Introducing: Michelle

martes, 14 de agosto de 2012

Estudié un poco ciencias económicas. Soy buena con los números, siempre saqué diez en matemáticas, la primera de la clase. Creo que duré dos años en la carrera, carecía de la exactitud que yo buscaba y la sentía como una disciplina inhumana, sin alma.


Es curioso, pero la economía, si preguntás, muchos la toman como una carrera de ciencias exactas. Pero es de ciencias humanas. Siempre me causó gracia eso.

Ingresé en crisis de carrera al año. No me agradaba, sentía demasiado desapego, demasiada falta de amor por lo que estudiaba. Me iba bien, pero... ¿yo una administradora? Mi último cuatrimestre fue una pena, empecé cuatro materias (o sea, dos menos que lo regular), dejé una a las dos semanas (una pérdida de dinero importante), y solo rendí los finales de dos.

Mi mente, en blanco.

En ese momento estaba saliendo con un muchacho que se llamaba Leonardo. La iba de agradable, aunque muy pendejo resultó. Siempre se juntaba con sus amigos y esas cosas. Me enteré un buen día que tenía varias otras chicas en otras provincias, en especial en Málaga.

Y yo yéndolo a despedir a la estación en cada uno de sus viajes al sur. Que estúpida.

De alguna forma que no recuerdo, a mis veintiún, decidí estudiar psicología. Giros que se dan, me fui al coño con esa. Y la verdad, no volvería es estudiar esta carrera, pues siento que no me ha retribuido lo que yo esperaba.

¿Qué se supone que haga ahora? ¿Atender a gente para decirles que no están tan locos? ¿Y yo? Bueno, pero, al menos sentí que era más humana. Podía aplicar mis sistemas a otra cosa: a la mente humana, a las emociones.

Siempre trabajé en lo que podría entenderse como Comunicaciones Institucionales. Siempre me dediqué a eso, a asesorar. He pasado por diversas universidades, atendiendo a alumnos y egresados.

Salí con un profesor de química un año. Se dedicaba más que nada alimentos, y sus adulteraciones en procesos de conservación. Lindo. Murió poco después de que dejáramos de vernos. Tenía cuarenta y dos años.

A los veinticinco fue que me enamoré de una amiga mía, o alguien que yo creía que conocía bien. Justo yo estaba cursando Psicología de la Personalidad, me sentía muy introspectiva. Recuerdo que me analizaba hasta el más mínimo pensamiento, y paf, cuando pasó eso fue un tornado para mi.

Se llamaba Julieta y era dos años menor que yo. Ella era morocha, así que con mi cuasi rubio íbamos bien. Salí con ella siete meses, hasta que me dejó. La odié. Creo que ese año de mi vida no salí de casa, no me vi con nadie, no viví.

A raíz de mi ruptura con la reventada de Julieta, comencé a su vez a ir a la psicólogo. Tenía la cabeza tan mezclada que opté por atenderme con un hombre, ya que si me agarraba la transferencia, quería que fuera hetero. Flor de pelotuda...

El día que le dije a mis padres de mi orientación sexual, ambos lo aceptaron, pero con una tristeza que lo cambió todo para siempre. Creo, si me permiten la opinión, que fue la noticia de que no iban a tener nietos nunca lo que los deprimió.

La idea de ir diciéndolo fue justamente de mi psicólogo. Verán, cuando pasó todo esto yo comencé a tener tremendos ataques de pánico, los que me dejaban encerrada en mi habitación los fines de semana. Tomaba el metro asustada. Más de una vez terminé en el médico por sentirme mal de la presión, cuasi desmayada.

Mis pocas pero muy buenas amigas comprendieron, es más, hasta lo asimilaron bien. Mi hermano también, hasta se sintió aliviado de que no me iba a tener que cuidar de otros hombres.

Es curioso, pero cuando la gente te conoce, salvo que sea muy evidente, asumen automáticamente que sos hétero. "Tengo un muchacho para presentarte", y yo pienso no, así no.

Jonathan dice que no parezco lesbiana. Digo, ¿como es eso? No hablo de estereotipos evidentes, sino de gente que es gay y va caminando y es igual a la hetero. IGUAL. Poco tiempo después me di cuenta de que al menos él, no distingue la horientación sexual de nadie, salvo que vaya vestido de Locomía.

Ahora estoy pensando qué hacer de mi vida. ¿Me quedo, me voy? El trabajo me tiene harta, pero es lo suficientemente cómodo como para hacer otras cosas. Soy la nada misma. Pensé que a medida se acercaran los treinta todo se aclararía un poco. Mentira.

0 comentarios: