I
Ah, pero no importa que trates de que la realidad no se agriete. ¿Vos te pensás que por que te manejes así con tus cautelas, nadie puede ponerte en situaciones complicadas? Por favor, a esta altura del partido esa serie de utilerías nos es prescindible...
- La realidad -decía Bob-, es irrefutable. Digamos. Vos ves este chop y yo también lo veo. Y vos escuchás mis palabras porque yo hablo y te miro y vos me percibís.
- Básicamente vamos con algo así -contesté-: claro, nos vemos. Pero dar eso por supuesto me parece una paparuchada, doctor. Porque vos me ves y yo te veo, pero no llevamos la misma mochila de supuestos, porque vos ves un chop y yo veo mi chop, porque está un tanto lleno de cerveza no tan caliente ni tan fría. Por otro lado, creo que si basamos la realidad en chops desvirtuamos la cosa.
- Bueno bueno. Pero la realidad es irrefutable, yo sólo presenté un ejemplo simple.
- ¿La realidad es la sumatoria de experiencias dispares, distintas y que de alguna forma se niegan y confirman las unas a las otras?
- Claro, supongamos que por ejemplo, Day es para mí familia y para vos tu ex. Un mismo referente para dos mundos ciertamente en pura distancia incapaz de evadir la elocuencia.
- Por ese lado quería ir. ¡Los chops no son más que parte del cuadro! De nada nos sirve decir que existen. Nos sirve más ver qué ocurre con ellos, si estamos sentados en la terraza de un bar en plaza Serrano con un amigo, en La Rosadita con una dama o arrojados en cualqiuer otra circunstancia, por ejemplo en Barrancas de Belgrano.
II
La realidad parece un tanto áspera cuando el 60 te hace luces a dos metros del auto. La avenida putea, el bondi putea, yo puteo. Todos puteamos, vosotros puteaís, ellos putean, ella puteará. El auto se encuentra detenido medio cruzado en Juramento, casí en la vía, claramente mal ubicado. El 60 frenó, porque venía lento, iba a doblar para tomar juramento.
Cinco minutos antes yo manejaba por juramento, dirigiéndome a Libertador. Llevaba a Verónica, pues ella vive en Libertador y Olazabal (creo, ya saben, no soy bueno ubicándome). Ella estaba un tanto alegre, yo otro tanto cansado. La sinceridad era que no tenía ganas de alcanzarla hasta la casa, que me quedaba lejos y ahora tenía que volver.
Verónica es así: entre el silencio decide vomitar frases del estilo "¿Y por qué me odiás?". Me da sueño cuando la escucho decir esas cosas ya.
- Siempre me tratás mal - me dijo Veronique casi llegando a las lomas, donde comienza el verde y están esos edificios en los que uno se pregunta quién mierda vive ahí y cuándo heredó ese balcón.
- No te odio -respondí sin ganas-. De hecho vos me tratás mal a mí, yo siempre te resuelvo todo en la oficina.
Risueña y un tanto alcoholizada sonrió. Se arrimó a mi y me abrazó con toda torpeza, casi arrojándose contra mi. Ese movimiento me hizo perder un poco el control del auto de tal forma que quedamos en la mano contraria. Mi breve experiencia con vehículos fuera de control me dice que: no me gustan.
III
- Etapas -le explicaba a Bob-. De eso se trata ¿no? El ser humano es un animal de ritos: navidad, cumpleaños, día del niño, divorcios y bart mitzvas. En este caso, uno que se iba del trabajo, entonces, juntados en El Carnal. Pero ante eventos no menos relevantes, las señales son más sutiles.
- Ajá... - Asintió Bob, mientras extendía el brazo llamando a la moza. Era otra Quilmes Bock.
- ¿Cuántas miradas pueden ocurrir entre dos personas hasta que crucen la primera palabra? Yo diría que uno habla de antes de mover los labios, porque tanta actitud destilada no ocurre de forma gratuita. Sinceramente no tenía demasiadas ganas de hablar con Verónica, pero yo qué sé.
