Mirá, Gallagher, era sólo cuestón de tiempo. Claro, vos me decés que no le di oportunidad, que no en cuanto alguna promete algo, me resguardo en las excusas de ese pasado que no funciono.
(Maullido de Gallagher.)
Pero no es así. No voy a negar que vivo ciertas dudas que antes no tenía. Ahora estoy más aventurero, vos ya lo notaste. Quizás sea cuestión de acostumbrarme a la idea de que ella ya no es ella, y que entonces debo ir y reencontrarla en otra persona. Es solamente así que lograré salirme de este estánque.
(Gallagher miraba las noticias: había ganado la candidata Cristina. El felino no podía ocultar su desagrado. Allen observaba de reojo, ya estaba resignado desde hacía días.)
Tarde porque habia mucha gente. ¿Esperaste demasiado para tu comida? Qué querés que te diga, creeme que en la cola para votar deseaba poder tomarme una cerveza. No paraba de sonarme el celular, me rompían las pelotas todo el tiempo. Y que corté que estaba por entrar al cuarto oscuro.
En la otra mesa estaba votando Orlando. Ese pibe es un personaje, se ponía a hablar con la mina que estaba a su lado, haciendo la cola para votar ella. Y caía de sopetón a visitarme. Casi dos horas para votar. Me decía que vení, que hay dos, ponele onda. Yo nada. Desde hace tiempo que noto eso: tengo muy poca onda y no sé por qué me sale así.
(Gallagher se debatía entre las observaciones de Allen y el noticiero. Este gato ya sabe demasiado, hace análisis de la vida de su dueño y de la política nacional, los dos en paralelo... En una de esas maneja precisiones que nosotros no podemos siquiera percibir.)
Gato, la verdad es que sos un maestro. No pongas esa cara. Sos el felino más informado de la nación, la verdad que un orgullo vivir contigo.
(Entonces el gato se levantó, hizo algunos pasos estilizados, suaves, saltó al sofá, y se tiró al lado de Allen. Ambos se miraron la tele un rato. Allen destapó una Corona, le puso un limón, y comenzó a celebrar el final de la veda. El gato lo miraba.)
Decime, vos que sos más inteligente que yo: ¿Pensás que tendría que haber seguido a Orlando? Sabés con quién estuve ayer, con Dali. me gusta esa chica, pero está difícil la mano. La verdad que no da espacio para maniobrar. Es macanuda, pero te juro que remarla costaba horrores.
(El gato posó una de sus patas en el regazo de Allen.)
¿Es eso un sí? ¿Debo ser menos Allen y más Orlando?
(¿Ronroneos afirmativos? Allen no sabía, y no le convencía la versión Orlandística, aunque se divertía mucho con ella.)
Resulta que Orlando terminó de votar quince minutos antes que yo, y se vino para donde estaba yo. Entonces, trataba de hablar con la hija del tipo que estaba adelante mío. Buena onda, hasta qye me metió en la conversación. Me acordé de la fiesta en la que Bob me presentaba a la gente como el líder de la banda. Me daba cosa, no me sentía cómodo. Pero el boludo este me empujaba.
(El maullido sonó a risa, pues el gato estaba muy al tanto de los replanteos de Allen. Seguro estuviera adelantando hipótesis. Los datos que manejaba Gallagher le indicaban un tire y afloje entre Allen y Jennifer. La realidad, que Allen se había guardado, era que Jenny ya era historia.)
Ah... No salgo más con Jen. Sé que no te caía bien. Sinceramente, no la entiendo. No tengo ganas de andarle atrás, si eso es lo que ella busca. No quiero ir a correrle atrás, quiero a lo sumo que los dos estemos empatados. ¿Soy tan utopista? No me maulles de nuevo.
No sé. Gato, vos sos el omniciente, quizás alguna vez me puedas tirar una punta de cómo hago para no meter tan seguido la pata, o por qué en este país siempre ganan las elecciones los mismos tres salames.
(Y Gallagher volvió a prestarle toda su atención al noticiero.)
Conversaciones 2
domingo, 28 de octubre de 2007
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