Me suena esa canción medio cubana y no sé por qué. Es el efecto post... no me puedo dormir.
Escuché la puerta que se abría. No supe hace cuánto había pasado, pero era obvio que alguien que estaba adentro de la cabaña (pensé que estaba vacía) salió.
Allen: Ah mi querido Esthershack, bienvenido a...
Se acordaba de que la situación ameritaba una bienvenida, pero no recordaba a dónde...
Esthershack: Llegamosssss.
Sí, ahí estaban en el móvil reconstituido de Orlando. Esthershack y su hermano, Charlie, lo acompañaban. Parecen tan contentos, no entiendo que mierda le ven al tenis, no entiendo por qué se emocionan tanto por ir a jugar a eso, no entiendo por qué Orlando y yo vamos con ellos si ni siquiera sabemos lo que es una puta raqueta.
Mientras me dignaba a tomar mi imprescindible café matutino llegaron los otros dos Bob & Oliver. We were ready to rock.
Manejé cinco horas llevando a estos vándalos conmigo, mientras en el Orlando móvil también viajaba un tal extraño que conocí para tal ocasión, decididamente un maldito tenista. Al llegar a Pinamar la sensación fue irrefutable: Un paraiso industrial high class.
Oliver: Uno tiene que meterse en estas cosas de vez en cuando.
Bob: Esto es una grasada jjaja.
Orlando: La verdad, donde fuimos a parar, mirá todas estas casas de gente tan...
Tan snob. Perfectamente saben que yo no pertenezco acá, lo cual agudizará mi mal carácter cuando vaya cayendo la noche.
El complejo era más de lo mismo: pileta climatizada, canchas varias, sauna, ducha escocesa (no tenía ni idea de qué era eso hasta que lo probé), bar, salón de juego. La excusa perfecta para cualquier tipo exitoso que quiera venir a disfrutar de la buena vida, una partida de poquer y un buen vino de 100 mangos.
Allen: Un verdadero refugio industrial, muchachos.
El máximo tolerable de éxtasis para el cuerpo va entre 80 y 160 miligramos. Las pastillas tienen 80. Partidas a la mitad, Esthershack se quedó con 40. A todo esto, habíamos empezado una linda charla con nuestro soon to become médico:
Bob: La tolerancia a las diferentes drogas varía según el individuo, claro. Cada célula tiene receptores, que son los que luego requieren la droga. A medida que va recibiendo dosis, la celula genera más receptores para esa droga, entonces sube la necesidad.
Esthershack ya se había tomado lo suyo, no seguía la conversación. Allen intentaba dar con el hilo, al igual que yo.
Bob: El éxtasis en ese aspecto no es peligroso, la que es jodida es la coca, y ni hablar de la hero.
Oliver: Supongo que todo eso en su cuidadosa medida...
Bob: Siempre con sumo cuidado.
Bob es un tipo bastante limpio en ese aspecto, sólo toma alcohol y no en grandes medidas. Pero el speech parecía dirigido a consumidores de todos los rubros, mientras nosotros alrededor de la mesa debatíamos.
Hey hey, Oliver está más contento que nunca, que maravilla de la ciencia y la ficción. Mantengamos los pies sobre la tierra y hagamos de cuenta que el techo no está en el piso. Seamos normales.
Todo parecía normal, hasta que vimos a Esthershack que venía levitando rápido pasando entre la muchedumbre. Tenía un vaso de speed con vodka en la mano, mientras gesticulaba con la otra. Al pasar noté que un patoba se lo llevaba hacia la salida, corrimos para ver que pasaba.
Desde afuera Esthershack nos puso cara de "qué se le va a hacer", y luego un gesto de me voy a dormir.
Oliver: Hmm... se lo tomó como si se lo mereciera.
Terminé abrazándome con ese completo extraño. Eso es el sistema simpático del cerebro en acción, me lo dijo Bob: son todos tan queribles de repente, que me pueden llegar a caer muy mal.
Mientras Allen seguía trabajando con suposiciones, hasta que un trencito se lo llevó puesto y terminó de locomotora entrando al baño equivocado. A nadie le importó, pero estoy seguro de que varios lo notaron.
Bob: ¿Y Esthershack?
Orlando: Vení que hablamos con estas, una está relojeando...
Me pregunto si Day habrá llegado hasta aquí... Me pregunto si en una de esas todo tiene que ver con todo y esta trama en realidad viene de otro lado. He aprendido a leer las ausencias y omisiones con demasiado detalle, casi haciendo un trabajo arqueológico.
