El Óscar a la verdad insostenible

jueves, 6 de agosto de 2009

(Es de esas cosas que simplemente es sano que sucedan. Y ya.)

I
- Nada con queso - me decía Paula -, que el médico me lo prohibió.

Acabamos de entrar al Plaza del Carmen, lugar al que hacia un tanto que no iba porque los precios no van con mi bolsillo. Pero, dado que no he asistido al cumpleaños de la susodicha, debo hacer entrega.

- Bueno, aquí va - le tiendo el paquete mientras nos sentamos-. Espero que no lo hayas leído.

No, no lo leyó. Biplano, de Richard Bach. Pero yo buscaba Juan Salvador Gaviota, el que le regalé el año pasado. Porque me había olvidado que...

- ¡Ah! ¡Gracias! Es del mismo autor que me regalaste el año pasado.

Maldita sea, pensé. Estuve bastante cerca de pifiarla. Ya sentados, al entrar vi una cara conocida, está en la mesa de al lado. Fue una fisonomía vaga, nada que pudiera distinguir demasiado. Paula me habla, me pregunta cómo estoy, esas cosas. Me tiendo en un largo "eeeeee" hasta que por encima del hombro de ella veo que en la mesa de al lado está Doris, una amiga de Day.

- Eeeee... Perdón, es que destrás tuyo está una amiga de Daytona.

Paula miró para bajo, suspiró un "ahhh". No recuerdo qué le estaba diciendo, me doy cuenta de lo insostenible de mi frase, fuera la que fuera. Mis ojos rebolotearon por todo el local. "Es Doris -pensé-. Y tiene una cara terrible, se piensa que Paula y yo..."

Intenté mirar hacia la mesa de Doris en un par de oportunidades, pero en cuanto mis ojos se cruzaban con los suyos ella se hacía la distraída, me esquivaba. Genial.

Paula me continuó hablando de lo lindo que la habían pasado en su cumple, de toda esa gente copada que ella conoce. Y que tiene la amiga para mi, que otro día me la presenta. En algún momento, Doris, que estaba cenando con sus padres, se levantó. Urgida por retirarse estaba, tardó cinco segundos en cruzar todo el salon y llegar a la puerta. Después la seguí con la mirada por la ventana, se iba, ella me veía. No podría creer cómo yo, que estaba con otra, la miraba.

II
Plaza Serrano, el lugar de siempre. Ese del maní japonés, Utopía. Llegamos luego de un largo día de trabajo Valery y yo, nos sentamos en las mesas de afuera. Una noche un tanto calurosa, para ser invierno.

- Menos mal que salimos - me dice Valeria. Anda salidora ella, porque se peleó con ese flaco Matías con el que salía, ese, el que tenía novia. Yo le dije "para qué salís con gente con novia, encima pobre flaca la otra". Ni hablar, no creo que me haya escuchado, pero en fin.

Tras la solicitud de una picada a la camarera, ella continua su relato sobre Matías:

- Fue hace un rato, por el messenger. Encima me dice que lo dejo tirado. Como nos habíamos prometido no enamorarnos, entonces me dice eso, que lo abandono. Pero a mi ya me estaba haciendo mal, me estaba enganchando. Y él no iba a dejar a la novia por mí.

- Yo ya te dije que era un idiota - contesté-. Es un maldito inseguro que se queda con la novia por conformismo.

Paresco un tipo con principios a veces. Un tipo serio, que entiende del mundo y las cosas. Por eso hablo de idiotas y pido picadas con cerveza negra en una tarde de invierno. Un filosofo berreta, diciéndole a la chica qué hacer, quién es inteligente y quién no. Un estúpido que está a punto de darse cuenta que dos mesas a su derecha está Romina, la amiga de Day.

Efectivamente, vaya a saber desde cuando ella me está viendo dale a charlar con Valery.

- ¡La difamación! - esclamé sin querer. Valeria me miró extrañada, pues le había cortado su relato de que "los hombres están viniendo malos"-. Ah, perdón.

Romina de vez en cuando me miraba y a mi me costó horrores sostener mi conversación con Paula. Pensaba que dos noches seguidas era demasiado, que sólo a un estúpido de primera categoría como yo podía pasarle eso. ¡Y encima ni siquiera estaba en una cita dendeveras!

