Esa sensación acuática

lunes, 6 de agosto de 2007

Personajes:
- July
- Allen
- Iván


I
Corrí y corrí, como jamás lo hice en mi vida, más de lo que hubiera corrido si MI vida dependiera de esto. Ella estaba inconciente, en mis brazos, no reaccionaba, tenía el pulso ido, las emociones se le habían disuelto en pleno corazón, y mientras yo la llevaba en brazos, corriendo a más no poder.

Chapoteaba cada charco de la vereda, sorteaba ese desierto de la capital en plena tragua de domingo a la mañana, que no llegaban a comprender que había alguien que estaba por irse, que había otro corría para evitar el vuelo, que a veces la infelicidad es demasiada, lo inunda todo, y entonces empezamos a correr como locos...

Decir que July es chiquita. Su pelo flameaba a una velocidad que me recordaba a la FM. El ruido de la calle era sordo, mi psique lo había anulado, no me interesaba nada más en el mundo que llegar al hospital, buscar a alguno de esos tipos de bata blanca que se creen que todo lo saben, y que arregle esto, que no sé cómo se arregla.

Chapoteos, mis pies mojados, me olvidé la campera, hacía un frío inhumnado, pero mi cuerpo ya no sentía. O mejor dicho, sólo podía sentir una cosa, únicamente cumplía la función de salvataje, de inmersión en esa urgencia que rompía el viento, que esquivaba esa paz tan falsa de la urbe. En otro día, en otro horario, hubiera tenido que sobrevivir a sancazos entre los autos, hubiera recibido insultos por la impericia y quizás por tal intento de rescate. Hubiera tenido que hacer volteretas entre los cuerpos dóciles del invierno de Buenos Aires. Y todo por haberla conocido a ella.



II
- Vos decime, - le decía Iván a July - ¿siempre tuviste ese brillo en los ojos, o con el tiempo aprendiste a que hagan juego con las luces?

- Creo que aprendí con el tiempo - se sonrió, con un pie que simulaba el ritmo de la música -. Es sólo cuestión de mirar a las luces, insinuarles que yo también brillo, que somos las dos una sola, y listo: Miro a mi alrrededor y soy July, ojos de estrella.

- Definitivamente.

Iván tomó por la cintura a July, causandole un terremoto que se sintió desde su cabeza hasta esa parte que estaba con Allen. Sobre todo en esa parte de ella que residía en Allen.

(No creo que sea esto lo que tenía planeado, no creo que Iván sea una opción del destino, sino una jugarreta. Probablemente, pero por otro lado el terremoto ya pasó, hemos tenido una receptividad muy linda. Somos plena sensación de primavera en un invierno hostil y renegado.)

- ... porque te pregunté hace un rato, y me dijiste que no tomabas cerveza.

(La lata en la mano me delató. Allen hubiera puesto el grito en el cielo si me hubiera visto con esa cerveza en la mano. Quizás hubiera omitido a Iván, pero el hecho de tomar una cerveza "común", en vez de una Haini, le hubiera hecho saltar la térmica. Duele eso, y sólo puedo matarlo con cerveza "común" y asaltos comando desde las estrellas a la pista de baile.)

- A veces tomo. Lo que pasa es que me gusta la Heineken, y no tienen. Y me costó decidirme, pero vengo ya tomando de otro lado, y no quiero mezclar. Peor es nada.

- Nunca conocí a una chica que sea tan selectiva con eso.

- Je. Me lo pegó un tipo de la radio, de la FM. Aprendí bastante, y bueno, sin querer fui refinando el chop. Cosa que como verás ahora no vale.

Iván extendió un paquete de Philip a July. July tenía los suyos, pero aceptó, a ver si empezamos a transmitir no so tros en FM y nos olvidamos del anterior locutor che.

- Me cabe el lugar, sobre todo esa luz que cuando giras la cabeza así, se forma la figura del camello. Y estamos encerrados acá, y en verdad nos movemos y nadie entiende nada, y es así como en unas horas somos resaca y aspirinas.

- Si, igual, estoy tranca yo hoy, prefiero evitar las aspirinas y las corridas al baño. Ya el finde pasado fue mortal.

- Me imagino, alta jarana. Pero si buscas tranquilidad, cometiste dos errores, porque viniste aquí.

- Ajá... No, no siento que haya cometido ese error. ¿Cuál es el segundo?

- Yo no soy un tipo tranquilo, y estás acá, hablando conmigo.

(Creo que cualquier otra mina lo hubiera dejado hablando sólo en ese momento, pero me quedé. Me atemorizó semejante frontazo, semejante jugada, riesgosa, tan... no estoy acostumbrada, y me parece digno de alguien que SI arriesga, que sí intenta desbordar por otro lado, inventar sobre la nada, hacer flotar el piso, ir de frente al trampolín, y a ver si nos corrieron la pileta de lugar. Y su brazo me toma, y yo no le dije que no, pero debería, pero no me sale.)

