- No sé si te acordás de esa idea que nos hicimos al principio, de los chascarrillos entre tus piernas, los azares de jueguitos en el mar, y los roces accidentales. Y en el medio estaban esos desacuerdos que, sostengo ahora fervientemente, jamás supimos manejar del todo, pues siempre los evadimos.
- Sí, claro que me acuerdo, aunque no me gusta tu metáfora, F.
- No es un tema de metáforas, explícitos implícitos o aledaños. Y esto si te lo digo en serio, es un tema de dientes apretados seguro. Tengo esa sensación de que conmigo jamás fuiste libre, que jamás saltaste del risco al vacío para ver cómo se sentía.
- No me eches la culpa de esto, vos sos el que se está yendo.
- Claro… si, es fácil ponerlo así. Me voy
- Te estás yendo, F.
- Me siento obligado a ello.
- ¿Sabés qué? Me tenés podrida con eso de que “no sé qué me pasa”. Efectivamente, no te entiendo ya. No sé quién sos. Te pasaste de rosca con esto del dibujito animado. Te tengo enfrente, y la verdad es que te extraño, pero a la vez, deseo que te vayas ya, y ni hablar de esas ganas de que te quedes…
- ¿Y te acordás que entre los accidentados roces de piernas, en realidad nos queríamos tanto?
- Yo aún te quiero, pelotudo… Te quiero pero ahora te odio. En realidad es un mismo sentimiento que vos disparaste en mi, que dibujaste no sé cómo, un mural que te hiciste conmigo, que tiene partes a color, y partes en blanco y negro. F…
- ¿Ves que el problema no son las metáforas? Te lo dije. El problema es que vos nunca quisiste hacerte cargo de ciertas cosas. No te das cuenta, pero esas omisiones que haces, que pretendés que yo haga, son presencias irrefutables, contundentes, sísmicas que te mueven el piso… que nos mueven el piso.
- ¿De qué cosas no me hago cargo, a ver?
- Sos esquiva para ciertas cosas. No te gustan las etiquetas. Fue cuando me cansé de mantener lo “políticamente correcto” que todo se fue al cuerno. Y aún en nuestros peores momentos, vos no sólo optaste por sonreír, sino que demandabas que yo sonriera a tu lado. No podría convidar esa sonrisa, que era un fiasco.
- ¿Crimen mío? ¿De qué me hablás? ¿De las miradas de complot, de tu amor de plástico? ¿De esas “dudas” tuyas que terminaron socavando el hermoso hombre que eras?
- Primero y principal, de que amaste a un pelotudo como yo… quien no es lo que vos crees.
- Sé quién sos. Pero vos, querido F., tenés un afán por el escape, escape ridículo y chiquilín. Estoy convencida de que te falta crecer, que sos un nene. Te comportás como un nene. Te odio.
- Me quedó grabado la primera vez que me lo dijiste, que me odiabas. Las lágrimas hacían surquitos por tu mejilla, no había bote que pudiera navegar sin naufragar allí. Me acuerdo el tono, los puños apretados, las manos manchadas por esa hemorragia que no cedía. Me acuerdo que me miraste aterrada de repente, me soltaste la mano, te alejaste tres pasos en pleno Juramento, llegando a Cabildo. Me acuerdo que… Estaba la foto, tu foto corriendo de espaldas. Que cruzaste la calle, corriendo como jamás te vi hacerlo. Que intenté perseguirte, pero casi me pisa un auto. Miré para el costado, un tipo me miraba. Entendía todo y no entendía nada en realidad. No sabía. ¿Qué sentido tenía correrte, qué mierda podía yo decir ante semejante imbecilidad que había yo mismo fabricado, envasado y distribuido? Y me fui a lo de Q., hecho una máquina sin sentimientos, hasta que allí quebré.
- ¿Quebraste? ¿Vos quebraste? Sabés que yo no me animaba a volver a casa. Que vagué sin rumbo, hice como quince vueltas a manzana en Olazabal y vaya a saber qué, la calle era un despelote. ¿Era la calle, o era yo que estaba totalmente destruida? No quería verte nunca más. Se me caían los besos por todas partes, destartalados, rechazados por quien fuera mis mejores labios…
- Te duró poco, porque a las ocho estabas en la estación de servicio esperándome. Y ninguno sabía qué hacer. El pibe del playón cargaba nafta, pero no sabía qué hacer. El del shop vendía caramelos y puchos, y no sabía qué hacer. El del auto, que esperaba el semáforo para cruzar avenida del Libertador, tampoco sabía qué hacer. Vos no entendías nada. Yo jamás tuve la más puta idea.
(Si me preguntan, el silencio entre ella y yo duró aproximadamente entre treinta segundos y un año. Me atengo a la rigurosa precisión de estos datos. – Además, cayendo en posteriores reflexiones, ese “te duró poco” ameritaba que B. me partiera la cara de un cachetazo.-)
- Mi amor, maldito F., ¿te enamoraste de otra? ¿Te olvidaste que me prometiste nunca hacerme daño? ¿Te gusta fusilar tus esperanzas, destruir puentes, volar en pedazos mi corazón que es tuyo, que sigue siendo tuyo, pero me lo dejaste tirado, roto, dando vueltas sin ya distinguir cómo es sentir?
- No me enamoré de nadie. Sólo de ti. Y debo admitir, te hago pagar por mis errores, los estás pagando demasiado caro.
- ¿Entonces?
- B., B…, vos… Hay cosas que creo es mejor no decirte… Quiero medirme, para no dañarte más.
- Explicame. Al menos me debés eso…
- Ya lo dije, tengo algo, un desastre interno, se me desbordaron las ilusiones desde el hemisferio izquierdo, intentaron hacer una pirueta para saltar el pedestal donde estabas vos, y parece que todo se fue al cuerno. Creo que vos también cambiaste, que no soporté más el montaje, que no pude más con nosotros, con esa felicidad apabullante, de cartón y papel picado…
- ¿No fuiste feliz conmigo?
- Si, lo fui. Sino esto sería mucho más fácil.
- A veces pienso que tenés una tendencia a la autodestrucción, que esperás que alguien te salve de vos mismo. Querido, no seré yo, pues ya me la cobraste demasiado cara. ¿Qué hago con toda esta sangre ahora?
- Eras todo lo que yo quería. Me trajiste de vuelta de la muerte. Eras todo, todo lo que yo quería… Y eso es algo que jamás debí haber hecho.
- Estúpido.
Y ahí me di media vuelta, me insolé bajo las estrellas, me reventé por décima vez en esa idea de abandonar la tierra, de devolver mi alma, de incendiar mi santuario. Creo que ella me miraba desde la ventanilla de atrás del taxi, que me insultaba en silencio, que lloraba mi muerte. Fue el peor funeral al que asistí en mi vida.
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Tengo las manos manchadas de sangre. ¿Es que he estado en la guerra? Cariño, ¿qué significan esos disparos?
Final
jueves, 26 de julio de 2007
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1 comentarios:
Ole por el nacimiento de un nuevo espacio virtual para la com-unic-acción! después del sábado prometo volverme una lectora obsesiva. abrazote querido Tom!
y acordarse siempre...en el inicio, hay un muerto (De Certeau)
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