olvidos

lunes, 8 de junio de 2009

Un sábado nos puede ocurrir cualquier cosa, pero no este. Pareciera que el destino, esta vez se ha confabulado en nuestra contra. O en realidad, nosotros lo confabulamos. Ahora me encuentro aquí, en Ringo, en pleno cumpleaños de Esthershack, sin demasiado que hacer.

Esthershack: Es que los soldados parecen haber abandonado toda chance de batalla, ¿no le parece, general Orlando?

Contesté que sí, que eso me parecía indignante, una zona de desastre. Ya iba por mi segundo vodka y nada parecía moverse en absoluto. Lo peor, comenzaba a caer mujeres, pero me sabía abandonado. No podía confiar en Felipe, pues él iba a ser el centro de la fiesta. Pero estos dos seres arruinados la verdad que me habían hecho la noche. Sólo me quedaba esperar a Paliers, claro.

Oliver estaba acodado en la barra, casi ni hablaba, escuchaba nuestra conversación. Era claro que no tenía muchas ganas de estar ahí. No lo entiendo, muchacho, ella se fue, ya está, no la sufras tanto, mirá que linda cara tenés a tu derecha. Por qué mierda se enganchan cuando saben perfectamente que no hay q engancharse.

Lo que queda de Oliver... tenemos que rescatar a ese sujeto de alguna manera, pues no vale la pena que esté así. El problema es la sumatoria de este sujeto, Allen, que retomó sus hábitos de disidente. Creo que las mujeres para él son como su copiloto, esa forma que tiene de medianamente atarse a la realidad, ser un poco coherente. Ahora está más preocupado por beber cerveza y adoptar alguna pose alucinógena, antes de que ir de levante.

Pero que digo, él nunca fue buen compañero para eso. Oliver es más versátil, tiene más carisma. En cuanto Paliers, podría...

Esthershack: Estamos hablando del Cata Díaz. Vamos, si yo hubiera pagado una platea para ver a mi equipo ganar por un solo gol, y que encima lo haya marcado el Cata Díaz, por favor... que me devuelvan mi dinero.

Oliver: Sep. En realidad es cierto. El miércoles no parece muy luminoso.

Parecía una especie de robot, sin demasiadas ganas de vivir. Se notaba que ninguna de sus palabras contenía más sentimiento que una depresión gris, que ya lleva semanas. Por favor viejo, basta.

Allen, sentado en la mesa, no hacía más que beber cerveza y hablar con Luna. Ah, claro, eso. Ambos coinciden ahora en cuán solitarios están. De ninguna manera se dan cuenta de que hablando ellos dos solitos no se les va a acercar nadie. Encima conozco esas charlas, ya uno termina asqueado de tanto sentimentalismo barato, comprable en cualquier telenovela o historia de quinceañeros.

Luna: ... de mala, creeme. Pero tampoco puede llamar así, las cosas están un tanto delicadas, los cristales se rompen, uno no puede caminar así nomás como si nada al lado del otro. Encima eso, pispear, insinuarse.., ¿para qué? si a fin de cuentas somos historia.

Allen: Quizás no lo hizo apropósito, viste. Solemos ser idiotas por deporte nosotros, pero además en una de esas tiramos jugadas sublimes y sin objetivo alguno.

Luna: Dejá de justificaro.

Ahí estabamos, claramente aburridos, no pasaba nada. No entiendo por qué Esthershack no hizo su usual fiesta en su usual casa. Pero claro, encima antes contabamos con la presencia de las amigas de las novias, que eran un nicho importante. Justo cuando la amiga de Day que está que raja la tierra está disponible, esos deciden cortar la cosa. Ly no viene, no ten go fija.

Estherhack: Ahora sí, viene Lorena, y esa es mía.

Otras vez la misma historia de siempre. Lorena franeleandole a Felipe, y no es que esté bárbara, pero no puedo hacer nada. Todo porque este le tiene ganas y nunca hace nada. Así no llegamos a ningun lado.

Oliver: Este lugar es oscuro... y me parece que la cerveza es cara -dijo con cara de amargura.

Una idea brillante. Se queja de que el bar es oscuro. Una verdadera degradación de este muchacho.

Allen: Mirá, peor es cuando a uno no le gusta nadie. Cuando no hay nadie a quien querer, nadie a quien desear, todo es una cagada, un embole, no sirve para nada, es un escándalo en mute.

Luna: Pero sinceramente, desearía al menos estar en paz un rato, no puede ser, estoy agotada, se me van las horas pensando y pensando, tengo que dispersarme.

Luna tomaba de su sex on the beach, mientras Allen iba por la tercera cerveza. Intentaban su mejor olvido, pero no se daban cuenta que se dedicaban a recordar toda la noche.

Me siento un pirata solo, me siento un abandonado nocturno, un capitán cuyo equipo se ha fugado. Encima los veo, esos sujetos que solían acompañarme tan bien... Ringo se iba llenando, iba alcanzando su nivel de siempre. Pronto sería hora, tendría que mandarme solo. No es que haya problema, pero quisiera que algunas cosas retornaran. En fin, a la rubia.

0 comentarios: