Desacuerdos

miércoles, 18 de agosto de 2010

I
El día que Gilles y Clarise se pelearon, ella lloró como una condenada toda la tarde, se encerró en su cuarto y siempre que la madre tocaba su puerta, para ofrecerle la cena o algo de comer, ella contestó que no. El teléfono sonó un par de veces, y ella lo miró sin atenderlo, pensando que era él.

Nada que ver, se trataba de la tía Clota. Claro, él llamaría a su celular. Pero cualquier posibilidad abierta de contacto le parecía que podía ser él.

Al día siguiente, Clarise llamó al trabajo para decir que le mandaran a un médico, que se sentía mal. Vio Start Wars II y III, para dispersar su mente. Recibió tres mensajes por celular:

"Personal que conviene! Si recargás 30 o 50 pesos hoy, tenés el doble para hablar toda la semana".

"¿Te llamó"

(¿cómo preguntás eso hija de puta?)

"Hey, estoy cerca de tu casa. ¿Te visito un rato?"

II
- Estaba tan preocupado, que le ofrecí de fumarnos uno para que se distendiera - comenté, para finalizar abruptamente mi relato sobre Guy y sus problemas.

No pensé que Jackie se lo fuera a tomar tan así. Hay gente que realmente reacciona mal, pues puedo recapitular casos puntuales, incluso de gente aún más reaccionaria.

- Te desconozco.

Esa fue una gran frase.

- Ya no sé de qué sos capaz.

Otra gran frase. Se armó.


III
El día que Gilles y Clarise se pelearon, él llamó a Jorge y le arrojó la primicia justo después del "hola".

- Dice que se peleó con Clar - le dijo Jorge a Jim.

- ¿Dónde andan? - dijo Gilles.

- En el Carrefour - dijo Jorge mientras agarraba unas bandejas de milanesas-. Taco´s nite. ¿Te venís?

Al llegar del super a la casa de Bentham -templo oficial de taqueadas-, Gilles ya estaba esperándolos en la puerta. Había una asamblea del edificio, en la que Jim no pensaba participar, así que entre el tumulto del hall lograron hacerse camino hasta el elevador.

- ¿Saben lo que creo? Yo en verdad jamás quise a nadie. Y eso me da por las pelotas en verdad, aunque no lo crean.

Jorge escuchaba con toda atencón, asintiendo. Jim no podía creer cómo Gilles tenía dibujada una sonrisa cuando decía todo eso.

- Si encuentran a alguien que realmente quieran, muchachos, no la dejen ir. Porque pasan un montón de pelotudeces en esta vida.

Filosofía. Porque todo esto, la vida, qué pretendemos el uno del otro, en donde te ves dentro de tres años, qué nombre le pondrías a tu hija, si nos mudamos juntos, ¿de qué se trata la comunicación? ¿Dos personas que se quieren son quizás una figura perfecta?

- Tranqui, Gilles - dijo Jorge-. Mirá, la cosa es que estés con la que quieras estar, el tiempo que quieras estar. Me parece que vos a esta altura no la estabas pasando bien.

- Nada debe reemplazar la sensación de levantarte junto a la persona que amás... - continuó Deleuze sin escuchar.

- Casi que hay un quiebre - dijo jim-. Igual, a todos nos agarran esos momentos de... devoción a la nada.

Un leve silencio.

- Por favor, salgamos. Tengo que conocer a alguien hoy - dijo Gilles -. Creo que la piba esta del sábado iba a Bangalore, porfa vamos.


IV
- Explicame por qué no me hablás.

- Todo bien, te quiero, la paso bárbaro con vos, pero la verdad es que no te puedo dar lo que necesitás ahora.

- Pero... ¿qué necesito? No te reclamé nada.

- Simplemente deberíamos tomarnos un tiempo, no quiero que haya mala onda cuando nos volvamos a hablar.

- Ah, genial. Yo soy la enamorada. Yo que jamás te pedí nada.

Entonces una se siente una pelotuda, porque el pibe es el correcto y yo acaparo todo. Y encima se da el lujo de dejarme de hablar de repente y yo tengo que andar mandándole mails para pedirle de hablar. Es ridículo.

- Está bien, dejá nomás. No hablemos más.

Andate a la mierda, quería decir. Pero si digo eso soy una resentida, entonces contesto con altura che.

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