A la deriva

viernes, 5 de octubre de 2012

I
Sometimes I bump into toughts. Today I was in the office and, suddenly, this one bumped into my head:

"Fear of losing somebody is perhaps one of the most common ways of losing somebody"

I was saying something, speaking about last night. I stopped, I thought about her, and I smiled. I was relaxed.

II
Ingresé al lugar de prepo, me habían llevado sin decirme a donde íbamos. "Jon, no hagas tantas preguntas". Manuel odia que intente averiguar a donde vamos o que vamos a hacer, él tiene la idea de que tenemos que permanecer los amigos unidos, whatever happens.

Entonces ahí estaba, vagando entre las luces y una muchedumbre que miraba el escenario. El violeta era el color del momento, mientras dos mujeres semidesnudas bailaban. En frente de ellas estaban unos cinco solteros que evidentemente dejarían de serlo pronto, uno de ellos tenía una vincha corbata.

Había mujeres solas, paradas en diferentes lugares del salón. Era como si vendieran algo, a ellas mismas. Sólo era cuestión de acercarse y murmurarles algo en el oído.

Fui a la barra y cometí el error de la noche: pedir un destornillador. Fanta con el peor vodka del mundo ligué, todo por el módico precio de once euros.

Alguien grito que quería ver coños.

Y los iban a ver, porque las chicas seguían con su show y parece que se iban a sumar dos más.

En la parte de atrás del lugar era posible hablar un poco, alejarse de toda la oferta de sexo: un patiecito lindo, abierto bajo las estrellas. Gente salía de lo que asumo sería la cocina. Yo tomaba esa asquerocidad de trago cuando me crucé con una morocha que me miró y me dijo "Hola lindo", y siguió caminando.

Manuel estaba mirando para todos lados, me imaginé que intentaba no sé, cotizarlas en su cabeza. Es deporte, me imagino. Me adelanté a lo que iba a suceder: que terminaría con una, nada linda, yendo a una habitación. Y que a la mañana siguiente llamaría a la novia para decirle si quería ir a almorzar, o ver una película en la casa.

En la barra estaban acodados unos tres tipos de saco, viejos, canosos. Recordé al hombre que siempre estaba en ahí, sentado, en el bar al que iba cuando tenía dieciocho años y una carrera por delante.

"The unknown dad's of the junkies", pensé.

La morocha me tomó del brazo, así nomás, me preguntó cómo me llamaba. Le dije "Jim", porque... pensé que no era bueno decirle mi nombre a una mujer que no conocía, ni tenía interés en conocer.

Me preguntó que tenía planeado hacer esta noche. Mi respuesta normal hubiera sido embriagarme, pero dije  que debía cuidar de mi amigo, Manuel. Lo busqué con la vista.

"¿Cuidarlo de qué? Creo que en todo caso, ya te lo han birlado", dijo la morocha, señalando a Manuel apoyado contra una columna, hablando con una mujer de tacos muy altos, pelo oscuro, con mucho push up.

Me imagino que las mujeres de ahí, en cada rincón, observan a los que fueron esa noche. Algunas esperan a que pase lo que sea, pero otras van a buscar a alguno que les parezca con plata, o potable pero de billetera indecisa, y se ocupan de mostrársele o de encararlo.

Pensé si esta mujer creería que yo tenía plata, o que era potable pero de billetera indecisa.

Le dije que no me interesaba. Como si le estuviera hablando a un vendedor, "gracias, sólo estoy mirando". La morocha no dijo nada, miró medio mal y se fue. No tardó demasiado en conseguir otro tipo que le hable.

Dejé el vaso de destornillador a medio terminar en la barra, Manuel salía acompañado para la habitación del hotel, así que lo esperé en el auto los cuarenta minutos que habrá durado su trámite.

III
Me encantaría refugiarme allá, pero temo cruzarme con él. Es su lugar de exilio. En verdad, es obvio a dónde tengo que ir, pero... no tengo ganas, no aún.

El problema de algunos lugares es que como sabés que los frecuentan ciertas personas, cuando vas te paranoiqueás. Es como si el fantasma de esa persona te acechara. Y en verdad está todo en la cabeza de uno, te cruzás con esa persona en cualquier circunstancia, según la probado la suerte.

Recordé lo lindo que era cuando los lugares eran nuestros. Ni de uno ni de otro, sino nuestros. Era todo más libre. Pero desde hace ya un año y algo, hay espacios que no son, otros que fueron, otros a los que me está prohibido ir, otros que tengo que defender a capa y espada.

Los mejores lugares son esos que nadie sabe dónde están, salvo uno. Y cuando encontrás a alguien que querés mucho le mostrás ese lugar.

La geografía puede ser muy sentimental.

IV
- ¿Tanto lío para eso? - le dije a Jim.

- ¿Qué esperabas? Estás acá, te viniste persiguiendo una quimera. Estás en una isla que no es tuya, llegaste tarde. No sé dónde está.

- Bueno, eso casi no importa. ¿Dónde queda Gaena?

Jim se rió. Caminaba mirando el piso, casi en círculos. Yo lo miraba enojado, pero sin hacer nada al respecto.

- Te pensás que la vas a encontrar en Gaena - me contestó -. Te pensás que siquiera podés llegar a Gaena. Como si uno pudiera volver, como si uno pudiera hacer que las cosas y las personas retornen. Olvidate, aunque te dijera dónde queda Gaena, jamás llegarías. Ni ella debe poder llegar a Gaena ahora.

Tuve la sensación de que enunció esa imposibilidad con algo de satisfacción, somo si se tratara de una pequeña victoria suya. Lo odié.

- Ella siempre dijo que quería conocer Brujas, probablemente esté ahí - le dije.

Quería ver su expresión, provocarle algo, aunque sea una molestia. Se hacía el inmune, el que ya había pasado por todo, el maduro, el que tiene todo bajo control.

- Lo dudo. Ese es un lugar de refugio para mi, lo sabe. Te puedo asegurar que no irá a Bélgica, aunque sé que vas a ir. También te puedo decir que su plan es salir inmediatamente de Francia, si no es que ha salido ya.

Me dio bronca que tuviera razón en lo de Brujas, pues al retornar a Madrid al poco tiempo yo mismo me exilié allí.

- Y también te pensás que saliendo con cuanta muchacha conozcas te vas a liberar de ella, pero no es así. Serán relaciones como balas fallidas de venganza, pues de ninguna manera le harás nada a Jackie con eso. Son disparos que no la van a herir, afortunadamente.

- ¿Cómo es que estás tan sereno?

- La resignación se parece de a ratos a la serenidad.

- O sea que ella anda con otro tipo, y vos tranquilo... - dije con furia, intentando herirlo.

- Todo esto se inició por eso, la idea de que la otra persona está engañándote. Hay ideas que se aferran demasiado, sin más sustento que lo emocional.

Me miró y dijo:

- La peur de perdre quelqu'un est peut-être l'une des façons les plus courantes de perte de quelqu'un.

- Hey, no entiendo - le contesté.

- Creo que deberías retornar en la lancha. Llega en cinco, así que apurate.

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