Drain the blood, the hardest way

jueves, 21 de julio de 2011

Usualmente los doctores son poco receptivos. Subestiman al paciente, lisa y llanamente. Después me preguntan por qué soy foucultiano, bueno, digamos que ahí está parte del fundamento. Por otro lado, observación no menor, en definitiva el doctor debería ser alguien que sabe escuchar y ocurre en el 80% de los casos que no saben.

Hay de dos tipos, creo: los que no quieren hacer nada, los que indican pelotudeces: "cambiá tu estilo de vida". Y otros, los que hacen la fácil y te enchufan la primer pastilla que pueden.

Yo, que soy un tipo bastante esquemático, sencillo, rústico de pensar, polarizado al extremo en opiniones, noto la ausencia de términos medios. Pensé que me equivoqué de profesión, que en verdad debería haberme dedicado a la psiquiatría. Pero para eso hay que estudiar medicina y no me copa, yo no puedo trabajar con cadáveres. Yo necesito abstracciones, .

Aún así, sigo siendo víctima de ese excesivo relativismo que muchos han notado, eso de no poder ser sólido en nada, no poder comprometerme con nada, no tener una creencia más que lo volátil e irrelevante. Esto se demuestra en ese intento constante de contextualizar todo para explicarlo todo, como si estuviera casado de forma indivorciable con esa utopía de la comprensión, o lo que supongo yo debería ser. Pobre.

Los médicos son conductistas: causa efecto. Lo he charlado incansablemente con el señor Roland, y siempre obtuve la respuesta "el ser humano es un animal de hábito". Supongo que están más interesados en la repetición que en los cambios, leerían más a Bourdieu que a Castoriadis.

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