Bob quizás descreyera un tanto de las cuestiones. Es decir, que no tenía ganas de estar con Verónica y que a pesar de eso terminé teniendo una larga charla con ella y hasta la llevé a la casa.
- Simple: estaba medio tomada. Nadie más con auto a la 1am. No la iba a dejar volverse sola.
IV
Había logrado frenar. Creo que el momento en el que la realidad de Verónica y mi realidad coincidieron fue cuando ella miraba con los ojos bien abiertos el 60 parado frente a nosotros. Todo converge en algún punto, ¿no? Probablemente la realidad del señor bondi driver fuera otra, pues se asomó para decir "qué hacés pelotudo" y algunas otras cosas más.
Mi reflejo fue mirar hacia atrás. Claro que había autos atrás, sino hubieramos chocado. Entonces fue aproximadamente en ese instante en que Verónica comenzó a decir varias veces en continuo "perdón perdón perdón". Mientras el bondi driver me miraba con cara enfurecida decidí que la mejor opción era acomodar el coche para cruzar a discresión la barrera y huir hacia Libertador.
- Perdón, perdón, no me di cuenta.
- No te hagás problema, menos mal que el colectivo no iba rápido - contesté forzado a mirarla. Pues no podría no mirarla, porque entonces se va a pensar que la odio y... - ¿Estás bien?
- Sí si, solo me quedé nerviosa.
V
- Ok, esa es la parte crucial - satirizaba Bob-. ¿Qué hará nuestro antihéroe? ¿Reconfortará a la dama? Es difícil, porque vos querés dejarla en su casa e irte, pero sabés que está mal dejarla así nomás, entonces tenés una especie de cruzada dentro tuyo que sabés que va a ganar el caballero. Bah, te conozco, va a ganar el caballero.
- Sí, la dejé en la casa. Le hablé, le dije que no se preocupe, que bueno, que no se dio cuenta. Pero que tenga cuidado, que...
- ¿Y?
- Sólo eso, hablamos un poco más en la puerta de su casa. Seguía diciendo perdón perdón perdón. Me imagino que le habría agarrado vergüenza o no sé cuál es el sentimiento correspondiente. A esa altura nuestras realidades no coincidían más. Luego simplemente entró.
- Linda forma de terminar la semana - rió bob-. Por ejemplo, si siguieras de novio con Daytona y a sabiendas de que Vero al menos tiene algún filito con vos, ¿la hubieras llevado a la casa? Un hecho al que se le suman tres realidades dispares, por no mencionar la mía de mero testigo hipotético.
Dije que sí, que la hubiera llevado lo mismo, pues no tenía importancia. Por otro lado sostuve la hipótesis de que mi estado civil era condición sinequenon de que Verónica hiciera o no ese movimiento en el auto.
- ¿Te parece? Allen, sabés perfectamente que en ocasiones dejamos nuestra coherencia y alguna vez te habrás dado cuenta que estabas haciendo algo que dijiste que no ibas a hacer.
- Claro, definitivamente. Pensamos que tenemos la teoría, y muchas veces vivimos la teoría. Pero jamás podemos totalizar.
Nuevamente Bob se estaba adelantando a mis desarrollos. ¿Si dijera que todo lo que sigue yo lo había pensado en diferido cinco segundos antes? Pero el guacho ya se me había adelantado:
- Lo cual implica que Verónica hubiera sido consecuente en cualquiera de los dos mundos recién bosquejados. Y también, lo cual nos llevaría por ejemplo a poder dar crédito al teorema de Rocío "Yo no suelo hacer estas cosas". Porque perfectamente ella puede adherir a esa teoría pero, al menos en los sucesos conocidos, haber caído en la falla que la derrota.
Puse cara de culo, no sólo por Rocío sino por otras tantas cosas que Bob acababa de tirar por la borda. Puta, me hubiera gustado llevarme el crédito por eso.
Convergencia, y lo que venga después
martes, 24 de noviembre de 2009
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