Creo que en ese momento sentí nuevamente una nominación al Óscar a la verdad más insostenible. Ganas de levantarme, ir a la mesa de Romina y explicar "Mirá, no esoy en medio de una cita eh, ella es mi amiga Valeria, Day la conoce. Ah, y decile que lo que le diga Doris de ayer, en realidad estaba con otra amiga, Paula". La verdad contada era inverosímil, la ficción tenía más fundamentos y yo no podía hacer nada para derribarlos.

Es increible lo fácil que puede perderse la reputación, carajo. Se supone que yo soy un tipo sensible, y no, ahora me pongo a reventar la noche jugando a dos puntas. La verdad... La verdad esta noche no existe, la verdad es insostenible. La ficción tiene más que hacer aquí. Me vieron dos noches diferentes con dos mujeres diferentes, y yo aquí, viviendo de estrenos, escribiendo una biografía que no es la mía.

Los titulares, redactados por Romina y Doris dirán "Allen, tirando tiros todos los días de la semana". Yo, que no me levanto ni a la mañana, tendría la campaña de prensa más despiadada en mi contra, Daytona no creería en mí. La difamación.

Según Paula:

- Nooo, si es verdadera amiga ni le dice. La va a lastimar. Quizás debas cambiar el lugar para tus encuentros. ¿Vos querés volver con Day? ¿No? Bueno, entonces a otra cosa mariposa, dejalo ir...

Según Valeria:

- Pero ni que hubieramos estado a los besos, quedate tranquilo. Igual sí, lo tuyo es de terror. A vos solo te pasan estas cosas, dos noches.

La ficción es más verosímil que la verdad. Mientras nos ibamos, porque mi gran falta de sueño debía ser no tanto mayor que la de Val, Romina relojeaba. Según ella, me habría ido temprano para evitar su mirada, habría acompañado a "la nuevita", o quizás nos habríamos ido a un lugar más íntimo.

Seguro que no gano ese Óscar, pero creo que deberían considerar mi situación para algún otro galardón, sea el Globo de Oro, el Martín Fierro, la Copa Cindor... en fin.

III
- Bueno, basta - me decía Orlando-. ¡Son cosas que suceden! Eso te pasa por tener amigas mujeres, sólo a vos eh... Y te reís, y te quedás preocupado. Jana, dejalo ser... Que le digan lo que quieran, ya fue.

- ¿Y si presento una declaración jurada de que yo no hago eso? Incluso podría presentar testigos.

- No seas idiota. Incluso si hubieras estado saliendo, no podría pasar nada. No seas estúpido. El día de mañana te la podés cruzar a ella recontra enamorada. Y vos te haces drama porque te vieron cenando con dos. ¡Pero por favor!

- Quizás si le explicara. Ella las conoce, sería entendible, ¿no? Aunque nunca le cayó del todo bien Valeria, decía que era demasiado cariñosa. Para qué...

Orlando me tomó por el hombro. Me miró serio, fijo, clavándome los ojos con su furia, instandome a razonar dos minutos que la vida es este entrelazamiento de accidentes.

- Allen -dijo-, crecé de una buena vez por todas. Querés evitar heridos a toda costa y venís fracasando de lo lindo, lo sabés bien. No porque sea todo tu culpa, sino porque no podés entregarle chalecos antibalas a todo el mundo, y además porque vos mismo vas a disparar accidentalmente algunas veces. Chocar. Chocar es muchas veces un accidente, ¿te acordás? Vos sostenías eso. Ahora ni chocaste, te agarraron en aparente infracción. ¿Y?

Quizás Orlando tenga razon, será cuestión de restarle drama. Orlando esbozó una sonrisa, sacó un muñequito del chocolatín Jack, era Sam, el enano de bigotes rojos de Bugs Bunny.

- Tomá -dijo Orlando riendo-. Sólo te podía pasar a vos, que te agarren con dos minas diferentes y no estar con ninguna. Te ganaste el premio a mejor verdad insostenible.

2 comentarios:

Noe Locutora! dijo...

"Verdad insostenible" nunca mejor descripta! Odio eso, porque soy muy desconfiada y actúo con la realidad y coherencia pero por dentro me carcome la duda...y si son esos desencuentros como en las películas? Y bueh...

T. dijo...

Exacto! La realidad y la coherencia, pero hay veces que el azar lo ficcionaliza todo. Sí, como en las películas.