Accidentalmente, y escapándole a las llamas

domingo, 7 de octubre de 2007

I
Sofi: Es increible lo que hace la high society, ¿no? No suelo vincularme demasiado con esta gente, no me gusta mezclarme demasiado con ellos. Pero reconozco que yo también provengo de aquí, de las estrellas, pero no las estrellas lindas del cielo, sino las estrellas artificiales.

Allen: Claro, te entiendo. Yo también tengo eso de renegar de la clase de la que vengo, pero estar lo suficientemente mal criado como para quedarme en ella. Son escapes que uno se hace, y en realidad, cuando uno no se rodea de esto, sigue en la misma, pero como camuflado.

Sofi: Me encanta como entendés Allen.

Allen: Llamás mucho la atención, te digo.

Sofi: ¿Cómo es eso? - Su cara dejaba traslucir cierta sorpresa, y Allen declaró para sí mismo que metió la pata.

Allen: Ya ese mechón rosa declara una actitud, que combina perfectamente con tu pelo oscuro. Y esa mirada... Cuando entré, me miraste, me viste, y te digo que toda una sensación se me subió de los pies a la cabeza, una especia de electricidad.

Entonces ella lo tomó del hombro, casi del brazo, y le sonrió. Le dijo que él también la había llamado la atención. No hay demasiados escuchas de Soundgarden alrededor. Y Allen compartió con ella que él renegaba de sus raices punks, a lo que ella se lo aclaró: "Compartimos eso además".

Estaban ahí, al lado de la consola. La casona de Nordelta estaba llena a rebalsar. Los que no soportaban bailar apretados, cambiaban su locación al jardín, que daba al lago. Los arbustos, habitados por gente que para el imaginario de todos los que habían acudido a la fiesta, estaban de re fiesta, resguardaban las orillas, eran vecinos de un muellecito. Sofia se preguntaba cuándo Allen iba a tomarla de la mano aunque sea. Algo...

No fue la mano, sino el brazo por atrás de la cintura. No fue en ese momento, sino que se demoró quince minutos más. No fue en medio de la masa danzante, sino a un costadito, casi al lado de las escaleras. Sólo le tomó treinta segundos a Sofi posar su cabeza en el hombro de Allen.

Orlando se desplazaba por toda la habitación. Su futura compañera de labios estaba allí, seguro. Nada de cortesías, pues vayamos a la escalera. Después te comento Allen, el tremento ojete que tuviste esta vez.

Felipe observaba a su mujer ganadora de la noche, pero chequeaba que ocurría con la punkie, que le daba tanta oportunidad a Allen. Parece que esta vez te dieron un bonus, nene.

Allen: A veces me siento como un antropólogo en medio de estas situaciones un tanto descabelladas, pues los cuerpos se mueven compulsivamente. Y me doy cuenta las cosas más bellas carecen de sentido utilitario.

Sofi: Claro, es ser uno, por el mero hecho de serlo corazón. Para hacer las cosas con un motivo, está el trabajo, la facultad, todas esas cosas. Lo que verdaderamente te hace sentirte vivo es existir plenamente.

Allen: Me gusta que seamos tan distintos y congeniemos.

Sofi miró a Allen. Parecía una prueba, a ver quién le clavaba la mirada más profundamente a quién. Era ese puente tendido entre ella y él, ese accidente, esa brecha de la cual los dos estaban seguros de saltar, de caerse juntos. El puente tendía una atracción demoledora, solo bastaba mirar.

Allen: Creo que vamos a chocar, Sofi. Y me gusta.

Fue explotar en lo que tanto queríamos.

II
1) ¿Me creerías si te dijera que me has tirado un par de tabues por la cabeza? Tengo esa sensación de que estás acostumbrada a demoler las creencias ajenas de tal manera. Quizás te necesitaba desde hacía rato, aunque creo que nuestra relación esta signada por esta cama, estos besos y los jugueteos con la nariz.

2) Me gusta como mirás, me gusta saber que estás descubriendo algo conmigo. Eso más que nada, tu sensación de renovación hace juego con mis ideas de la revolución sentimental. Sos muy dulce... No suelo andar con gente cariñosa, eso te lo imaginarás. Pero ese tacto al que no estoy acostumbrada.

1) Me pregunto: ¿te seré tedioso? ¿Vos buscabas a algún salvaje, y por accidente te encontraste con el explorador de la jungla?

2) Insisto en que sos muy dulce, y me encanta agarrarte contra el colchón. Hace juego con mis intensiones de tomarte por completo.

1) Claro, a mi me gustan los giros repentinos. Y esa no-conjugación que sufrimos nos ha servido para chocar un poco, generar chispas. Ese mechón rosa me encanta.

2) A me me gusta esa espalda tuya, corazón. La recorrería toda la noche. Sabés perfectamente cómo la recorrería, sé que me lo pedirías. Sé que yo aceptaría, jamás negando que quiero hacerlo.

3) Pensaste que todo estaba terminado, dabas por muerta esta situación furtiva, ante estos simplones que escuchan algo que no entiende que es. Desde abajo la música me aturde, pero no le hago caso, prefiero escucharte respirar tan cerca, mirarme a los ojos tan de frente.

2) ¿Realmente crees que llegamos a ser uno? Interesante tu versión. Decís que este es uno de los grados de comunicación máxima. Quizás tengas razón.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

ejem...
interesante tu version sobre la comunicacion.