Hubo un complot para matar a Bentham. Según fuentes no policiales, Deleuze y Bataille complotaron contra el racionalista, porque según a juicio suyo, este era demasiado inmune.
Fue en la casa de Debord, a la vuelta de las vacaciones, un día de febrero o enero, no nos interesa la fecha. Gilles y Jorge habían adquirido en tierra brasileña unos chiles en conserva, de forma secreta, una noche. Lo consiguieron en un restorancito de Guarda, cuando casi mueren intoxicados con semejante picante. Entonces, decidieron que la supuesta inmunidad de Bentham a los hemorroides debía ser testeada.
Quince días planificando la situación, hasta que Bataille envió el correo que dictaminaba la reunión en el departamento de Guy Debord, la cual no carece de cierta cuota de surrealismo, pues esos patos que hacen de canilla son llamativos. Y las pinturas de Dalí en las paredes. Y el perro de cerámica en el dormitorio.
En la cocina se compenetró Barthes, también confabulado para el envenenamiento contra Jim. Preparaba cuidadosamente el relleno de los tacos mientras Bentham y Debord desvariaban sobre las teorías del punto de fuga, discusión en la que hubiera sido pertinente la intervención de Gilles, pero este elaboraba una salsa a base de los mencionados agies picantes, cayasa y ajo.
Se dice que la conversación entre Debord y Bentham se volvió más aspera cuando se aludió al asunto "radiohead en Argentina". Puede haber ocurrido así:
Jim: Son unos chorros.
Guy: Eeee, pará, es que son una banda grosa. Mucho más progres que tus queridos hermanos Gallagher...
Jim: Radiohead está cobrando tres gambas. ¿Quiénes se creen? ¿Noel Gallagher?
La alusión ha la famosa cita del cejijunto sobre el rey del pop -adaptada para los Yorkes en este caso- sólo logró profundizar el debate "neo emos" vs. "brit pop".
Guy: Neo emos tu vieja.
Jim: Manga de depresivos automáticos...
Mientras la discusión llegaba a ningún lado -la deriva-, Deleuze seguía preparando -mal- la salsa tal como se la había comentado el mozo del restorancito de Guarda. No le había dado las medidas, pero al menos ahora sabía menos tóxico, el veneno era más sutil.
Roland: Che, ya estoy. Esto está para darle.
Noche de muchachos, no girls around. El escenario ideal para atentar contra la vida de alguno de los presentes, por motivos tan justos como inmorales. Entonces Roland Barthes llevó todo su significante de los tacos -pollo y carne vacuna, de primera- a la mesa. Deleuze dispuso la salsa en un frasco de tabasco, para que todo pareciera natiural.
Jorge: Todo lucirá como un accidente...
Los confabulados se acercaron a preparar sus tacos, mientras el despreocupado Bentham, deshecho de su manía por el control unidireccional de las cosas, se dispuso a preparar su taco.
Jorge: Ohhh, que tonto de mí, le he puesto demasiada salsa picante. Ohhh, Bentham, a vos que te gusta lo picante, ¿quieres mi taco? Tu sabes que no tengo tu resistencia.
Por detrás reíanse Roland & Gilles, mientras Guy engullía su chicken taco libre de toda toxina.
Eso tenía un baño de salsa. Bentham agarró la botella de salsa y probó un poco. Tenía un gusto a cayasa espantoso.
Jim: Esto tiene alcohol...
Gilles: Mirá, lo compramos ahí en el chino, parece rico... Mmmmm
Jim: A esto le pusieron algo...
Jorge: Naa, además, vos no estás vivo, resistís todos los picantes.
Entonces Bentham, sabiéndose en medio de un complot, simplemente cenó su taco, siendo el espectáculo de todos. Sí, luego de medio taco -ácido- seguía vivo.
Jorge y Gilles miraban como su victima continuaba comiendo el veneno, pero nada parecía detenerlo.
Jim: Bueno, ya que están tan fanáticos para que pruebe esto (que no tiene tan buen gusto, tiene demasiado alcohol, permitanmé decirles), ¿de dónde mierda lo sacaron?
Fue allí el momento de la confesión, que venían elucubrando esto desde hace quince días, que habían dispuesto frascos y frascos de estos agies picantes, que casi mueren aquella noche ausente en Guarda.
Jim: Débiles -y se terminó el taco-.
Jorge: No tenés corazón. Eres un cadáver vivo.
Jim: Vos... -dirigiéndose a Jorge- ¡oh, acéfalo!
Gilles: Pará, ok ok, como intento de matarte, ¿Cuánto le ponés? Un diez, la verdad que bastante bien.
Jim: Mmmm, no está mal. Pero demasiada cayasa, es una bebida que no me gusta. Démosle un nueve.
Debord: No entiendo cómo te estás preparando otro.
Luego Jim le contaría a Bella que intentaron matarlo. Bella, risueñamente indignada, le dijo que esas son cosas que hacen los hombres cuando están solos. Manga de brutos.
Dieron las doce, Gilles y Roland automáticamente sacaron sus celulares para enviar los mensajes correspondientes del día de los enamorados (lo que descarta la hipótesis inicial de que era una noche de enero).
Jim: Débiles -comía su taco-.
Aunque al rato de dió cuenta de que si bien el veneno no lo había matado, la cantidad de cerveza ingerida lo había vuelto tan torpe como para que se le cayera un vaso por el balcón e iniciar otra discusión con el dueño de casa, que no llegaría a ningún lado...
Por lo que resta, resulta que Gilles comió un taco que estaba pasado en salsa y terminó tomando agua directo de la canilla de la cocina. Luego, después de una cuasi zambullida en el baño, se acostó medio húmedo para reponerse. Lo habrán tidado en la casa, porque no podía más. Guy re reía, Bentham sentía vértigo de la idea de tan sólo parase, y Bataille estaba intacto, pues ese sujeto es inmune al alcohol.
Matar a Bentham
martes, 17 de febrero de 2009
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