I
Una serie de cruces, ocurridos casualmente todos en corto tiempo y en un mismo lugar:
II
Esperabamos la salida de Bataille, que estaba pronto a recibirse. Nos encontrábamos aprontados en la puerta del aula 124 del Pabellón III de Ciudad Universitaria, con huevos, harina, vino berreta, vinagre y otras cosas sabrosas. Jorge no había querido ver a nadie antes del exámen.
Deleuze era de los más emocionados, iba y venía para todos lados, quería traer más huevos porque decía que eran pocos. Era la previa a una fiesta, pero:
La novia de Deleuze, Clarisa Lispector, estaba cumpungida sentada en el piso, a un costado de la puerta del aula donde rendía Bataille. ¿El problema? No soportaba que la ex novia de Gilles estuviera presente. Peor aún, sufría porque ellos se ponían a hablar.
Gilles hablaba con su ex, largo y tendido, como si no se vieran hacía años. Lo cual era verdad, pues más allá de que vivan en frente, hacía años que nadie sabía mucho de Angelina. Desde el piso Clarisa observaba. Odiaba a Angelina, no la soportaba, se paseaba tan impune por el Pabellón III, Gilles le prestaba tanta atención. Claro, total a él qué carajo le importaba, él había estado con ella, ahora era su novio. Él estaba en ventaja, las conocía íntimamente a las dos, sabía todo sobre las dos.
- Creo que le otorgás demasiada importancia - le dijo Jim a Clarisa-. Hace tiempo que estuvieron juntos.
- No me pasa nada.
- Vamos, tenés los ojos rojos.
- Es que no me da bola. Le habla más a ella que a mi.
- Igual -dijo Clarisa resentida -, vos no sos quién para decirme que me tome las cosas a la ligera, te recuerdo.
Bentham se hartó de hacer de soporte técnico a una mujer con la que ni siquiera tenía gran trato, así que optó por irse y ya.
Algo de razón tenía. Gilles parecía demasiado dedicado a Angelina. Pensé en enviarle un mensaje para avivarlo, pero solito se dio cuenta de que su novia se sentía más abandonada que perrito de la calle.
- ¿Qué pasa corazón? - dijo Deleuze, sentándose junto a ella y abrazándola.
- Quiero que se vaya.
- Pero corazón, ella es amiga de Bataille. Lo que importa es la recibida de Jorge, nada más. No le des bola.
Es probable que Clarisa no le haya podido quitar sus ojos maliciosos de encima a Angelina en toda la noche.
III
Ciudad Universitaria es grande. Pero aún así, si hay alguien a quien me podía encontrar era a
Justine.
- ¿Así que Jaqueline Rousseau es tu nueva novia?
- No estamos de novios. Simplemente salimos - contesté defendiéndome innecesariamente.
¿Será posible que Justine conozca a Jackie por el solo hecho de vivir ambas en Olivos? ¿Serán compañeras del secundario? ¿Irán al mismo almacén? Así tan frontal, Justine había venido a hablarme. A mi no me interesaba en lo más mínimo, pero ella con total impunidad se presentó y me saludó. Todo esto en la previa a la recibida de Bataille.
- Así que no es tu novia... Claro. Una fija - dijo Justine, guiñándome el ojo.
Iba a decirle que no era así, que simplemente quizás estabamos en el estadío previo a ponernos en serio, o quizás no. Que todo es relativo y volátil con Rousseau, que somos dos juntos y a veces separados. Pero me di cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones.
- En fin... Pensé que vendrías a dar clases los miércoles. Veo que te cambiaron de día.
- Sep. Echaron al ayudante que estaba en la comisión de los martes. Se puso a salir con una alumna y se armó quilombo. Tenemos un jefe de cátedra bastante conservador. ¿Cómo va la banda?
¿Cómo mierda estaba enterad...? Claaaro... Pero qué tipo pelotudo que soy. Víctima de un laburo de contrainteligencia. Por más de que yo no pregunte por ella, Justine mantiene cierto contacto con gente de mi entorno.
- Ahí. Sólo preparamos un minishow, en cuando hagamos eso automáticamente la formación queda disuelta.
- ¿Disuelta? ¿O sos tan soberbio que por el sólo hecho de que tu salida desecadenará la disolución?
- Debo admitir que tenés razón. Reformulo tomando tu versión: luego de que toquemos me abro. Que el resto haga lo que quiera.
