una semana tranquilamente. Para caminarla por todos lados. Me gusta caminar las ciudades, sencillamente recorrerlas. Y reconocerlas.

Pensé que, en caso de guerra con Chateau D´If y con Gaena, este sería un buen refugio: las puertas de la ciudad cuentan con fuertes (aunque digamos, si uno llega por tren, no hay mucha guardia. Hay que mejorar eso). El gran problema era la segunda ciudad.

- Dame lo más fuerte que tengas - le pedí al danés -.

Sacó de la heladera una Javelin, la destapó, y me la sirvió. Le conté un poco el fato con Jacqueline.

Ella se había vuelto para Roma, por algún motivo que desconocía. Pero nos seguíamos hablando con cierta regularidad. A mi parecer, ella no quería nada serio conmigo. Eso, sorpresivamente a mi me generó un conflicto, porque ella me gustaba.

Luego me enteré de todo lo que me enteré.

- Bueno che - me dijo el danés -, el problema es que vos no tenés que fijarte en una mujer sola, sino que tenés que tener siempre al menos tres disponibles.

Las chances de éxito de lo que me contaba este tipo eran nulas.

Los últimos días que estuvimos juntos, Jacqueline se había vuelto malhumorada, como nerviosa. Quedé descartado de su vida, todo por que aún seguía dando vueltas con el otro. Fue por esos días, una noche X, que ocurrieron las cosas con Solange. Una semana después, yo mismo le pedí a Jacqueline que fuera honesta con todos, hasta consigo misma.

Resultado: se fue. 

Y yo soy un caradura. Solange fue más un juego que otra cosa, ahora tengo que decirle de alguna manera que no podemos seguir como veníamos.

Ergo, de mis dos historias casi simultáneas, no me queda nada. Qué loser. En definitiva Solange es una especie de daño colateral, de concatenación del quilombo que se me armó con Jackie.

II
Elegí mal la ciudad, pero me pareció una de las más prudentes para alejarme de todo. El TrasTevere es bonito, de todas formas. Me vine acá como si tuviera que pensar las cosas, pero ya lo decidí todo. Lo que tengo que hacer es masticar las ideas, asumir, poder decir, lo que voy a hacer.

Caminé hasta el Castillo de Sant´Angelo, donde esgrimí mi no tan nueva libreta universitaria de la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, y pude entrar gratis. En ese lugar se refugiaba el Papa Clemente VII, que tenía un corredor oculto a su disposición que conectaba el castillo con lo que hoy a devenido en el Vaticano.

En Gaena tenemos algo por el estilo.

Yo creo que Jim me envidia haber conquistado esa ciudad, creo que muy en el fondo le enerva que yo sea la reina de ese lugar, y no él su rey.

Se piensa que voy a gastar mis energías en seguir asediando su castillo de la costa francesa. Por favor, si ya no significás nada para mi, si no te sigo, si no te estoy observando lo que hacés, si no te chequeo la cuenta de Twitter para ver a quién le cocinaste pollo al verdeo.

El tema es que fracasé en mi escape alternativo, pues salir con Jon no me ayudó a deshacerme finalmente de este karma que es JB, sino más bien que le dio una excusa para volver. Y yo como una colegiala idiota, entre dos amores.

El problema con Jonathan es que se comporta como un pendejo, me arruinó la intensión de estar con alguien mejor que Jim. Y eso que este último no se lució últimamente por su madurez, su tolerancia, su carácter centrado.

Más allá de todo, Jon es buen muchacho. Se hace el playboy demasiado, pero es bueno. Ahora, digo yo, los hombres entonces hacen las mismas cagadas, por A o por B: se meten con tilingas por vengarse de una. Tanto el racionalista como el pendex (que son dos polos claramente opuestos, oh, sociedad contemporánea!).

Fui a la rueda de la fortuna, a ver si esta vez no me mordía la mano por mentirme a mi misma. No en ese momento, estaba en plena emancipación. Pude decir lo que ya sabía, había decidido hacía al menos una semana: me vuelvo a Buenos Aires, basta da esto.

Y me lo imaginé al señor Bentham explicando todo: "Por una serie de interrelaciones que eran difíciles de prever, pero fáciles de imaginar, tenemos que la sujeta A se a metido con el sujeto B, pero que tras una serie de conflictos le da pie al sujeto C para que salga con ella. Ergo, sujeto B se mete con sujeta D, lo que  agudiza los conflictos entre sujeta A y sujeto B. A todo esto, sujeto C no es más que un daño colateral. Y sujeta D, una holandesa reventada".

Lo último lo agregué yo.

No sé. Pobre Jon, terminó siendo una concatenación de mi intento de liberarme de la sobra de ese tipo, ese tal Bentham. Sea quien sea.

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