I
¿Tenés idea de hace cuánto que no te veo? Vos me vas a contestar que hace unos meses, pero yo te voy a retrucar que eso no es nada, que enrealidad hace cinco años que no nos vemos. Seguro que no me crees. Me da la sensación de que compraste esa imagen de nosotros que ocurre esporádicamente. Por favor, deberías darte cuenta...II
Paliers tardaba. Siempre tarda cuando hace este tipo de cosas. Es que, como yo, en ocasiones de vuelve demasiado meticuloso, un santo de la planificación, un ideólogo de la peripecia milimétrica. Ja, sabe que para algunas cosas es preciso ir lento.Algo de fresco esa noche. Esperar en la calle no me gustaba nada, pero bueno, eran las condiciones. Además, no hacía cinco minutos que Paliers había entrado. Lo que pasa es que en esos momentos uno tiene al sensación de que el tiempo se dilata, simplemente a los dos minutos uno acumula el embolde de una hora entera.
- Bueno, todo ok -dijo Paliers mientras habría la puerta-. Entrá, dale.
¿Qué decir? No es como en las películas, un antro de cuarta. Se trataba de una casa cualquiera, pero en buen estado. Paliers me decía que a raiz de una gira policíaca en el lugar estaban paranoicos. Sólo atiné a sonreir, como diciendo "oh, qué loco". Oh qué loco era tener al gordo ese nuevamente frente a mí.
- Allen de Janeiro -dijo el gordo-. Hace años que no te veo.
- Cierto -contesté-. Algunos dicen que el ser humano es un animal de hábitos. Yo digo que simplemente un día uno tira los hábitos al carajo y se va a la mierda.
- Sep. Es cierto. En fin. La chica que venía con vos...
- No. Ahora no.
- Bueno -dijo el gordo-. Agarran esto de sopetón, muchachos. La verdad, no suelo tenerlo todos los días, pero sé que ustedes son buena gente, así que se los dejo. Tomenlo, llévenselo de acá. Últimamente la onda acá esta medio podrida, vieron.
- Simple -replicó Paliers-. La verdad es que no entiendo a esta gente. Se hacen los revirados y luego terminan en coma por tomar Fernet. Bueno, nos vamos.
Gesticulé un adiós. El gordo dejó de mirarnos automáticamente, como si tuviera un negocio más importante que atender.
- Ahora sí -decía Paliers mientras caminabamos por el pasillo hacia la salida-. Gracias, sabía que podía contar con vos.
III
El problema de los desordenes temporales ocurre cuando uno está demasiado tiempo inconciente. La semana fue atroz, entonces me cuesta entender qué pasa. No sé. ¿Qué día es? Si hubiera sol podría saber aproximadamente la hora, pero no. El reloj quedó dado vuelta del cachetazo que le dí.Podría levantarme, pero, ¿para qué? No sé qué día es hoy, pero ciertamente no hay urgencias que atender. Vengo de una atroz, viste.
Me gusta bucear entre las sábanas, o al menos intentar encontrar en las almohadas la posición perfecta. Cruzadas, sobre la cabeza, e incluso llegué a ponerlas en mis pies, para levantarlos. Una semana atroz. No sé por qué me duelen los brazos. El teléfono suena, pero no me interesa atenderlo.
Ludi dice que cuando duermo tanto es porque le huyo a las cosas. Por ahora, me procupa el mar humor que tengo. Además, creo que dormi demasiado. Me duele la cabeza. La pérdida de la noción del tiempo, aún así, la considero una bondad.
IV
No sé a qué parte de mi vida pertenecés. Si contesto pasado, esa sería una respuesta vaga, incompleta. Además, qué mejor señalización del presente que vos, Efectivamente, no nos estaríamos engañando si en realidad, con algunas omisiones, pudiésemos sentarnos a tomar un café.Vos me dirás con tu clásico discurso del impedimento que en realidad eso es un imposible. Pensalo. Más que pensalo, sentilo. ¿Tan lejana es esa imagen, Allen? Quizás con un café doble todo sería mejor.
Tus mensajes no me gustan. Eso porque sé que podés escribir mejor. Tenés errores, no se te entiende. A veces tendrías que esforzarte más, es una lástima que pierdas el tiempo meditanto en qué hubiera sido de las cosas si aquella vez me hubieras dicho hola, y nos hubieramos dado un beso.
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