Dos segundos

miércoles, 20 de mayo de 2009

I
- Una especie de magia boludo, posta. El resto, no sé, la verdad que no lo puedo creer. Encima la piba me manda mensajes, y la verdad, me cuesta pensar en eso. La imagen de Paula mandándome a la mierda no me la sacan más de la cabeza nunca más.

Paliers fumaba peseándose por el living, mientras Bob y yo analizabamos su caso. Yo estaba sentado en el puff, mientras el doctor estimaba el caso cuidadosamente desde el sillón rosa. Había llegado a oídos de Paula lo sucedido el sábado anterior a la noche, momento en que:

II
En realidad, no teníamos nada en común, salvo esa especie de desubicación en el lugar. No me gusta la electrónica, no da para nada, uno no puede siquiera hacercarse a charlar con una chica. Por otro lado, las que hay, la verdad, no me gustan. Pero ella era diferente. Tan diferente como me parecen todas tras cuatro tequilas y un cuba libre. Ella, tan rubia, tan egocéntrica, tan libertina, me cayó bien de entrada.

Cuando se me acercó, no le entendí lo que dijo. Le contesté que sí con una sonrisa, pero la verdad, no tenía los rastros de sus palabras. Se quedó a mi lado, bailando. Pensé que era como Capusotto, bailando como un pelotudo con una mina al lado. Cuando vi que se llevaba un cigarillo a la boca le ofrecí fuego.

- Gracias.

Nada en común. Creo que ella trabaja de contadora, aunque no recuerdo bien. Recuerdo que sus besos eran fogosos, casi violentos, una inspección de amigdalas.

III
- La verdad, una pelodudés - dije al escuchar la historia.

Bob no había dicho nada hasta el momento, simplemente tomaba algo de su cerveza y ideaba un veredicto, consejo, artimaña o lo que fuera.

- Ni idea de que alguna amiga de ella andaba por ahí -contestó Paliers-. Yo estaba concentrado en la rubia. Imaginate que mi nivel de registro de la realidad era ínfimo. Además, ni siquiera me acordaba de que Paula existía.

Se me hacía difícil entender cómo se había dejado llevar tan a la ligera él, que es de los más inteligentes que conozco. En realidad, me daba bronca todo el asunto, porque ahora Paula andaría con un humor de cuarta. ¿Cómo estaba? En definitiva, tampoco creía que la relación durara mucho más, pero...

- No se trata de elecciones, Allen. Cada uno tiene sus mambos, ¿o no? Por otro lado, Paula y yo no eramos novios, no eramos nada. Simplementae nos acompañábamos.

Ese tipo de cosas son siempre iguales. Como freelancer del amor está todo bien hasta que le compran a otro. Entonces se arma, muchachos.

- Una pelotudés - dije.

- Bueno, en realidad, podrías no haber sido vos -dijo Bob-. En una de esas parecías de lejos. Lo que pasa es que no negaste nada. ¿Estabas aburrido de Paula? Me da la impresión de que no tuviste mucho ímpetu a la hora de defenderte.

Quizás. Cierto es que Paliers andaba medio perdido, un tanto raro, otro tanto normal. Eso no es común en ese tipo.

- En realidad - acoté -, lo que hiciste lo hiciste al pedo. Es decir, te agarraste a una mina de la cual ahora no querés saber nada y a Paula la hiciste mierda. Aunque no fueran novios, y todas las alucinaciones que se te ocurran. Si querías hacer la tuya la mejor era ir de frente, no estas pendejadas.

- No es tan simple -se enojó Paliers-. Si, vos lo planteás como que es todo fácil, mirá el amor es tan fiel, nos quedamos juntitos y somos felices. Eso es una reverenda estupidez. Sino pensá en tu propia historia, Allen: cuando te mandaste a decir las cosas armaste quilombo, tenés a una de las personas más importantes de tu vida con la cual no te dirigís la palabra y luego Valeria te costó un amigo. Salvo que pienses que me estás hablando desde la experiencia, lo cual te hace aún más idiota.

- Desde la experiencia te hablo, claro. Pero además, creo que tus objetivos son un tanto pobres. Una rubia es una rubia y ya.

- ¿Un tanto pobres? En última instancia, es todo cuestión de ensayo y error, ¿no te parece? En cambio, si no mal recuerdo, lo tuyo fue error y error, pues Julieta terminó siendo tu propia copia, mientras que Guillermina terminó por darse cuenta que era mejor un tipo maduro antes que seguir flagelándose con vos.

Me costó dos segundos pararme y empujar a Paliers. Le tomó otros dos segundos contestar furibundo con la mirada. Bob decía algo, pero no le dimos pelota. "Pará pelotudo". Hay momentos en los que no sé frenar, simplemente estiré mi brazo. Pero Paliers, más rápido, hizo alunizar una trompada en mi cachete izquierdo.

- La puta que te parió.

- Muchachos -intervino Bob-. Quizás sea mejor que nos tomemos con calma nuestras cervezas.

- Quizás - dijo Paliers, mientras se fijaba cómo estaba yo-. Se me fue la mano, es que pensé que ibas a pegar.

Me costó dos segundos pegarle. Fue hermoso.

- Ah bueno, la escena es genial ahora - dijo Bob.

Mientras yo continuaba tomándome el cachete, que dolía bastante, Paliers se agarraba de la mandíbula. Lindo cross.

- Puta madre. Boludo. Bueno, está bien, es justo...

- Pueden dejarse de boludear - dijo Bob-. No se trata de que seas un imbécil, Paliers. Son cosas que pasan, vio. Lo que no te vuelve inocente, pero en fin, la historia es la historia. Y vos, Allen, sí, sos medio extraño con tus cosas, tenés una tendencia a repetir cagadas de innovadoras formas. Pero ya está, quedate tranquilo que de última siempre tenés algo que contar.

- O no... - acoté.

- Me llegó un mensaje -dijo Paliers-. Ah, rubia estúpida, ahora se te ocurre...

- Fijate. Esa mujer ya tiene el sinsabor del desastre.

- Ojo -dije yo-, que a veces es eso precisamente lo que las vuelve tan atractivas.

Paliers se puso a contestar el mensaje. Yo encima había quedado en cenar con Paula el jueves. Vaya a saber con qué me encuentro. ¿Deprimida, enojada, o revolucionaria? Todo sea por sostener lo que sea normal.

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