Here´s to you, Mrs. Robinson

lunes, 15 de noviembre de 2010

Los hospitales psiquiátricos son hospitales, pero un tanto más tenebrosos. Jamás pensé que hubiera un ambiente tan gris como un hospital, hasta que ingresamos a mi madre a una institución mental.

Se trata de lugares donde algunos de los enfermos se les permite deambular libremente. Hasta tienen sus habitaciones. "Ella es Celina, intentó cortarse las venas", así te presentan a la roomie. Se trata de enfermos "que sólo representan un peligro para sí mismos".

Cuando mi madre ingresó allí, fue todo un verdadero choque para nosotros. Yo había sido enemigo de esa idea hasta que agoté todas mis opciones de diálogo. Con Jacke nos decíamos que nuestros padres estaban locos. Cada uno tenía sus motivos para hacer suyo ese slogan. Pero realmente cuando te quedás sin armas, realmente ese es el momento en el que te das cuenta de que no podés, de que no das a basto. Y el curso de las cosas se tuerce tanto que terminás haciendo es contra lo que te oponías.

Ingresó de buena voluntad un martes. Su psiquiatra la derivó luego de un ataque de pánico que terminó con su mano quemada por tirarse una olla de agua hirviendo y una silla rota. Ingresó en silla de ruedas, con la mano vendada y sonrisa de empastillada.

Entonces me toco verka cuando entraba a ese hospital, que uno de los enfermeros la llevaba y le hablaba. Ella era una nena. Se había encargado de cortar los lazos con la realidad, o lo que sea que es esto que nos rodea y tenemos en común.

Mrs. Robinson. Una especie de mujer desvalida que no encuentra su lugar. Aprendí a tocarla en el ukelele, en una versión más lenta, más... melancólica. Me hubiera pasado horas tocándola en esos pasillos.

Sus depresiones crónicas la volvieron intratable y demandante. La amargura, que le nacía desde adentro. El desgaste que nos impusimos. Todo. Entonces te das cuenta de que no hay vuelta atrás, que ese atrás generó ese adelante que ahora es un pasillo con gente en batas.

Estaba tan lúcida que cuando la hicieron firmar, lo hizo sin problemas. Porque su enfermedad, estoy convencido, era el miedo. El miedo a hacer todo. Lleva años replegándose, era obvio que terminabamos en esto.

Según Rolland, este tipo de lugares lo único que hacen es posponer la realidad.

Que tu madre desde hace años que venía así. Mi padre entre lágrimas no se podía explicar cómo aquella chica de veinte años tan bonita, había devenido en esa otra mujer que se encargó de desequilibrarnos a todos.

Me gusta pensar en Mrs. Robinson como la versión "pintorezca" de mi madre. Preciso conservar algún sonido bello, porque si me quedo con las imágenes, los pasillos del hospital son terribles.

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