Allen: Todo lo de Amelié me suena a fracaso, ahora me doy cuenta por qué, tengo que repuntar un gran tramo de la historia.
Hey, ¿dónde mierda está Esthershack?
Bob: Genial, lo perdimos en Pinamar drogado y puede estar en el Congo Belga por lo que nosotros sabemos.
Allen: Pará pará, no seas dramático. Bueno, no está en el auto, usemos la cabeza.
Usar la cabeza no era mi mayor atributo en ese momento, como será que continuaba saludando a la gente que salía del boliche como si los conociera. Sabía que era ridículo. Igual cuando Bob me puso cara de ojete paré.
Estaba saliendo de esa sensación de que nada importaba. Luchaba para salir, de hecho. La relevancia, claro, siempre el mismo problema, siempre la misma ilusión. Nos convertimos en esto pensando que está bien, la verdad es que... Claro, perdón, estabamos en Esthershack.
Con Oliver más tranquilo, decidimos que era hora de sacarle a aquella muchacha el Orlando que tenía pegado. La historia se traducirá en que le serruchamos el piso. La historia está llena de mentiras, ya sabemos.
La verdad es que no se me ocurre dónde mierda estará. Mientras manejaba se me ocurría que Esthershack había vuelto a entrar, o que estaba en algún bar de la zona. No contestaba su celular, no mandó nada. No me extraña, está podrido de la tecnología.
Oliver: Tendríamos que haber salido con él.
Orlando dormía, no podíamos contar con él para nada. Bob era el más sobrio y yo, ya estaba casi reconstituido, hasta me llevaba con el volante con mi habitual pericia. El primer lugar donde lo buscamos fue en bar que estaba a tres cuadras.
Bob: Un pibe de baja estatura, barba y pelo castaño, ni tan flaco ni tan gordo.
Ni lo había visto en toda la noche, o no se acordaban. Seguro que no había estado ahí, el barman recordaría a un hincha pelotas pidiendo Smirnoff.
Su celular muerto, los efectos de sus 40 miligramos seguramente vigentes, nadie se animaba a insinuar que hubiera ocurrido nada malo. Preguntamos por la calle, a algunas caras pasadas de rosca. Nada. Nos preguntabamos a nosotros y respondiamos que seguro estaba en algún lugar, ni siquiera al tanto de lo que había pasado.
Dentro del auto parecía que estaban vedadas las menciones que aludieran a una pérdida estúpida, a cualquier gravedad. Implicitamente optamos por pensar todos juntos que Esthershack estaba, y que estaba entero y bien.
En un rato amanecería. Detesto la temporada invernal, las bajas temperaturas vuelven a las noches muy poco hospitalarias. Yo estaba en el sillón, francamente con la mente un poco en blanco otro poco en gris. Habíamos recorrido casi todo pinamar.
Bob: La playa. Boludos que somos, no fuimos a la playa. Seguro está ahí sentado en una fogata mirando el infinito.
Lo que quedaba de Orlando seguía en el auto, y ni hablar de la cara que puso Charlie cuando entremos en plena madrugada. Nos dijo algo de que seguro mañana en el tenis nos iban a romper el...
Oliver: Uh, claro, mañana tenemos que seguir jugando.
Uh, claro, todo esto era a propósito del tenis, ¿no? Es cierto lo que dice Bob, vamos para la playa, seguro que está. Entonces salí para tratar de despertar a Orlando, cuando escuche que alguien cantaba Guantanamera por ahí, por los yuyos.
Allen: Ah mi querido Esthershack, bienvenido a la realidad nuevamente.
Se acordaba de que la situación ameritaba una bienvenida, pero no recordaba a dónde quedaba la realidad exactamente. Puf, che ¿cuándo llegaron? Me estoy cagando de frío lindo acá eh.
Orlando dormía. Bob era el más integro de todos, pero no logró hacer buena dupla con Charlie, que decidió continuar jungando con él cuando vio que el resto eramos cenizas.
¿Allen? Armando un par de ideas sobre la sociedad postdisciplinaria, dejé reposar mis restos bajo un sol un tanto amarrete, sobre el pasto tan carismático que los del complejo plantaron. De a ratos miraba los partidos, de a ratos volvía sobre Foucault. Al otro día era lunes, tenía que volver a trabajar y ya no me importaba por qué.
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