Me voy.
Y es ahora que pienso la cantidad de veces que me he ido, muchas veces para no llegar a ningún lado. En realidad, uno se da cuenta de que no pertenece a nada, que quizás ni siquiera es hogar de uno mismo. La total falta de pertenecia.
Y recuerdo todas las veces que me fui, que dejé gente atrás: dede una madre en su casa hasta amigos del secundario, ocasiones de festejo que prometieron pero jamás cumplieron, amigos de toda la vida que duraron algún que otro cuatrimestre. Familiares, compañeros, amigos, al amor de mi vida y esa implacable capacidad de cambiar las cosas que una vez tuve.
Es raro, porque al fin y al cabo uno termina desarrollando un sentido de la transitoriedad bastante molesto. Jamás ha funcionado bien. Jamás lo he visto funcionar bien.
Entonces podría desarrollar una serie de hipótesis de por qué no me quedo jamás, porque dejo a los demás siempre en la historia: quizás sea porque jamás logro mi plenitud, que mi inmutable ser se mueve intentando descongelarse.
Otra opción es que soy un accidente, que la historia la hacen los otros y soy sólo parte de una circunstancia sitacional. Ambas explicaciones me resultan.
Dejo los mediodías, las carcajadas, los huevasos, los guiños de complicidad, los proyectos imbéciles, las malas ideas, el ruido de la guitarra, las quejas online, los destellos de Medrano, las implicancias de tu sonrisa, las revoluciones industriales, las bombas de tiempo y el pánico.
Pero no puedo más que retomarlo, otra vez, de momento. Hasta que escape de nuevo.
Me toca irme una vez más, y no ceso de construir esa imagen de mi como ese ser abandonadizo, que siempre se va, que muchas veces ni siquiera avisa de su partida. Es un escape inevitable, un modo de existencia. ¿Será que jamás logro estar realmente en ningún lado? ¿Será mi irrelevancia?
Hay caras y expresiones que no quiero olvidar, que desearía mantener vivas conmigo, quedándome. Hay sismos que desearía no tener que provocar, vuelos que me gustaría no estrellar...
... Pero creo que ya soy así, irrefutablemente, un escapista.
Leaving song pt.1
jueves, 25 de octubre de 2007
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5 comentarios:
"Una vez mientras la adormecía y ella no había pasado aún de la primera antesala del sueño,le dijo: "Bueno, yo ahora me voy". "Adónde?" le preguntó. "Me voy", dijo con voz severa. "Voy contigo!" dijo, y se incorporó. "No, no puedes, me voy para siempre", dijo, y salió de la habitación al vestíbulo.
Ella se levantó y con los ojos entrecerrados fue tras él. No llevaba más que un camisón corto, sin nada debajo. Su cara permanecía impasible, inexpresiva, pero sus movimientos eran enérgicos. Él salió del vestíbulo al pasillo y cerró la puerta. Ella la abrió bruscamente y fue tras él, convencida en su sueño de que quería irse para siempre y de que debía detenerlo. Él bajó las escaleras hasta el primer descansillo y allí la esperó. Ella llegó hasta él, lo cogió de la mano y se lo llevó de regreso a la cama." (Tomás y Teresa. La insoportable levedad del ser. M.Kundera)
LLego cuando te vas?
Quizás, pero no significa que me vaya definitivamente. Ni que llegues definitivamente...
En fin...
Tommi, si estamos de paso en este mundo, en esta vida, ¿cómo no vas a estar de paso en todas tus circunstancias?
Ea! coincido con el amigo Perry!
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