Amigos así

lunes, 14 de junio de 2010

[Y que conste que no me siento plenamente glorioso al respecto.]

Cuando entramos al bar de Pepe, estaba semi vacío. ¿Qué mierda hago un martes a la noche en provincia? Simple: "Nos juntamos a tomar algo por ahí con los pibes. Hace mucho que no. Venite". Y será porque yo mismo me doy cuenta de mi borradés que lo tomo como un mandato y me presento, y espero a que vengan, y llegan y entramos. Y el bar de Pepe está semi vacío.

- Pero mirá que se respira lindo acá - dijo Deleuze llenándose los pulmones de humo de cigarrillo-. Extraño esto, cuando veníamos acá y nos sentábamos a tomar y charlar de la vida.

Bataille no lo escuchaba. Encaró directo para la barra del fondo e increpó al mozo a que trajera una Stella. Eso no me gusta de Pepe: sólo tiene Stella y boludeces.

- Bueno, dejá de quejarte siempre porque no tienen Heineken - me reprochó Deleuze sentándose-. Esto es una salida de hombres, sencilla, sin problemas ni preocupaciones. Y quizás entre algún grupo de damas.

Lo dudo: son las diez de la noche de un martes.

- Es que la Stella sabe a los mil demonios ahora. Yo me quedo con una Bock. ¡Bataille! ¡Pedite una Quilmes Bock para mi por favor!

Ni bola que me dio Jorge, tuve que levantarme a pedirle yo al mozo que trajera algo medianamente copado. Cuando volví a la mesa Bataille discutía sobre los Beatles:

- Yesterday es épico, la verdad. Help! debe ser el mejor disco de los Beatles, es impresionante.

- Los Beatles no tienen mejor disco - contesté-. Son todos sencillamente sublimes.

- Es cierto en verdad.

- Pfff, I would marry rock n roll if I could....

Gilles lucía una sonrisa de oreja a oreja, mientras Barthes se dedicaba más que nada a escuchar nuestros halagos a los cuatro fantásticos porque él sabe más bien poco de música.

- A todo esto - dijo Roland -, ¿por qué me consultabas sobre dolores punzantes en el brazo la otra noche?

- Nada - contesté -. Me pegaron un golpe en un inicio de altercado en una fiesta y precisaba saber si me habían hecho algo malo y tenía que ir a la guardia. Nada grave igual, como veras.

Hacía rato que no nos juntábamos todos juntos. Y fue Barthes el que disparó primero:

- Gilles, finalmente lograste una salida sin tu mujer.

- Lo sé. Es que se hace difícil, ella es bastante apegada. El otro día me llamó para consultarme sobre una remerita que se querái comprar, a ver si me gustaba. Me reclama. Me tengo que separar.

Deleuze se opaca al hablar de Clarisa, como si estuviera contándonos de su gran carga, de un gran peso. Pero siempre están ahí, juntos.

- Gilles - dije -, pareciera que estás con ella simplemente para no estar solo.

- No, nada que ver -contestó en un claro gesto defensivo-. Yo digo eso pero no, estoy bien con ella.

Escuchar un "me quiero separar" cada vez que veo a Deleuze me llevó no creerle. De tratarse de un chiste, nadie lo repetiría tantas veces, pues es demasiado malo.

- Simplemente deberías emanciparte más de ella - dijo Rolland.

- Todo bien con Clarisa, pero a veces queremos estar por nuestra cuenta -acotó Bataille-. Sobre todo porque a ella no le gusta que yo hable de Susana, a ver si le anda contando cosas. Quiero libertad che.

- Bue bue, si para ustedes es difícil, imaginensé para mi. Yo estoy con ella y me doy cuenta de esas cosas.

Gilles comenzaba a enojarse. La conversación lo incomodaba, pero nosotros tres habíamos improvisado un acuerdo tácito de tratar el tema.

- Hasta cuando aparecen las amigas, merodea por donde andamos nosotros -prosiguió Roland dejando su chop sobre la mesa-. El viernes Bentham hace unos tacos en la casa, pero nada de cueros.

- Bueno muchachos, no sé qué haré. ¿ok? Ustede andan libres por ahí y me meten presión.

- Libertad - dije-. No te decimos que la libertad sea pasársela de joda. Sino que notamos que te quejás mucho de Clarisa, tus gestos te delatan, tu vos, ahora mismo no querés hablar demasiado de ella. Porque se supone que ahora saliste con los pibes y es tu oasis de libertad. Pero no, así no funciona Gilles.