- ¿Puedo preguntar por qué esa inconstancia? ¿Por qué esa necesidad de desarmar lo que hacés?
- Solo sí puedo preguntar por qué te interesa tanto que yo desarme o rearme - retruqué un tanto cansado de la indagatoria.
- Debo ir a clase, hay entrega. En fin, bueno nos vemos. Ah, y felicitaciones por tu recibimiento.
Justine lucía soberbia, se alejó cruzando el patio central del tercer pabellón. Era evidente que había preguntado por mi, sabía cosas que no podía saber.
IV
Yo no quiero que venga nadie, no quiero ver a nadie, me tomé como cincuenta tés de tilo y estoy un tanto tranquilo. Camino para todos lados, pero es sólo por divertimento. Lo vi a Deleuze dando vueltas, ¿estará el resto? Los mato.
Y vos decime, ¿será posible que vos también te recibas el mismo día que yo? ¿Será posible que arquitectura legal se rinda en el mismo momento que Diseño Editorial? La puta madre, Sontag, pareciera imposible liberarse de vos.
Yo en el aula 124. Vos en el aula 122. Increible parece.
Yo te vi, vos me viste. ¿Estamos ofendidos? Vos porque te tiré un balde por la cabeza, yo porque siempre fuimos sólo amigos. Podriamos haber coordinado para ni cruzarnos. Y escuchame vos, Deleuze, ¿por qué mierda vas y la saludas? Estás acá por mi, no por ella, se sabe ya. No me importa que ella se reciba el mismo día que yo.
Y esto de tener que esperar dos horas en la puerta de un aula para rendir es una mierda. Y tembién es una mierda que me tomen escrito y luego oral. Probablemente Susana defienda un trabajito que entregó hace dos semanas y como además tiene todo promedio diez, está todo resuelto.
Pero yo, estoy al horno. Hola Justine, qué hacés. Sí, voy a dar mi último final, así que quizás me reciba, aunque... Sí, se recibió hará unos meses, si a mi me va bien nos ponemos a full con la banda. ¿Vas a dar clase? Tratalos bien a tus alumnos, mirá como sufrimos. No tiemblo de nervios, tiemblo por las esperanzas. Chau, sí, nos vemos claro.
Ahora me pasás por al lado. Mirá, yo soy menos cabeza dura que vos, te saludo. Hola, ¿cómo andás? Te saludo porque sé que no querés que te salude.
Y mirá que lo ensayamos eh:
Hola me dijo sorprendida Susana, como si nunca me hubiera visto. Yo le dije que la había visto, pero pensé que no quería que le hable. Ella mintió y dijo que no, que nada que ver. Yo le pregunté qué rendía, aunque ya lo sabía por Bentham. Ella dijo que Diseño Editorial. ¿No es esa la materia que da Justine?
En qué andás me preguntó ella. Yo contesté que me recibía. Ella también me dijo que se recibía. Y entonces le pregunté si estaba con alguien. Se tomó la pregunta para el orto.
Justo me llamaron. Entré, se presurizó el aula. Comencé a escribir, escribí como un frenético. Oral luego. Se me perdían las palabras, le decía "no sé" a la profesora. La mina me decía "pero lo dijiste recién", se me mezclaba todo. Una piba que estaba rindiendo en una mesa de más adelante se desmayó, entró el médico. Yo dije algo de la legislación sobre los pulmones de manzana. Me habían preguntado sobre espacios verdes.
Seis.
V
Alzamos entre todos a Bataille, recién recibido. Alguien le pasó la maquinita de cortar el pelo y cayeron uns mechones. Lo sacamos del Pabellón III, bajó las escaleras rápidamente y los huevos comenzaron a lloverle, la mayoría errando.
En menos de cinco minutos Bataille era un enchastre de huevo, harina, ketchup. El vinagre le picaba los ojos. Le tiré medio litro de Termidor en la cabeza: el peor olor del mundo. Polenta en sus pantalones. Mi remera parecía un batik, aunque Gilles estaba peor: parecía que él también se había recibido.
Alguien le alunizó un huevaso de Angelina en la frente. Sonó duro.
Justine me saludó saliéndo del Pabellón III, por las escaleras. La perdí al instante.
Sontag escapó sutilmente por la otra escalera, la vimos alejarse: no quería terminar hecha un enchastre, y sobre todo ser atacada por el gran enchastrado.
Los entrometidos
miércoles, 12 de mayo de 2010
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