La nulidad

lunes, 30 de noviembre de 2009

- Cuando digo que voy a dejar el alcohol eso tiene tanta validez como cuando digo que voy a dejar de leer a Foucault. Es sólo cuestión de que te propongas algo para que repentinamente el mundo atente contra vos. Es un hecho, ni se te ocurra dudarlo.

Allen vagaba por Las Heras, por el parque maldito de Las Heras, El Cemic y todas las imitaciones que la noche porteña pueda ofrecer. Se encontraba un tanto perdido. Esthershack lo había llamado para salir. "No tengo ganas de salir", había respondido Allen. Acto seguido tomó las llaves, cruzó la puerta hacia el pasillo y salió a caminar.

- Y la noche está linda. El día estuvo lindo, aunque para nosotros no existen los días soleados.

Allen hablaba con un gato negro que casualmente encontrábase vagabudeando por el parque. Los autos pasaban por la avenida, los transeuntes concurrían a sus dispensers con botellas en la mano y alguna que otra idea sobre lo que es esto de vivir. "So there´s the sober, the drunkies, the druguies and... somwhere else", dijo Allen.

- Mirá, es evidente que nadie sabe a dónde va esto. Quizás vos tengas alguna idea, pero, claramente no vas a compartirla. Ojo, todo bien, sé que no es porque seas canuto, sino porque quién mierda te haría caso. Por favor, decime, somos todos tan tontos para no hacerte caso...

El gato no contestó. Se quedaba al lado de Allen. Ronrroneaba un poco, jugaba. Sería cachorro, seguro. Cuando pasaron un par de quiceañeras riéndose por la vereda de enfrente Allen limitó sus comentarios. Era evidente que él por sobre todos los seres, estaba equivocado.

- Para vos es fácil. No pensás, sólo sentís. Galllagher es un poco así, va más con lo que las cosas son antes que con lo que podamos pensar de ellas. Entonces cuando él se da cuenta de mis pifies me maulla las cosas. El 98% de las veces no le doy bola, pero no porque no aprecie el esfuerzo, sino porque soy un deportista de la nada.

En ese momento Orlando telefoneaba al celular de Jana. El mismo sonaba y sonaba en la mesa del living. Si Allen hubiera reparado en el eolvido lo hubiera disfrutado: "Ah, qué lindo es estar desconectado". Pero no, como se olvidó resulta que no lo disfrutó a conciencia.

- Y decime, ¿vos siempre te encontrás con gente borracha acá, no? Me imagino. La juventud de hoy está perdida, sólo se preguntan por cosas como la internet y no saben quién fue John Lennon, y casi no se les ocurren ideas sobre cómo ser un poco menos coherentes.

- Ahora, vos que sos un pibe de calle, un gato hecho y derecho. ¿Tenés idea de qué quise decir con el "somewhere else"? Lo anoté, pero me olvidé de qué quise decir. Tengo los tres términos: sobrios, ebrios, druguies... ¿El cuarto?

El gato contestó sobándose al brazo de Allen. En ese momento unos pibes pasaron por la vereda, cantando canciones de reggaetón. El gato los miraba, no lograba entender por qué tanto desaforismo.

- Sí. Des aforismo. Digo, porque eso como un aforismo pero con des. El aforismo supone un acuerdo universal, gato. Todos pensamos que eso es así, es un sentido común. Generalmente una frase un tanto vacía. Al que madruga dios lo ayuda, ponele. Pero vamos a Flaubert: El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente. En fin, pueden ser muchas.

- Pero el desaforismo, como buen contrario, está en la otra vereda. Digamos, no es un acuerdo universal entre los hombres y no hace uso del sentido común. Y allí, mi estimado recién conocido señor gato, tiene uno andante. Es evidente que los muchachos estaban mal situados, pues pasaron de este lado de avenida Las Heras y CLARAMENTE la vereda de los desaforismos es la siguiente, de paso, pasaban por al lado del Mc Donalds y se compraban una hamburguesa.

Aproximadamente cinco minutos después de esa charla con el gato, apareció Oliver caminando en la otra vereda. Allen lo llamó con un "Hey" que Oliver no pudo eludir, y fue como si una fuerza lo hubiera magnetizado para que cruce la avenida.

- Janeiro, ¿qué hacés?

- Nada, charlo con el gato.

- Está linda la noche, ¿y no salís?

- Salí. Efectivamente me encontrás salido, afuera, esta no es mi casa. Más allá de todo, si lo decís por "salir con alguien", me harté. Digo, es evidente que esto no va a niguna parte. No pasa nada.

- Esthershack me dijo que iban a una fiesta en Belgrano. Yo ahora me escabullo para lo de un amigo, pero después en una de esas me uno.

- Genial. Mandales postales. Yo la verdad es que no, hoy no. Un sábado a la noche necesito dormir bien, además a esos les van a escupir la teoría en la cara, hoy no pasa nada.

- ¿Cómo que no pasa nada?

- Me lo dijo el gato. Hoy es la nulidad. Deberías quedarte acá, quizás convencemos al delivery de que nos traigan unas cervezas. Hace un rato pasaron unas pibitas de quince, luego unos pibitos de venite. Nosotros ya tenemos como treinta, nos tenemos que dejar de hacer esas cosas.

Oliver miró al gato como pidiéndole una justificación de todo esto. El gato lo miraba sin ronrronear, quizás la petición le pareciera un tanto inoportuna.

- En verdad, pensaba pasarmela solo, ignorar todo lo que pasara esta noche. Justo apareciste vos caminando por la otra vereda y bueno...

- Podrías no haberme llamado, hubiera seguido caminando.

- No, si ya estaba. Ya me habías reventado la soledad, además, estabas desubicado en esa vereda, debía corregir eso de los desaforismos. Algo parecido hizo el boludo de Bentham. Estuvo desarrollando unas cosas de VC para Facebook y me hinchaba con que las pruebe. Lo mismo con ElectricSkies. Le dije que se fuera bien a la mierda. Me fui.

Probablemente Oliver hubiera respondido lo que Deleuze: "perderá su dedicación en poco tiempo, no te preocupes". Bentham hubiera contestado "Lo sé, pero al menos me ayuda a pasar el rato". El gato no hubiera contestado nada. Oliver no contestaba nada. Allen prosiguió:

- En verdad, nada ocurre nunca. Tengo esa sensación de que nunca pasa nada.

Oliver dijo algo de los martes. Claro, porque solían juntarse los martes en El Imaginario, Los Caminantes, El Mojón. "Escupiendo teoría". Deleuze se hubiera quejado: "Lo que pasa es que a vos todo te ocurre por accidente". "¿Y cómo se supone que tienen que ocurrir las cosas?". "Bueno, tiene que ponerse en juego". El gato no hubiera contestado.

Allen saludaba a Oliver, que retomaba su breve viaje.

- Te llamo en un rato, en una de esas te querés venir.

- Claro.

de haber recordado que no tenía el celular, le hubiera contestado lo mismo. Se quedó con el gato negro hasta aproximadamente las 2 a.m., cuando el gato perdió interés en la conversación y se fue persiguiéndo a otra sombra sobre el pasto, que probablemente fuera otro gato.

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