Desenvueltos

jueves, 16 de abril de 2009

Un escenario.

- Ya no salimos más, no veo por qué está mal que yo vaya con un amigo a la fiesta.

- ¡No salimos más hace una semana, Emma!

- Suficiente, sabés que no me gusta andarme con rodeos. Además, no entiendo, ni que hubiera estado a los besuqueos en frente tuyo... Ni siquiera entiendo por qué te explico las cosas. Ya no somos nada.

Debord se da vuelta. Su cejas conjugan junto a su boca un gesto triste, una mirada que se pierde fija por detrás del telón. Emma se da cuenta de que sus palabras son duras, pero se aferra a ellas porque, precisamente, son verdad.

- Guy...

Ambos mantienen su distancia. Ella mira sus espaldas, él no tiene ganas de estar ahí, pero no se va. Quiere que ella diga algo que lo retenga. Si no lo hace, se quedará igual.

- Guy, la verdad, no pasó nada. Y no entiendo por qué te tengo que andar explicando. Vos podrías haber estado con otra y yo no te hubiera dicho nada. No porque me hubiera encantado, sino porque reconozco que ese no es mi lugar, que sos libre, que...

- ¡Basta! Envolvernos en una sábana ya no era suficiente, digo. Ni hablar de los desayunos en la cama, eran una farza. Tampoco servía devolvernos miradas que de todas formas no significaban nada. ¿O sí significaban?

Guy Debord se da vuelta, para enfrentar a Emma. Ella lo mira al borde del llanto, y en seguida retira su vista hacia el costado. Quiere eludir su imagen, que finalmente parece estar lo suficientemente lastimada como para decir lo que ella teme.

- A fin de cuentas, me dejaste. No pienso retomar todas las cosas que pensabamos. Entiendo las crisis, quién no las ha pasado. Yo qué sé, tampoco te puedo obligar a nada. Tampoco puedo decir que sos una mala persona. Ese es el tema, seguís siendo Emma la chica bonita. Emma, la chica que brilla ante todos, y me ha dejado.

- ¿Hace falta que pongas las cosas de esa manera?

- Emma, una mujer inolvidable, cuya mera presencia nos inunda con un sentimiendo de dicha. O bueno, diré desde ahora que nos inundaba, pues desde hace días este río ha desbordado.

- A veces pienso que mis amigas tienen razón, que te hacés el intelectual al pedo. Sobretodo en situaciones que no da ponerse en esa pose.

- ¿En qué pose debo ponerme? Quizás prefieras la pose de un hombre que jamás te amó, al cual podés decirle simplemente que te vas y le importa un pepino, eso. Me importa un pepino, mi amor, así que no habrás problemas. Vos te quedás con el perro, yo con la compu. Asunto resuelto.

Emma no sabe si pegarle un cachetazo o pedirle disculpas. Mientras, Debord se ha llamado a silencio, pues ha vomitado quizás demasiadas palabras, demasiadas cosas cuyo lugar menos inadecuado era este.

Las luces se van apagando gradualmente, hasta que quedamos completamente a oscuras.

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