- Lo que digo no lo digo en serio. Son cosas que uno dice. Lo que pasa es que vos como estás ahora con Jackie resulta que tu relación es nueva, pero ya vas a querer mandarla a la mierda. Uno se cansa che, hace años que estoy con Clarisa, uno tiene ganas de renovarse.

Lapidario.

- Bueno, más allá de si tenés razón o no, decimos que te ves un poco agobiado - dijo Bataille.

Definitivamente Gilles estaba agobiado. Uno de sus últimos refugios, nosotros, estaba en su contra. Barthes dio un discurso sobre lo que es una relación funcional y lo que no:

- Tienen que tener su espacio compartido, claro. Pero también poder andar cada uno por su cuenta. A vos lo que te pasa es que estás ahogado, que están toooooodo el tiempo juntos. Y eso no va a llevar a ningún lado. Esa dependencia es aniquiladora. No es que tenga nada contra el amor, ojo, sino que sencillamente precisamos los seres humanos cierta libertad.

Resulta que la libertad es cuando uno está solo. Resulta que todo es la degradación. Ponty seguro coincidiría conmigo, que el solipsismo es más de lo mismo, que la libertad no se trata de impunidad sino de fluir, encontrarle lo lindo al accidente, de involucrarse en...

- Increible. Logro salirme un rato de casa solo, y ustedes me vienen con esta - exclamó Deleuze-. Rolland, no me des sermones porque no sos el indicado: bien que cuando una te gusta de volvés un pollerudo hasta la pelotudés máxima. Y vos Jorge, bien sencillo es lo tuyo: nunca anduviste de novio por lo tanto no sabés. Y el dia que te agarres a una vas a ver como no la querés soltar. Y Jimmy, ¿te parece a vos? Sos más inestable que el plutonio, ya te lo dijeron todas, Bella, Male, Justine. ¡Hasta Jackie! No te bancás que nada dure demasiado.

La cosa se había puesto cruda. Mirábamos a Gilles cabreado, pensamos que algún vaso iba a volar por los aires. Por las dudas agarré mi chop.

- Muchachos, son unos boludos. Todos tenemos nuestras crisis che, pero no me esperaba que no me banquen, que no banquen a Clari, que me vengan con charlitas y "que no te vemos bien".

- Vos mismo decís que te querés escapar - dije.

- Recreos, dispersión, un poco de televisión desinteresada o un buen libro de ciencia ficción. Eso. No estar siempre en el mismo lugar, tomándome las cosas en serio. Me conocés, deberías saberlo. Pero más allá de eso a Clari la quiero yo.

- Y por eso le bajás la caña a la otra, perfectamente coherente - dijo Rolland.

- Pará que eso lo festejo, che - intervino Bataille-. Está buena.

Me sentía una especie de consultor moralista, que intentaba evangelizar a un playboy devenido en marido insatisfecho.

- Rolland, flor de pelotudo. Con la otra tengo una relación meramente sexual, nada más. Es una forma de salirme de la rutina, si así lo querés, soy joven, soy humano che.

- Y en crisis - dije.

Disparó contra mi como si fuera su archienemigo:

- Que vos te hayas sentido asfixiado por Bella en su momento es asunto tuyo. Vos estabas mal, estás trasladando lo que te pasó hacia mi persona, pero no.

Recordé efectivamente eso. Al verlo a Gilles ahora sentí un alivio. Él no tenía la valentía de decirle a Clarisa que no la quería más, o de quedarse solo. Había una línea entre él y yo: frente a mi vi el miedo que alguna vez tuve, estaba ese tipo que apostaba por la continuidad hasta la terquedad ridícula. Frente a él, estaba el tipo que teme a lo continuo, que se retuerce a cada momento para no ser igual y siempre termina en lo mismo.

- Y vos decís que la tengo que dejar. ¿Y entonces? La puta... - se levantó Gilles y salió.

- ¿No es para tanto? - preguntó Bataille.

- Quizás no fueron del todo felices tus palabras - me dijo Rolland -. Pero tenés razón, tiene miedo de quedarse solo. Es raro, justo él.

- Cuatro años saliendo - dijo Bataille-. La mierda. Se puso sensible me parece.

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