Era la previa del sábado. O de lo que fuera, porque en realidad no era imposible determinar si era una noche de sábado como corresponde, o era simplemente una imitación de fin de semana. Había sido el cumpleaños de Ludi, personaje personaje que lleva su historia aquí. Entonces, firme con ese hábito que me ha traido problemas, me dispuse a la entrega un paquete ideado a tal fin. Momento lúdico de Ludi, o algo así le había puesto.
Debo decir que me encantan mis misiones de este estilo.
Para variar, una tormenta amenazaba todo lo poco que quedaba de fin de semana. Esthershack me había dicho de juntarnos a comer -tarde- en La Farola.
Esthershack: Dale, que después te vas. Según Bob tendrías que hacer fiesta, te vamos a extrañar.
Allen: Son sólo vacaciones, ¿no?
En fin, perdón por perderme en tan efímero relato (Felipe Esthershack, difícil de hacer enojar, me puteó porque llegué como once y media, pero no importa). Tiré el auto frente a un garage en la cuadra de la calle Peña al 2000. Esperaba que el dueño no pretendiera entrar o sacar su móvil en esos minutos.
La escena era simple: si bien el encargado del edificio estaba en su escritorio, leyendo una revista, lo único que debía hacer era dejar en el buzón la cuestión y largarme a la pizzería (A propósito, otro de los litigios con Esthershack fue a cuál Farola concurrir. Logré negociar la de Urquiza, que tiene buena milanesa con fritas, porque no tenía ganas de tirar hasta zona norte). Entonces me cayó la pregunta... ¿Orlando estaba ok con todo esto? Ludi era para el ese espacio en blanco que si bien era pasado, se caracterizaba por una permanencia a veces incómoda.
Frente al edificio de Ludi, me dispuse a tomar la medida de precaución de consultar al susodicho. Celular y...
Orlando: ¿Qué?
Allen: No es nada loco, sólo que vengo a dejarle el regalo a Ludi y me figuré que sería bueno consultarte sí estaba bien.
Orlando: Pero, ¿decime qué tengo que ver yo ya con eso? ¿Está ella?
Allen: Esperá, no me pongas en esa situación, si ella está o se fue es tema de ella, ¿no?
Orlando: Bárbaro. Entonces, ¿para qué me llamaste?
Allen: Sólo una consulta. Dejo el paquete. Es que vos sabés, vos sos mi buen amigo, ella también es amiga. La otra vez me contó que anda medio ciclotímica, que cree que es ansiedad. Pero bueno, no importa. El tema acá es cómo estás vos con esto. Total, es sólo un regalo.
Orlando parecía menospreciar la atención que yo estaba teniendo para él. Luego Esthershack justamente me preguntó lo mismo: ¿Para qué lo llamaste a Orlando? Ya fue, además seguro Ludi ya está con otro. Acto seguido, me reprochó que se había tenido que tomar una Stella él solo mientras me esperaba.
Orlando: Todo bien. No voy a negar que alguna vez me llamó la atención la buena relación que tienen. Pero entiendo, además sé que no andás con ella porque estás con Day.
Puf, me senté en la vereda. ¿Para qué trajo a Day a la conversación? Miré al cielo. Todo nublado, seguro se iba a largar. Por suerte el dueño del garage no había aparecido.
Allen: Claro. El otro día Day me dijo que tengo demasiadas amigas. ¿Pensás lo mismo? ¿Demasiadas amistades femeninas tengo?
Orlando: Sep. De hecho, cuando no estabas en pareja llamaba la atención. ¿Cómo mierda no andabas con Paula, eso jamás lo comprenderé?
Allen: Paraaaa... Bueno no nos desviemos del asunto, que me espera Esthershack.
(En La Farola de Olivos Esthershack es un personaje conocido, pero en al de Urquiza no. Me imagino que se molestó por estar esperando solo de visitante... aunque considero que no es tab grave, además, llegué tarde por una buena causa y por tomar todos los recaudos al respecto, ¿no?)
Orlando: Bueno, mirá. No me muero porque continues tu amistad con ella. La última vez me re puteó, no quedó todo liso. Yo qué sé.
Estaban empezando a caer unas gotas. Era el signo irrefutable de que tenía que apresurar la gestión.
Allen: Entonces, todo ok. Yo sé cómo son estas cosas. Acordate de cómo cerré los canales de comunicación yo con Guille o July. En realidad, fue eso lo que me llevó a consultarte. Porque por ejemplo, Esthershack tenía buena relación con July. Jamás me consultó, aunque le hubiera dicho que estaba todo ok, viste. Después dejaron de verse, y me quedó la duda de si dejaron de ser amigos por algo relacionado a mí.
Orlando: Jana, pará de hacerte problema por pelotudeces. Dejame de hinchar las bolas, dejá el regalo y andate con Esthershack. Después nos vemos en Video Bar.
Allen: No, que Video Bar está lejos.
Orlando: Para vos.
Allen: Creo que vamos a Serrano, tengo ganas de ir a Sullivans o quizás a Van Konning.
Orlando: ¿No se supone que tenés que ahorrar? Ya estás casi afuera...
Es cierto. Planeo jactarme ante Day sobre la fuerza de voluntad que tengo. Dejé mi conversación con Orlando, ya que también lo estaba retrasando a él, que en definitiva luego se juntaba con nosotros. Dejé el paquete en el buzón sin problemas -no lo podía creer- y llegué al auto medio mojado, pues las gotas ya comenzaban a duchar Buenos Aires. Menos mal, los últimos días el calor había sido intenso, tanto que me costaba pensar lúcidamente.
Antes de llover
martes, 3 de marzo de 2009
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