Una conversación que puede ocurrir en avenida Córdoba a las siete de la tarde:
- Yo qué sé, se me escapó. Ella dijo algo de los antepasados Brits, y se me escapó.
- ¿Entonces?
- Se lo tomó como el orto. Dice que la abandonás, que cuánto tiempo te vas, que con quién te vas, de dónde sacaste la plata, qué va a hacer ella.
- Pero la puta. Se pone tan...
Entonces uno se detiene para esperar que el semáforo de Mario Bravo le de paso. Y los taxis pasan como locos, y el 92 brama bocinazos. Y así empieza el dolor de cabeza que sube.
- Jimmy, estás tratando de tener conversaciones racionales con alguien que no puede. Es así mamá. Vos quedate tranquilo, vas a irte y ya. Se le va a pasar, fue el shock. Y bueno, que se enterara por accidente y no de tu parte fue no ayudó.
- Se lo iba a decir.
- ¿Cuándo?
- Cagate de risa: mañana.
El calor. ¿Qué me dicen del calor? Realmente es agotador arreglar este tipo de cosas en cualquier lado, pero en la calles de esta ciudad, ni hablar.
Y por más que uno corte, el tema le sobrevuela la cabeza un buen rato. Y entonces, llama otro:
- Che, ¿me traés una Lomo de Londres?
- Claro, total, la pago en Euros.
- Yo te doy la guita. Quiero la que saca secuencial.
- Depende, si doy con ella sí. Pero no pienso andar recorriendo las calles londinenses en busca de tu puta cámara. ¿Cómo está el Euro?
- Vos tenés que saber eso, no yo. Creo que está en cinco algo.
- Pero ya sé, boló. Ese "algo" quería saber cuánto era.
Corté directamente porque me aburrí.
En el colectivo de vuelta, ocurre lo siguiente: mensaje de texto de JR.
"¿Cómo andás? ¿Cómo está tu mamá?"
Un poquito de explosiones
jueves, 30 de diciembre de 2010
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