- ¿A qué me dijiste que te dedicabas? ¿Coleccionas conquistas estelares, o simplemente destellas entre la multitud hasta que un astronauta lo suficientemente valiente para resistir las radiaciones, se acerca y saluda en pleno sueño?
- Soy asistente contable, si esa es tu pregunta. Y si, además me dedico a iluminar la habitación con eso que sólo yo tengo y que me lo pienso quedar. No es cuestión de regalar mi vivadez a todo el mundo, vio.

Iván era tan sobervio como Allen, pero hacía verdadera gala de su seguridad, de su firmeza. Era un tipo que sabía lo que quería, que buscaba más siempre, que sabía que podía lo que podía dar y darse a cada instante. No explotaba las sutilezas como Allen, explotaba lo explícito, las directas, los juegos en plena cancha, los exhibicionismos puros, los fuegos artificiales más brillantes y ruidosos que los del vecino.

Es algo nuevo, me digo. Una debe probar en esta vida, debe ir. Y no entiendo porque tiemblo tanto. Ni tampoco esa tristeza que de a momentos me doy cuenta me desborda. Allen me dijo que la tristeza es como agua, se siente como una inundación.

La sensación de las depresiones es acuática - decía un Allen imaginario, hablándole al oido.

(Creo que en ese momento impactó. ¡Colisión! Terremoto, que tiembla desde mis pies, que entró nomás, que hizo estragos, que se está cayendo todo, que ¿por qué se mueve todo? De repente tengo miedo, tengo pánico, quiero salir del lugar, quiero irme de acá, respirar profundo, dejar de existir, desintegrarme entre los cuerpos que bailotean al ritmo de la nada, de la resaca y la aspirina a futuro. De repente estoy yo en FM, y no me gusta ni cuartos).

July se alejó de Iván, que la miró en claro gesto de desilusión, pero no perdió más de dos segundos en encontrar otra estrella, en otro punto de la pista, mientras July veía las paredes caerse, que el suelo se movía y comenzaba un incendio. Admitió recién, en pleno desborde, que le faltaba otra persona.



III
Allen. Allen - Le decía July al portero eléctrico -. Allen, ¿estás?

July estaba atolondrada, se mareaba, daba vueltas todo. Era la madrugada del domingo, ella se había escapado, había fugado, a pesar de que le había prometido a Alicia que esta vez se quedaba toda la noche, que no le importaba nada. Y resulta que si importa, pelotuda, que si me importa todo. El portero eléctrico no decía nada.

Tomó su celular, y mandó el mensaje "Dónde estás? Jules".

Se sentó en la escalerita y empezó a hacer respiración como le habían dicho en la Cruz Roja, como lo había visto en todos los partos televisados. Le dolía el pecho, de las emociones fuertes, de los alaridos a la salida, de la caída. Ella caía en que iba a estar todo bien, en que su paranoía era un efecto temporal, que en un rato estaría bien. Sabía que temblaba, pero se le iba a pasar, pero el momento... había que sobrellevar el momento. Lo que realmente le asustaba, la tenía sin consuelo, era el hecho de que ella tenía que autovalerse, que hacerse respiración boca a boca, completamente sola. Y cuando legara Allen... Cuando llegara Allen, no sabía. Era una bomba de tiempo, sabía que tenía que hallarlo, que decirle algo. ¿Pero qué le iba a decir, qué iba a confesar, cuál era su crimen? Pero ella se hallaba culpable, tremendamente culpable, se deshacía en ese escaloncito, tratando de huir de la existencia, de esa situación que ella había creado también.

- Allen no sé dónde estás, pero por favor, vení...

Lloraba, lloraba a esta altura, miraba el amanecer y simplemente le parecía que se seguía cayendo todo. Quería gritar, pero temía despertar a alguien, temía salir en las noticias, temía enloquecer por ese sólo hecho de haber roto las reglas, de haber conocido a Iván, de haberlo comparado con Allen.



IV
Allen la abrazaba, sin comprender qué le ocurría. En cuanto el bajó del auto, ella se le tiró encima, lo abrazó, llorando. July llevaba casi una hora y media sentada, caminando de lado a lado, deshecha completamente, cuando el Gol se aproximó, estacionó, y llegaron los calmantes. Allen no comprendía. Algo la angustiaba tenebrosamente, pero esto era un baldaso en pleno domingo, una madrugada de un día que parecía iba a ser una joyita.

Allen había llegado de juntarse con Orlando, Bob y sus demás secuaces. No habían ocurrido más desmanes que el robo de un cartel de una famosa cerveza, que se encontraba dentro del auto. Allen se había mantenido despierto a base de Cervezas varias - como a él le gusta - y luego unos destornilladores bastante buenos. Odiaba los destornilladores hechos con vodka mediocre e imitación de jugo Tang.

