Carla dijo que era de ponerse risueña cuando tomaba. Entonces a Allen le bastaban un par de gestos, algunas muecas dispersas, para obligarla a soltar alguna carcajada. Quizás estaban allí para sacarle el cuero a Celián, y la noche había derivado en ellos sentados en el sofá de la casa de la muchacha.
- Por otro lado, es evidente que lo tuyo no es la cerveza -decía Allen, mientras le intentaba quitar el vaso-. Mirate, estás hecha una desfachatada.
- Pará nene, esto es mío me lo serví yo. Además, hace rato que no tomás vos, ¿estás aflojando vos?
Efectivamente Allen hacía un rato que no llenaba su vaso. La práctica de quien se pretende sobrio. En algún momento de la lucha por la cerveza, lucha encarnizada en la que Carla intentaba estirar el brazo para que Allen no alcance su chop, terminaron con un beso. No tardaron en trasladarse a la habitación, mientras él se sentía un tanto incrédulo ante la situación.
- ¿Está todo bien? -le preguntó ella a él.
Como suele hacer Jana, no respondió a una pregunta que consideraba no debía haber sido preguntada. Era como si hubieran suspendido el tiempo y se hubieran deshecho de todo eso que conocían el uno del otro, simplemente se hablaron como nunca antes. Las palabras alguna vez esquivas se volvieron movimientos entre las sábanas.
De repente el vaso de cerveza había dejado de ser la excusa. Muchas cosas comienzan así, con un pequeño detalle que señala otra cosa más importante, de forma sintomática. Del vaso a los besos.
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Primero ocurrieron dos mensajes de texto a la madrugada. Uno decía "¿Por dónde andás?". La respuesta fue "Acabo de llegar a casa". El teléfono tardó menos de dos minutos en sonar.
- Che... - sonaba la voz del otro lado del tubo.
- ¿Hmmm? App.
- Hace tiempo que no hablamos. ¿Cómo estás? -dijo no sin cierta tosquedad.
- Sorpresa. Me estaba por acostar, vio. ¿Estas son horas de llamar? Nooo, mentira no te preocupes no me despertaste. ¿Vos donde andás?
- En casa... ni salí. Acabo de soñar con vos...
- ¿?Ah sí, mirá vos. Si te molestaba en la realidad, me imagino que en el sueño al fin podías tener tu venganza...
- Hacíamos el amor...
- Mmmm... ¿Dijiste?
- Que hacíamos el amor, que bueno... eso. Perdón que lo largue así, yo sé que no se hace esto. Pero no me podía volver a dormir, y tenía ganas de decírtelo.
- Páfate. Y... la verdad que es un toque mucho, pero, yo qué sé. No hiciste nada malo. ¿Puedo preguntar cómo la pasábamos?
- No me quiero poner porno.
- Ah bueno, la pasabamos bien. Yo jamás sueño tan explícito. Debo tener una barrera de censura o algo, seguramente Freud sabría mejor. Tanto tiempo, y te me aparecés así, en un intenso encuentro casual, ja. Perdón, me lo tomo para la chacota. ¿Estás mal?
- No, para nada. ¿Qué decir? Aclaro que es la primera vez que me pasa. Generalmente, como vos decís, no sueño tan explícito yo. Simplemente estabamos ahí, tomando algo, y luego nos acostábamos y bueno, vos sabés, nos sacabamos de encima las tensiones... la ropa, ja... como quien dice.
Un poco de silencio. No es algo que ocurra seguido, era la excusa. Quizás hicieran falta algunas explicaciones, drenar algunas curiosidades. O también podría desestimarse el sueño, cada uno ir a su cama y hacer de cuenta que...
- Me llama la atención que te hayas animado a llamarme para contarme esto. Conociéndote...
- Puf... Igual, te cuento que es una liberación poder decírtelo. Pensé que por ahí te enojabas o me creías bajo el dominio de la locura. Podría haber llamado a cualquier otra persona, pero sentí que era más... seguro... menos malo... o... bueno, cómo sea...
- No, por favor, no hay problema. Aunque admito que me descolocaste, decirlo así, parece que tenías ganas de soltarlo...
Y la conversación siguió unos quince minutos más.
Descolocar
martes, 21 de abril de 2009
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