I
Es que yo tenía una negación con vos. Muy estúpido de mi parte, es mi culpa, lo sé. Te abrazaba y pensaba "porfa, que no se de cuenta...". ¿Que no te des cuenta de qué? No fue sino hasta que por trigésimo cuarta vez me lo dijo Maru: Deberías dejar de ser su amiga y salir con él.
Todo para que pase lo de siempre, que me uses. Te lo dije, que a mi me pasan cosas con vos. Pero sos tan cruel como dulce. Eso. ¿Cómo no querés que me confunda si me recorrés con besos así? ¿Qué se supone que tengo que sentir cuando me acariciás tan suavemente? ¿Frío?
Y mientras vos me contabas de tus aventuritas con fulanita. ¿Te acordás que te dije que me incomodaban esas historias? Bueno, te mentí: me hacen mierda.
Cuando me contaste lo de la fiesta me morí un poco. Pasé todos esos días pensando si vendrías a mi cumpleaños con la tilinga esa. ¿De dónde le saqué tanto odio a alguien que sólo conozco de vista? Me siento una pendeja de mierda, eso es lo que provocás en mi.
Yo creo que va a ser mejor que no nos veamos por un tiempo.
II
Pasé casi dos días en ese estado. Por las noches mejoraba, pero durante el día mi cabeza estaba embotada, mi fuerza desvanecida. Abstinencia, pensé. Cualquier sonido me aturdía. Intenté leer a Merleau, no pude.
Por otro lado, el encierro comenzó a generarme un pánico leve. No era un ataque, pero lo terrible era que no se iba, que siempre estaba, que aunque me pusiera a hacer cualquier cosa se quedaba ahí, de fondo.
Sonó una vez el teléfono y estallé de llanto. Se me pasó rápido, pero no pude atender. Tuve que apagarlo del miedo que tenía.
Recién a las ocho logré hablar con alguien, con Gastón. Le conté y enseguida me llamó, me preguntó todo lo que un médico pregunta. Obviedades, pero es el sencillo hecho de poder confesarse un poco que ya calma.
Al otro día repetí el ciclo.
III
My God, it's been so long. Never dreamed you'd return. But now here you are, and here I am. Clouds and thoghts they fade... away...
- Mmm, ¿Allen?
- Yup... Jules...
- ¡Hola! ¿Cómo estás? - hizo un ademán de abrazarlo, y un poco toscamente lo lograron-. No puedo creer que barbudo que estás.
- No puedo creer lo alta que estás - Bromeó él, donde quisiera haber dicho "Qué bonita que estás"-. ¿Qué andás haciendo por acá?
- Vine porque no me reconocen una materia, así que fui a buscar el certificado y lo tuve que traer a alumnos. El otro día me acordé de vos, que...
Y la conversación podría perderse en un sin fin de palabras que no terminan de tener sentido, porque no se sabe a donde van. Pero ninguno de los dos quiere dejar de hablar. Es como si ese encuentro fortuito les hubiera costado años. Es demasiado caro como para dejarlo ir así nomás.
Todo ese vértigo repentino, todo eso que hacía no sé cuánto que no pasaba. De repente, tan accidentalmente, allí estaba un pedazo de la historia de cada uno, que si lo unían eran ambos. Ella, dulcemente cruel, él, permanentemente fugaz.
- Sería bueno que un día nos juntemos a charlar - le dijo ella con esa impunidad diplomática tan conocida -. Ya que te veo cambiado y también sin demasiado tiempo libre...
En los últimos dos minutos lo había saludado medio mundo que pasaba por ese pasillo.
- Sí, perdón. Es un día de locos. Dale, claro, hablamos.
Y así se perdieron nuevamente.
IV
- Ché, estás en tu casa.
- Sí, pero estoy almorzando con mi madre.
- La pu. Es que Linda me echó. Y no sé, tampoco tengo tantas ganas de volver a casa.
- ¿Por qué te echó? Pará, ¿por qué pasaron la noche juntos? Ah. Ok, me imagino.
- Nada, eso. Cuando paso por acá me acuerdo que vivís cerca.
- ¿Pero qué le dijiste para que te eche?
V
"Vueno, dale. Bamos". La agarró de la mano y se la llevó a la pista de baile.
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