Never write a love letter when you are drunk

jueves, 9 de agosto de 2012

I

Me desperté con un leve corsódromo en la cabeza, tenía tremenda sed y algunos rayos de sol se metían en mi habitación, porque había dejado la persiana medio abierta. Me quería morir, eran las 9.14 de un sábado.

Pensé. La noche anterior había arrancado temprano, a las seis y media de la tarde, en un bar con algunos de mis amigos y otros menos amigos. Y es el gran problema de cuando te dan barra libre.

Me levanté sin poder sentir del todo las piernas. Mi gato chino dorado de la fortuna movía la manito: es solar y un rayo de luz le daba directo.

Cuando llegué al living lo descubrí: una señal de esas amarillas de "piso mojado" que pueden verse en lugares varios, cuando el personal de limpieza está trapeando el piso. Ahí estaba, en la mitad del ambiente. Me reí dolorosamente, mientras se me caía un poco de vida. ¿De dónde había salido esto?

Me preparé un café.

II
Corazón. Corazón de melón, escuchame, o leeme, como vos quieras, pero escuchame: ¿te diste cuenta de cómo revoleás los ojos cuando las cosas te desesperan un poco? Bueno, dos cosas: una, me encanta tu cara en ese momento, y dos, cuando yo soy el que te la provoca también me gusta. Digo, al menos me das algo de relevancia.

Y sé que ahora estás molesta o enojada conmigo, que quizás me odies como a nadie en el mundo, que no me quieras ver jamás en la tierra. Pero te digo que vos sos la que iniciaste las cosas.

Me decís que me extrañás, que suspirás al momento en que me ves iniciar sesión en cualquier red social, que te encanta que te abrace. Entonces, ¿qué tiene de malo que nos querramos así a rienda suelta?

Porque en verdad a mi se me mueve un poco el piso, las estanterías y consistencia cuando vos me saludas con un largo beso... en la mejilla.

Me acordé de eso hoy, recién, hace un rato. Y te juro que si tuviera la oportunidad te correría la cara para terminar frente a frente, muy de cerca, mirándote a los ojos. Fingiría un accidente bonito, un desliz decorativo, una torpeza en tus labios.

Ojalá que no revolees los ojos cuando leas esto.

III
- Es una histérica, agarrátela y listo - dijo sin terminar de llevarse el pucho a la boca-. La llevás a tu casa y le das murra toda la noche.

- Ese es el tema que no comprendo - dije, volviendo a pozar mi chop medio lleno sobre la mesa-, tenemos mucha piel, como quien dice, pero nada.

- Ponela en pedo y listo, se le van a acabar esas idas y vueltas.

Consideré la idea. Me resultaba plausible, eso era lo peor. Creí que Michelle, un poco ebria y otro poco descontracturada podría perfectamente ser un golazo.

- Quizás sea bi y no lo sabe - dije así, al aire-.

- Ni hablar, ahí mejor, bro - exclamó Juan Pablo tras terminarse una Scotch Ale, la tercera para ser precisos-. Ella sabe perfectamente qué pasa, y juega con eso. Qué carajo se hace la lesbiana, en toco caso le gustarán un poco las mujeres.

- Es raro. El otro día la vi con una mina. Estaba más o menos la otra, y creo, aunque no lo puedo afirmar a ciencia cierta, que se dieron un beso.

- Trola. Eso lo puede hacer para calentar pavas nomás, no deja nada asentado.

- Lo sé, pero es que uno ya no entiende nada - me quejé.

Juan Pablo miró su vaso vacío. A mi me quedaba aún un fondo.

- Dale, apurate que te toca comprar a vos. Mirá, el burro coje no por lindo sino por insistidor. Vos ya hablaste con ella, y si ella te anda a los abracitos y te dice cosas, no puede esperar que no ocurra nada.

- Soy humano...

Me levanté para acercarme a la barra a adquirir dos bock.

- Yo que vos le mando un mensaje ahora diciéndole que la querés lamer desde el tobillo hasta la boca. Ahí vienen el gordo y Chido, hey!

Creo que así inicié todo.

IV
No puedo creer que seas tan incomprensivo.

V
Gatúbela se sentó la lado mío por una de esas casualidades del destino. Llevaba unos pantalones de cuero negros, bastante llamativos. No recuerdo cómo se llamaba en verdad...

Tampoco recuerdo cómo llegamos a hablar de separatistas y autonomías:

- Yo creo que desde Gran Vía para el sur, deberíamos independizarnos. Salvo el Bernabeu, eso nos lo anexamos. Pero luego, tenemos Atocha y los museos, seríamos una república separatista.

- ¿Eso significa que para pasar a tu república, hasta el Palacio Real, debería sacar una visa?

- No creo, probablemente podríamos tener tratados de comercio o algo así.

Gatúbela se acomodaba ronrroneante, estiraba las piernas, giraba un poquito para un lado, un poquito para el otro. Dijo algo de música de los ochentas.

De momento, intuía que mucho el cerebro no le daba.

- Es que realmente, no podría salir con un tipo que no tenga auto. Sino, ¿se supone que me tengo que tomar el metro cuando salgamos a cenar?

U otra:

- ¿Por qué tu remera dice London Calling? ¿Te van a llamar de Londrés?

Aún así, me quedé charlando con la archienemiga de Batman. Lo consideré un entrenamiento, aunque tenía la leve sensación de que mis dichos eran menos interesantes que un documental del National Geographic sobre tornillos.

- ¿Y vos a qué te dedicás? - preguntó Gatúbela mientras se acomodaba un poco, cruzando las piernas, e inclinándose un poco para la izquierda.

Soy muy malo para explicar qué hago. Es el problema de no tener talento.

- ¿Ganás bien? - prosiguió el ser cuasi felino.

Desmotivado, intenté de alguna forma retomar el dominio de la conversación, la cual se degradaba minuto a minuto, en esa especie de tensión en la que ni ella estaba muy interesada en mi ni yo en ella.

Pero era cuestión de honor, tenía que al menos hacerle una cosquilla, un comentario audaz que la conmoviera.

- ¿Cuántos años tenés? - le dije.

- ¿Cuántos me das? - me retrucó.

- Yo te doy toda la noche - contesté.

Ni sonrisa. Ni un gesto de descolocación, ni siquiera de asco o de repudio. Me di cuenta de que mi noche estaba condenada a la mayor inmutabilidad.

Al final se fue a la barra a buscar un trago. De esta forma, Gatúbela jamás regresó y se quedó por ahí hablando con otro, y yo pensé, por más que la gata esa no me interesaba tanto, que realmente era todo una cagada.

VI
El problema de cuando uno se queda así, con bronquita, es que trata de iniciar la revolución industrial. Quizás escribe algo, un mensaje viceral, algo espontáneo. Y como la coherencia se tomó el día, lo manda y chau, welcome problems.

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