[Breve ejercicio de redacción pedido por la profe:]
Soy tan poco observador que no noté que hay un auto oxidado estacionado frente a casa desde hace tres años. También tardé en darme cuenta que el almacén de la esquina, apodado "La Mugrecita", cerró. Las estrella del cielo son apenas visibles, debido al smog de la ciudad. Se pueden ver algunas, pero no me sé los nombres y mucho menos las constelaciones a las que pertenecen.
Las hojas se acumulan en las veredas, porque ahora es otoño y entonces todo luce como un tapizado de diferentes matices de marrón. Hojas por doquier, la plena expresión del caos de la vida sin un orden racional.
Creo que noté que ella ya no dejaba su Ford K estacionado en la vereda de en frente como un mes después de que habíamos dejado de salir. Pero eso no significa que sea un tipo desatento, eh, pues conservé sus desodorantes femeninos en la repisa de mi habitación como seis meses, esa habitación que tiene estrellas fluorescentes en el techo que forman constelaciones que yo inventé. Las cuatro estrellas en línea son la defensa de Racing en el 78.
En la pared tengo la foto de un Chevy Corvette rojo modelo 1957, impacable. Nada que ver con la chatarra oxidada que está frente a casa. Y acá todo es limpio, no como en el almacen de la esquina. Las hojas están perfectamente ordenadas en la biblioteca: Autor por autor, Merleau en la esquina opuesta de Sartre, Chejov y Dostoievsky vecinos. Rayuela cambia de lugar de vez en cuando, y cuando ella se llevó el Ford K creo que se quedó con mi copia de Todos Los Fuegos El Fuego.
Vereda / Habitación
jueves, 20 de mayo de 2010
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