Such a rational kid

lunes, 9 de marzo de 2009

(Oh... He is such a rational kid... makes you want to hit him till...)

No debe ser difícil, sólo es cuestión de tomar el primer paso. Ahora, cuando ella se encuentra tirada en el sofá un domingo luego de habernos perdido el uno al otro en plena noche de sábado, dar el primer paso se asemeja a:

- revolver ese cuchillo que aún tenemos clavado en alguna parte del cuerpo, pero no podemos precisar en cuál, pues la resaca no nos permite tener una noción concreta de nuestro cuerpo.

- revelar que realmente te importa todo eso que entonces decías que no te importaba, por lo que estarías traicionando esa estúpida religión que inventaste para vos mismo hará al menos unos 5 años (o 15 minutos, por qué no), que caló hondo en tu ser.

- como admitir, tú con 4 años mentales, frente a tu madre, que lo que piensas y sientes y haces no es del todo correcto y entonces hay que hacer penitencia de una forma ridícula en un rincón.

Ahora, es ella la que también se pone en tal situación. Me doy cuenta cómo le cuesta decir las cosas, y más, cómo le molesta pensar que yo puedo ser un ser irracional e incoherente. Ante todo, es difícil para alguien que está tirado en un sofá reconocer que esa especie de ser oligofrénico del sábado a la noche con cinco cervezas encima era casi el mismo tipo que el del viernes a la tarde que le trajo chocolates y una sonrisa elocuente.

Entonces ella rompe el hielo, porque tiene mucha más coherencia y cohesión (y pelotas, por qué no) para confesarme que también le molesta el trato que yo tengo con esa tilinga (que no es precisamente una tilinga, pero bah).

Lo peor de iniciar una conversación es que temo que va a ser más grande que el tremendo dolor de cabeza que me hace pensar que voy a morir irrefutablemente de una hemorragia cerebral. Pero contesto algo lo más delicado posible, algo como "la puta madre, callate por favor". Se da vuelta y mira el resto del sofá, que le debe resultar mucho más ameno que mi cara de quebrado mal educado.

Me imagino que tras algunas horas de trabajo lograremos que ella reconozca su paranoia y yo reconozca los cinco litros de cerveza del sábado a la noche.

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