Nos saludamos con esa sonrisa, como si nada hubiera ocurrido. Mierda, a veces me sorprende lo pragmático que sos, Allen. Parece que a veces te quedás en la nada, simplemente no logro dilucidar lo que te pasa.
¿Y si me lo contaras, si me hubieras hablado más cuando estabamos juntos? Sí, lo sé. Te lo dije, asumo mi culpa también, sé que no soy una mujer de una mente re amplia exactamente.
Pero ahora, encontrarte así, tan de repente. Me saludás, venís así. Entonces comenzamos a caminar, charlando, porque se suponía que no nos veríamos más, pero acá estás, acá nos volvimos a cruzar.
La calle Armenia está cada vez más fría, cada vez menos apetecible. Encima se rozan nuestras manos por accidente. ¿Es un chiste del destino, que nuestras manos se insinúen de tal manera y no lleguen a tomarse, a acariciarse? Sabías que iba a estar yo, aún así viniste. Yo sabía que venías, entonces me quedé.
Allen, no sé qué mierda se te cruza por la cabeza a vos. Claro, me parece que vos tampoco tenés idea de lo que se me cruza la cabeza a mí. Otra vez, caemos en esto de no decir las cosas...
Así nomás, en avenida Córdoba nos despedimos, como si nada hubiera pasado.
¿Fuimos sólo una historia de gatos y perros perdidos? Yo creo que al menos vos me quisiste. Da por seguro que yo te quise a vos.
Algo de luz, un poco del afuera que logra colarse en el adentro. Mar del Plata definitivamente es una ciudad que me hace sentir extrangero, espectador de un paisaje.
Y mientras me quedo mirando tus ojos cerrados, como dormís, esa sonrisa que tenés incluso cuando soñás. Cuando juego con tu nariz me siento en un tobogán, tan cerca de tus labios, como si estuviera bordeando las mil sensaciones que me hacés sentir.
El rayo de sol me deja ver tu silueta, me deja ver tu cara a medias, un paisaje entre las sombras. Si me quedo demasiado corro el riesgo de perder la noción del tiempo. ¿Tarde, no? Ya la perdí hace rato. La perdí hace bastante. Entonces un día decidimos irnos de vacaciones y otro día llegamos a Mar del Plata recontra temprano, caídos de sueño.
Es un rato nuestro, eso es lo más importante. Y mirarte así, esta mañana se siente como si me la hubiera apropiado. Sos vos, pero de una manera tan mía que casi me olvido que somos dos. De alguna manera esos labios son míos, al igual que tu espalda, al igual que los dedos de tus pies. Aún así, sería tonto de mi parte negar que la verdadera artífice de tu belleza sos vos, Guille, y solo vos.
Me pregunto cómo vos, muchacha, te pudiste meter con un tipo como yo...
Se supone que estás durmiendo. ¿O lo hacés porque te diste cuenta que me gusta verte dormir apasiblemente? De cualquier forma yo estoy hecho, sigo disfrutando de vos de una manera casi furtiva.
Debe ser la mejor manera de disfrutar estar juntos, por más que yo llene todo esto de imperfecciones. Prefiero olvidarlas y seguir observando como soñás tus sueños.
¿Sabés lo que me costó tomar esta decisión, Orlando? ¿Sabés que mis lágrimas me decían, mientras me iba de una vez por todas, que estaba dejando a mi amor? Mis pasos por esta ciudad jamás se sintieron tan errantes. Tomar un colectivo a cualquier lado lejos de casa jamás fue una necesidad tan urgente.
Lejos de vos, que la herida sangra, que los días serán más largos de ahora en más. Eso es lo que siento, un espacio que vos provocaste en mí. No tenías derecho a hacer que yo me enamore de vos. No tenías derecho a hacerme sentir la mujer más afortunada del mundo, todo eso fue una mentira.
Soy una dramática de mierda, ya lo sé. El chofer me mira de reojo, mientras yo miro la ventana que mira a la calle. Todo se mueve, pero no voy a ningún lado. Orlando, ¡aún quiero besarte! Eso es lo triste, aún te necesito.
No quiero llegar, pero ahora la bajada es esta, el aterrizaje en la vereda para retomar esa caminata desesperada. Me siento ridícula, me deshago, me caigo, me voy una y otra vez de mi. Mis propias lágrimas se estrellan contra las lozas. Por favor, qué imagen que debo estar dando...
Toqué el quinto C. Esperé. Soy una ridícula, pero no están Luna, no están Lisa. Entonces el portero eléctrico contestó:
Allen: ¿Sí? ¿Hola?
Le dije que me deje entrar, le dije que me deje guarecerme de mi ridiculés, que hiciera de cuenta que él realmente puede arreglar las cosas. Sé que las pasate mal vos también, necesito por favor que al menos me ayudes a detener la hemorragia.
2 comentarios:
queres que te recomiende algunas lecturas feministas sanadoras?
No no, yo quiero arruinar las cosas a mi manera!
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