Así amigos

miércoles, 23 de junio de 2010

I
- Y claro que Gilles se va a enojar - dijo Jackie-. Es re feo que no banquen a tu pareja.

- Pero no es de mala onda, todos intentamos llevarnos bien con Clarisa pero la verdad no hubo caso. Estuvo todo bien hasta hace unos meses, que comenzamos todos a notar a Deleuze decaído. Todos lo notamos, no estoy hablando de uno de mis dislates.

II
Entonces un día Deleuze cayó como un meteorito a la casa de Bataille, donde yo preparaba tacos picantes mientras debatíamos cuál era mejor, si la Babaria o la Leffe. Llamó repentinamente a Jorge, que le dijo que estaba conmigo en su casa, y tardó no más de cinco minutos en arribar.

- No importa - dije -. Hay tacos como para tres, sin problemas.

Sin problemas nada. Gilles llegó con una cara aterradora. No dijo nada, se sentó. Jorge le ofreció cerveza pero él quería vodka. Vodka, así puro. El asunto venía por una discusion con Clarisa.

- Se muda de la casa, y me dijo de irnos a vivir juntos.

Claro. Colapso.

- Decile que necesitás tiempo - dijo Jorge mientras me robaba un poco del relleno de los tacos del wok.

- Sencillamente decile que aún no, -dije yo- que querés primero estar viviendo un toque más por tu cuenta. Seguro ella lo entiende - mentí-. Están hace ya un tiempo, pero lo importante es que le hagas entender que el hecho de que no quieras ahora no significa que no quieras nunca nunca jamás en la vida.

La cara de Deleuze noo mejoraba. Pensé que estabamos dialogando con una momia, con lo que quedaba de un hombre que se caía a pedazos como si estuviera hecho de rastris.

- El tema es que no creo que entienda. Son cuatro años de relación, es mucho. Ella quiere avanzar. Y después de esto viene el casamiento, o los hijos y... es demasiado.

- Pará pará - intervino Jorge -, te estás haciendo la película vos. Me extraña araña, tomatelo con soda.

Eso. ¿Que quedaba del Deleuze que nosotros conocíamos? Ese tipo seguro, que todo le importaba tres carajos. Está metido en algo que le da miedo salir, pero se está dando cuenta que debe salir.

Me fui a atender los tacos mientras me sentía tremendamente cruel por pensar eso. Jackie dice que sueno demasiado frío cuando hablo de estas cosas. Seguro.

Pero no, esperen que no es tan así. Para mi se caía de maduro que la relación entre Lispector y Deleuze iba para atrás. Pero no me pareció el momento para decirle esas cosas, no me pareció adecuado dirigir mis palabras en el mismo sentido que aquella vez en el bar. Opté por ser un tipo menos despiadado, pues si el problema de Gilles era el creciente compromiso, tendría que afrontarlo y ya.

Mientras pensaba todo esto me imaginé a Barthes diciéndome con ironía "A mirá que tipo resuelto que sos, Jimmy".

- No me puedo ir a vivir con ella . Sé que eso es el acabose, no podría.

No podés porque necesitás más espacio del que te dan, del que admitís que precisas.

- Si lo hago es por el mandato social - continuó Deleuze-, porque mis viejos la re quieren a Clari si nos ven viviendo juntos se mueren.

Pero no se trata de que no quieras acatar el "mandato social", esa es una excusa que utilizás para encubrir otra cosa, que ya te darás cuenta qué es. Y me sigo sintiendo un tipo de mierda por pensar todo esto.

- Bueno, pará. Quitate presión - dijo Jorge con mucha más bondad de la que yo soy capaz-. ¿No está eso ya?

A Jorge le preocupaba que se me pasaran los tacos, pero ya estaba todo listo. Así que llevé el wok al centro de la mesa mientras Jorge decía algo de que las mujeres son así por el reloj biológico, y que quieren ser madres. Genial: para sacarle el pánico le explica que Clarisa en verdad quiere quedar embarazada. Buena táctica, George.

- Relajate - dije mientras traía las cervezas -. Efectivamente ella quiere que la relación "crezca", pero si decís las cosas tranquilo y claro, te tiene que dar más tiempo.

Esa era la idea que a Deleuze le quejaba: que sólo podía aplazar el asunto. Que estaba comprando un tiempo limitado.

Deleuze casi no comió.

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