monologue

domingo, 5 de abril de 2009

(Es Bentham quien ingresa por detrás del telón, al escenario. Se detiene en el centro para convidarnos más una mirada soberbia, que de inteligencia. Es como si registrara, desde su izquierda a su derecha, los rostros irreconocibles de su audiencia. Su atuendo es informal, zapatillas, pantalón y camisa abierta, con una remera abajo. Todo de color negro).

¿De qué se trata todo esto sino es de meternos un poco en la vida de otros? Vamos, por favor, diganme si realmente creen que la felicidad, sea lo que sea, es algo que podemos alcanzar solo en nosotros mismos. Seguro alguno de ustedes se piensa que todo es cuestión de mentalizarse, de ser feliz porque uno quiere ser feliz. Claro. Les voy a decir dos cosas entonces. Una es desganasé de esa idea, es pura basura. La otra es que tenemos que retener la idea final de "Into the wild". Espero que la hayan visto, porque no pienso detenerme en ella.

Vamos a esa frase entoces: "Happines is only real when shared". La felicidad sólo es real cuando es compartida.

No hacemos las cosas para nosotros mismos. No somos sólo para nosotros mismos. Es imposible tender únicamente hacia el adentro, pues esa idea de la meditación no es más que un intento pobre de vivir lo que realmente es meditar.

La soledad es algo necesario, no lo vamos a negar. Yo de hecho disfruto mucho de ella, pero no caigo en algo tan estúpido como pensar que solo quiero ser yo en mi mismo y nada más. Todo ser humano pretende trascenderse, y, sabrán disculpar -o no, me importa un pepino- lo desordenado de mi exposición, la trascendencia es siempre por y para el otro.

De hecho, los otros son una forma de ser que tenemos. Lo que pasa es que tenemos que echar a la basura eso de partir las cosas como si no compartieramos la carne, el espacio, el humo de los cigarrillos, la transpiración de un recital o los cubiertos de un restraurant. Como seres, nos extendemos en la misma existencia que hace ser a otros. Y es entonces que la comunicación es inevitable.

Llegué. Perdón por lo retorcido de todo esto, es que ya saben, tiendo a complicar lo simple.

La comunicación es entonces la forma de ser nuestra, y la forma en la cual podemos alcanzar nuestra felicidad. La comunicación, ese hecho tan inevitable, es lo que nos mete a nosotros dentro de nosotros mismos, pero que también logra sacarnos como si intentaramos cruzar la frontera de nuestras frentes. Nada pasa por uno solo, sino que pasa por momentos, instancias que transcurren "entre". No nos es posible precisar ese entre, porque no nos es posible precisar exactamente donde está el otro y donde estamos nosotros. Entre, en realidad, somos todos de alguna manera.

Es por eso que todo esto que vemos de la comunicación es tan... porque digamos que de acotado no tiene nada, ¿no? Que no podamos valernos de precisiones no significa que tengamos que abandonarlas. Creo que la comunicación es la esencia del hombre simplemente porque al hombre le es imposible ser sin comunicar, y le es imposible no estar hablándole a los otros y al mundo, a las cosas y al cielo y a las botellas, y pajaritos que vuelan por ahí. La relación existente lo pone en esa situación. Contexto, o algo por el estilo, podemos decir.

Ahora, yo digo estas cosas ante ustedes, a quienes no identifico pero sé que están, y no por eso estoy hablando solo. Ustedes me escuchan, o leen, o como prefieran -aunque, revisen sus cabezas, saben que me están escuchando-, y se dan cuenta de que esto que los rodea es inevitable.

Lo que pasa es que la comunicación hace tiempo es un problema filosófico, bastante grande por cierto. Compartir, poder comunicar, decir, escuchar, es todo lo mismo. Se trata de formas nomás, pero estamos siempre en la misma: la plenitud no es más que un instante de armonía dialógica con lo que nos rodea.

En fin, seguro tienen sus desacuerdos conmigo. Es sano que los tengan, porque sino diríamos todos lo mismo y entonces esto se volvería un monólogo. Es ahí donde no tendríamos comunicación, y todo dejaría de ser. La liquidez de lo que nos ocurre, entre la marea, es lo emocionante. El tiempo o es creación, o no es nada, dijo un Castor muy sabio.

(Sale por el mismo lugar que entró, luciendo una sonrisa irónica, como quien acaba de hacer una observación a un no tan conocido que le cae mal)

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