I
- Hey, Jimmy... - dijo ella.
Me desperté muy lentamente, algo que es anormal en mi. Ella me miraba, lucía preocupada, como si hubiera estado diciendo cosas al dormir, o si hubiera gritado entre sueños.
II
La figura de Bajtín está trastocada. Lo digo porque aparece bajo el personaje de Micaela, pero si vamos a los tantos, se trata de alguien que atraviesa todo los posts de este blog. La válvula de escape. Lo dije varias veces pero jamás le di el tenor que realmente tienen las cosas, como también lo tiene que se trate de Jimmy Bentham, que Bataille sea Bataille, que por momentos cuente cosas como si fuera Debord, que Chejov sea Antonella, que Rousseau golpeara como un Leviatan (mal, porque la hubiera tenido que llamar Hobbes), que Ponty sea Male. Todo pareciera cobrar no un nuevo sentido, pero sí al menos una nueva fuerza, como dije: otro tenor.
III
Ya me había perdido. Ya estaba en cualquier lado. Esto podría ser Inglaterra, podía ser Amsterdam, pero era Buenos Aires. Y era lo mismo, me daba lo mismo. Las luces estroboscópicas y el piso fosforescente me volcaban hacia adentro, mientras una chica me pedía disculpas por haberme pisado y se me quedaba mirando.
Le pregunté por su collar de yin-yan. Ella me dijo que era por el balance de las fuerzas. Yo pocas veces me había sentido tan desbalanceado. Y eso que estaba limpio, lo juro. Pero Roland ya me habló del efecto diferido, acumulado de algunas cosas. Todo esto me pasa por pelearme con la química.
Discontinué mi charla con la chica porque no encontraba el hilo. Creo que en algún momento hablamos de pistas y yo llevé la conversación no a las pistas de baile, sino a las pistas de aterrizaje. Y ahí creo que perdimos interés.
Porque de repente todo es insostenible, todo es demasiado normal. Todo es demasiado cotidiano y se me hace insoportable porque lo veo todos los días. Y es ahí cuando armo operativos para sustraer cuadros de boliches de dos pisos, o un cartel de Heineken tirado en el baul, o una valla de máxima velocidad de Nordelta.
En este caso: una colección de pintas de Heineken. Todo había perdido interés salvo conseguir eso. Mi experiencia me indicaba que era difícil hacerme con le juego, que estaba al lado de la barra. Una vez intentando algo así se me rompió un vaso en el bolsillo al salir de un lugar, terminé con la mano ensangrentada en una esquina de Libertador y no sé qué.
Logró su objetivo. Sin problemas esta vez. Por suerte. Porque a él le hubiera encantado contar una anécdota complicada, decir que fue una misión difícil. En verdad, su realidad es otra. No paso nada. Nunca pasa nada.
IV
Dislocado. También me di cuenta de la cantidad de paliativos que utilizo. Y empiezo a creer que no vale la pena pasar por todo esto, que quizás debería nuevamente partir, irme, diluirme. Eso.
V
Le dije a Jimmy que precisabamos hablar, que no podía ser. Que sus arranques se estaban volviendo más fuertes. Le pregunté si había vuelto a probar eso. Me juró que estaba limpio desde hacía dos años totalmente, nada de experimentos raros como los que solía hacer. Porque las células generan receptores y los receptores le piden al cuerpo eso. Así que no jodas.
Efectivamente, se preocupó mucho por su colección de vasos que ahora tiene en la casa. Es así, tiene que romper las reglas, delirar, atacar. Después Jimmy estás al otro día llamando quebrado que querés desintoxicarte, te ponés loco. Jackie no pudo por eso. Jimmy odia que le digan eso, que le hablen de Jackie y sus arranques.
Pero nada. Nunca pasa nada.
Nunca pasa nada
domingo, 7 de agosto de 2011
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