July miró a Allen, no podía soltarlo. Todo se caía, se caía en serio. July quería decirle que lo sentía, que ella no quería, que tenían que hablar, que no entendía todo lo ocurrido desde la noche anterior hasta la caída en sus brazos de recién. Estaba aterrada de que Allen no entendiera, de que Allen se extinguiera, se fugara. Sobre todo de eso, de la fuga. Ella sabía de la famosa tendencia de Allen a la desintegración, de ese caracter fantasmagórico del locutor.

- ... ¿Y vos con quién estuviste, eh? - farfullaba entre el llanto.

Allen iba armando en su cabeza el complot. Algo se había roto, y el trataba de teorizar qué había sido y cómo. Sus teorías era mucho peores de lo que en realidad había pasado. Su imaginación lo hacía todo tremendo, hacía a la pequeñas catástrofes cotidianas parecer simples chascarrillos.

Ella se alejó, caminó unos pasos para atrás, tambaleando.

- Allen, yo te juro que te...

Se caía todo. El cielo, los edificios de Billigurst, los árboles, Allen, ya no reconocía dónde estaba el piso. Era borroso, formas pomposas que la rodeaban. Cayó inconciente, Allen la salvó tremendo porrazo. Ahora ella estaba devuelta en sus brazos, pero agachado.

.. Y entonces intenté reanimarla. No entendía, pobre, tanto stress. Yo no hice nada July, creeme. Sabés que nada intenté, pero vos, evidentemente vos te has ido para el otro lado, o algo. Ni quiero enterarme de qué pasó. Qué pálida que estás, necesito sal, necesito que al menos abras los ojos. Necesito saber que estás bien, necesito encontrar tu pulso. Necesito recorrerte hasta encontrar que estás bien, que sólo te tenés que acostar un rato, que mañana verás qué hacés, qué hiciste. Yo no quiero enterarme de nada que sé que me va a doler, pero quiero que estés bien. July, ¿dónde estás? ¿Pulso? ¿July?



V
Correr, patear la puerta del hospital, sin emitir un grito ni pedido de auxilio. Frío, inmutable y a la vez totalmente fuera de mi. Simplemente debía hallar al de la bata blanca, decirle que la tiene que revivir, que no sé qué le pasó. Esquivar al de la silla de ruedas, al quemado y al quebrado. Saltar sobre la nena que juega con la Barbie, dar una voltereta para eludir al anestesista que debe estar corriendo por un motivo similar al mío. Ir con la de recepción, que maldita imbécil, necesitas que me acerque con ella en brazos para entender que tengo una emergencia, que me viste entrar pero hasta que me tuviste enfrente no hiciste nada, no levantaste el tuvo, no llamaste a nadie, no existis más que el potus que está en el escritorio, no pasate por más cosas que yo, y esto lo demuestra.

July no respondía. No miraba, pero sus ojos cerrados tenían una capacidad penetrante inédita. Su boca semi abierta era un claro indicio de que había que preocuparse. La escuchaba pensar, o soñar: "Allen, basta. Quedate pero basta". Allen era... él creía que ya era una circunstancia en July, un accidente que se había ido de mambo.

Y realmente, decime July, ¿me recordarás mañana? ¿Te acordás cuando viajabas en mis brazos, tan rápido que hasta yo estaba asombrado? Eramos la onda de FM que tanto temiste la otra vez. Seguro que mis piernas pronto me pasarán la factura. Y yo sin dormir encima. Jules, te ves tan linda ahí en la camilla, te acompaño. Doctor, yo la encontré así. Si le trato de explicar lo que le pasó, probablemente me tenga que remontar a ocho meses atrás. No es el momento. July, no entiendo que es esto. Vos sos la que está en la camilla, tirada. ¿Soy yo en realidad? ¿Me caí? Somos los dos que estamos, que entramos a la habitación del hospital, que nos encontramos nuevamente en este aprieto que decidimos no darle nombre, pero que irrefutablemente tiene nuestras iniciales. Nos llevamos de la mano el uno al otro, estamos separados pero seguimos agarrados el uno del otro, en pleno circo, en pleno jeringazo, en pleno respirador, en plena emergencia, en plena corrida hasta el hospital. Somos vos y yo que nos agarramos de la mano, que nos aferramos a eso que somos pero no sabemos que somos, a esa idea utopista de que podemos ser uno los dos, de que está bien que nos hayamos conocido. El médico te lleva a otro lado ahora, corren las rueditas de la camilla. Y este chau que te estoy diciendo duele, al punto de que me agacho en el hall del hospital, cierro los ojos, y cómo duele mierda...

Fue entonces que empecé a nadar en esa emoción nuevamente...

1 comentarios:

T. dijo...

Republicado, con correcciones varias.