El problema era explicarselo al policía...
La acción era simple, Jorge debía dejar el paquete en el buzón mientras yo aguardaba con el auto. Ahora, esto de los deliverys hace años dejó de ser simple:
Para variar, la noche que elegí para dejar el paquete, llovió.
Además, como aún no había arreglado el auto por completo, el motor recalentaba, entonces cuando agarramos la ruta estaba que ardía. Al salir de la autopista lo paré, le puse más agua. Evidentemente tiene una pérdida.
Bueno, y la casa. Desde aquella vez post-drogado que decidí entregar los mensajes en completamente limpio y sobrio. Tardé poco tiempo en flexibilizar la ley seca, que ahora hace juego bonito bonito con los controles de alcoholemia.
Jorge: No te preocupes, que acá el borracho soy yo.
Es tan difícil mantenerse en el anonimato estos días. Bah, en realidad, no creo que sea difícil, sino que yo precisamente no soy bueno para ello. Digo, no debe ser tan jodido idear un mecanismo para...
Cuando llegamos llovía bastante. Tuvimos que aguardar un rato, hasta que la cosa aflojara. Jorge se puso a contarme algo de un viaje que hizo a Corrientes. Había ido sólo por un día, en busca de una leña para hacer un cordero. Le había dicho que esa leña se conseguía únicamente allí, y que el sabor que le dejaba a la carne era espectacular.
Jim: ¿Y? ¿Al final cómo salió el cordero?
Genial. ¿Qué me iba a decir? ¿Que se había ido hasta Corrientes con la camioneta, cruzado un laguito en una balsa hecha mierda, encontrado un localcito en la loma del ojete donde tenían la leña, y que al final el cordero estaba mal?
Jim: Fijate.
Jorge salió del auto. Aún llovía, pero ambos teníamos ganas de deshacernos de esto -en realidad, de llevar acabo la "tarea" de forma prolija y lúdica-.
Encima estaba el perro ese de miércoles que tiene ella, que ladra a todos y a todo. Jorge miró, se asomó, dio caminó un poco frente a la entrada de la casa. Yo pensé que lo iban a ver, le hice señas de que venga. Además, como suele ocurrirme, el garitero miraba, encaró para acercarse. Ahí simplemente pensé que Jorge debía quedarse ahí y yo tenía que reestructurar la lógica de estas cosas, porque los riesgos eran menos inocentes de lo que nos dabamos cuenta.
El garitero venía y entonces Jorge volvió al auto. Tomó el paquete y lo tiró en alguna parte del jardín. En menos de cinco segundos nos estabamos dando a la fuga de un garitero que venía caminando pancho con una linterna y lejos de habernos afanado algo, habíamos perdido algo.
Fue pasando unas siete cuadras que un patrullero nos detuvo. Según le habían dicho al agente, había unos tipos merodeando en un Gol. Y nosotros estábamos en un Gol. El tema era explicarle al cana que somos tipos normales y que el tema de Jorge con olor a vodka es sólo eventual.
"¿Qué hacen por acá muchachos?", preguntaba el uniformado. "¿Anduvieron fumando?", me preguntó. Contesté que yo era alérgico, respuesta bastante pelotuda pero la dije con una espontaneidad que pasó como piña.
Felipe decía que no estábamos haciendo nada. Yo apliqué la tergiversación de la verdad: "estamos yendo a lo de un amigo de por acá. Si quiere puede escoltarnos y va a ver que nos esperan". "Y estamos tarde", acotó Jorge, fuera de estado.
- ¿Abren el baúl, muchachos? - el otro cana said.
No había nada, claro. Aunque que encontraran una reposera de playa de hace años ahí toda hecha percha me dio vergüencita. Teníamos un par de botellas en el asiento trasero, pero nada llamativo.
- Tu amigo no está como para seguir, me parece - dijo el poli-. ¿Van a seguir tomando?
- No se preocupe que el no maneja. Le quitaron la camioneta la última vez, tuvo que ir a buscarla a campana. Por lo demás, únicamente pasamos por la zona de camino a la calle Pridiliano Pueyrredón, Martínez, pues concurrimos a juntarnos con unos amigos.
Se ve que mi cara de tipo inocente e inofensivo terminó de convencer a ambos polis. En verdad tampoco tenían ganas de detener a nadie, y menos cuando no había pasado nada, ¿verdad?
Seguramente en los días siguientes reforzaron la vigilancia en la cuadra, alegando que un intento de robo había tenido lugar, o que se estaba planificando algún golpe. Y nosotros de ahí que sólo de ahí nos fuimos a una perdición, como odio San Isidro. Jorge terminó derrapando de temprano. Yo tuve que aguantarlo en avenida Libertador a altas horas de la madrugada, cuando lo convencí de que se recueste en el auto y duerma, mientras yo me perdía por ahí un rato.
Cuando quise arrancar el auto, estaba palmado. Volví el colectivo a casa.
Ame´s slight return
jueves, 1 de abril de 2010
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