Entonces ella me miró a los ojos y sonrió, prosiguiendo con su explicación sobre Sartre. Y yo la escuchaba pero al mismo tiempo la miraba a los ojos, observaba sus labios, degustaba sus palabras mediante mis oídos. Un perfecto idiota, creo, totalmente indefenso. Todo esto me ocurre por...
- Creo que Brecht logra una gran unidad psicológica de los personajes - dijo-. Pensalo, cada carácter es perfectamente coherente.
Tenía completamente razón. Creo que luego de eso le habé de la existencia de La Novela de Dos Centavos, secuela no dramática de la Ópera de Dos Centavos. Escuchó con atención que...
- Bertolt escribó luego, utilizando algunos de los personajes de la ópera, una novela. Esta pasa casi desapercibida entre sus escritos, pero bueno, de hecho, Bertolt Brecht escribió una novela.
- No lo sabía.
- Lo encontré navegando en la interné a altas horas de la noche. Se consigue ahora fácil.
Ella era la persona más interesante del mundo y yo era el estúpido más irrelevante. ¿Cómo?
- Dijiste que sos un racionalista en rehabilitación... - dijo ella-. Pero te veo desvariar de a ratos, el otro día hablabas de pintar los sonidos.
- De verde.
- Sí.
No quise explicarle que para mi verde siempre significa Heineken. Tampoco quise aclararle que cuando escribí eso estaba medio ebrio. Y menos quise aclararle que sin verde soy un tipo bastante monocromático. Total, en cualquier momento que tengas te voltearás a ver el mundo en colores...
- Es que Bretch era un tanto comprometido -dijo mirando para abajo mientras tomaba su chop-. Y si lo pensás, era lo único a hacer, teatro de denuncua, intelectual o como quieras llamarle. Ya sé que me vas a decir que es snob y que se queda en el mero espectáculo pero...
No me costó demasiado callarla con un beso. Era muy interesante cómo lograba ella desvariar en su análisis literario y yo me hacía cargo tanto de sus categorías como de sus sonrisas y miradas.
Ella sonrió. Finalmente logré que se relajara al menos brevemente. La miré instándola a que continuara con su exposición, mientras tomaba mi cerveza en aquel olvidado bar de Serrano. Al lado nuestro una mujer ofrecía flores que estuve tentado de comprarle pero no lo hice, y una pantalla en la pared nos convidaba con una escena del unplugged de Nirvana.
- Excelente disco - dijo ella mirándo al muerto en la pantalla.
Presentí mi muerte, en lo que probablemente será ni un céntimo de la misma.
Ella volvió a mirar para abajo sonriendo. Volvimos a besarnos.
- ¿Por qué no podés dormir? - me preguntó de la nada.
Tengo mis teorías, pero ni hoy ni aquí son válidas. No te sientas partícipe de eso, que creo no tenés nada que ver...
Sonrisa abajo
martes, 6 de abril de 2010
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