Café sin animalitos

viernes, 14 de mayo de 2010

[¿Una contrapartida de "Animalitos al café"?]

Cuando Jackie entró al Coffee Store el lugar le pareció tremendamente lleno de nada, con todas caras particularmente irreconocibles y un ruido de ambiente que silenciosamente se le fue colando por los huesos. La cara de Jim se le hizo presente al fondo en una punta del local. Era como si él hubiera decidido ubicarse en la esquina del cuadrilátero. Tenía un poco de nervios.

Allí estaba él. Seguramente había llegado temprano, fiel a esa tradición inevitable que lo hace ser quien es. Tenía unos papeles sobre la mesa, evidentemente escribía algo. Ella también había optado por la fidelidad de llegar tarde y enviar un mensaje de texto excusándose por el restraso.

¿Qué era él? Jackie había elaborado una especie de teoría dicotómica en la que Jim era:

- Seguro de sí, de a ratos inestable

- Atento, pero repentinamente colgado

- Impulsivo, pero altamente atado a sus grillas de análisis

- Modesto y a la poseído por la soberbia

- Muy dulce, capaz de convertirse en un iceberg

- Alegre y siempre listo para perder el sentido del humor

Al acercarse esperaba una mirada indiferente. Contrariamente, Jim sonrió al verla, cuando vio su pelo largo acercarse, su pollera roja con calzas negras, su bufanda negra y su morral que en esa ocasión contenía un libro de Gustave Flaubert.

- Hola – dijo Jim después de once días de silencio.

- Hola – contestó ella con una sonrisa que mezclaba la alegría con la tristeza-. ¿Llegaste hace mucho?

Para Jackie este tipo de encuentros se le hacían ridículos: la conversación previa, el “cómo te va”, “¿fuiste al cine?”, “¿qué libro estás leyendo?”. Sabía que Jim pensaba igual, que si alguno de los dos arrancaba la conversación con temas menores y triviales, al otro se le pudría el carácter. Así que sin vericuetos, Jackie dijo:

- Sé que me querés. Mi problema es que a veces me da la sensación de que te olvidás de mi, otras veces me siento opacada por vos. Tu cabeza piensa demasiado, como la mía. Y yo sé lo que pienso, pero vos…

Él la miró prestándole atención, cosa que sólo agravaba los temores de Jackie. ¿Qué se le cruzaba por la cabeza? Los silencios de Jim era más arrolladores que sus palabras, se defendía mejor no demostrando nada, entonces:

- … mandante, ni nada de eso. Sencillamente … Por favor, hablá vos.

- ¿?

- Que hables, quiero escucharte. Estás callado y no sé si me vas a putear o qué pero quiero saberlo ahora.

Jim recordó cómo Bella en su momento le confesó que sus silencios le daban temor, porque “no sé qué decirte ni cómo tratarte cuando te ponés así”.

- Ahora… me alegro de verte. Aunque duele que te ausentes así como así, pero creo que vos dijiste lo mismo de mi. Por lo tanto, el cuchillo corta según quien de los dos lo tenga por el mango.

Jackie escuchaba como Jim declaraba con una solemnidad poco frecuente en él de la que deseaba que se deshiciera. Justo apareció la camarera.

- Yo quiero café de jaba con leche.

- Tomaré lo mismo que la señorita, pues es especialista en el tema. Le gusta esgrimir sus conocimientos al respecto. Agregaré unas medialunas, nada más.

Ambos sonrieron. La camarera se fue.

- Eso.

- ¿Qué? - dijo Jim haciéndose el tonto-. Ah, ¿mi capacidad de intervenir con un dislate en una situación un tanto delicada, tensa o sencillamente inoportuna? Lo lamento, no puedo evitarlo, me gusta desvariar un poco.

- Lo sé. Hay momentos en que eso me encanta, lo juro. Otros momentos donde desearía que te quedes callado, que no te tiente tanto el dislate.

- ¿Tanto te molesta?

- Un poco, a veces. No siempre. Más de una vez me has agarrado desprevenida y me sacudiste una sonrisa.

Jim recordó exactamente lo mismo acerca de Jackie: aquella vez en el teatro donde más que una profesora parecía una colegiala promedio diez, demostrando a todos los asistentes que ella ya había apagado el celular y estaba sentada y lista para que comience la función.

Arribó la camarera con ambos cafés de Java. Por más que no había pedido, Jackie se vio tentada por las facturas. Ella no era cabeza dura, no costaba tanto sacarle lo que le pasaba por dentro. Era como si titubeara pero al rato nomás lograra, como si se tratara de algo inevitable decir lo que le pasaba y no tuviera reparos en retractarse de lo dicho.

- Soy un tipo inconstante, lo sé -retomo la conversación Jim-. Pero eso no quita el hecho de que la paso bien con vos y que no sos una carga ni nada por el estilo. En cuanto a lo de demandante, bueno, todo encuentra su equilibrio.

- Jim, me gustás en serio. Pero no sé qué somos, qué podemos llegar a ser. Te estoy contestando con imprecisiones, claro. Es que me siento así, quizás sea por mis historias anteriores o porque aún me falta conocerte, quizás sea porque yo tengo que resolver sosas.

- No te preocupes por las imprecisiones. Sería estúpido de mi parte pedirte eso.

- Siento como que qiuero estar con vos pero no estoy preparada. Y me da la sensación de que a vos a veces te pasa lo mismo, que sentís una cierta reiteración entre nosotros.

Se miraron dos minutos en silencio, como si ambos tuvieran que procesar la idea de que no dejarían de verse pero no estaban resolviendo nada. Como si ambos precisaran liberarse del otro pero sin despedirse, sin dejarse ir, sin soltarse de la mano.

Jackie tomó café. Luego observó de reojo los papeles de Bentham:

- ¿Cómo te está yendo en el taller? ¿Puedo ver?

- Es una miniplay que llevó días sin poder terminar.

Jackie tomó uno de los papeles mirando a Bentham fijamente. Era increíble cómo podía pedir permiso con la mirada. Jim quería escuchar su opinión, sobre todo de los roles asignados.

- ¿Un mendigo? ¿Tu personaje es un mendigo? - dijo Jackie -. ¿Y Jorge es un Rey? -río.

El clima era agradable, como si ambos hubieran logrado una temperatura ambiente realmente cómoda. Jim no tuvo más remedio que decir lo que tenía preparado:

- Creo que vuelve aquella obra de la que te hablé. Iré a verla probablemente este sábado. Si de casualidad te encuentro ahí, no querra decir necesariamente que viniste por mi o conmigo, pero estaríamos juntos. Casualmente, digamos.

Jackie rio y se dieron un beso.

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