Cuatro Momentos con Ellas

sábado, 14 de junio de 2008

I

Tu pelo colorado me hizo pensar en por qué no habíamos salido antes. No fue sólo tu pelo, sino ese momento en que posaste tu cabeza en mi hombro, que te dormiste un ratito dejándome a cargo de la vigilia.

A veces uno quiere que el viaje se prolongue, que el colectivero se tarde un poco más. Me pasa eso, no quiero estar en ningún lugar, quiero que estemos en tránsito. No, no fuimos a ver Indiana, u qué pesado.

Sí, dale, reíte vos atrás. A ver, si hago una contorsión te puedo responder el mensaje desde abajo, para no llamarle la atención. "Amigos con beneficios extra." Qué paquete que sos Allen cuando querés.

Sí, digamos que somos amigos. ¿No, Lyla? Disfrutamos un poco de estar juntos, de salir un rato, quizás tropezarnos en el cine, hacer de cuenta que lo que realmente nos interesa es Leonera y no nosotros un rato.

Tu respiración es tan apasible, estás para ir directo al sobre chica. Lyla, la chica que se duerme a las nueve de la noche. Menos mal que sé que no soy un tipo aburrido, sino pensaría que yo te puse a dormir.

Bueno Allen, entonces bajate un cacho antes. Hijo de puta mira para cualquier lado. Los celulares deberían venir con una opción de descarga eléctrica o algo, a ver si le borro esa sonrisa y a... ok, nos vemos.

II
Ella se ríe de que accidentalmente estoy bien vestido. Jamás pensaste verme de esa manera, claro, sep. Y cómo desentonamos, yo con este saco que se nota no uso seguido y una remera. Vos y tus pantalones de corderoy oscuros, con tu pullover negro y tu pelo suelto.

Saco y remera, dijo ella, ¿a vos te parece?

Según ella, no hace nada interesante, que no tiene demasiado para demostrar, lo emocionante no es lo suyo. De más está decir que no le creo.

Ella lleva sus manos en los bolsillos de su campera, intenta tapar su boca con el cuello del pullover. Cuando nos quedamos callados un rato al caminar, me empuja para el costado, me molesta un rato, no vaya a ser que...

Gallagher seguía los eventos, seguro que cuando llegue a casa me va a explicar él, aunque no sepa hablar. A veces parece que nosotros no supieramos hablar, pero jugamos con eso, a comunicarnos de otra manera, a olvidarnos toda esa ornamenta de significados explícitos. Eso, nada de explícitos muchacha.

Mira la calle al cruzar, de hecho, no le gusta que cruce así nomás. Con su brazo me retiene, para que deje pasar a ese auto que está como a una cuadra. Ya podría haber cruzado con toda seguridad, mientras vos encima te viste obligada a congelar tu mano, que por más guante que tengas.

Entonces me puso cara de no seas regañón.

III
Yo intenté decirle a él que... Me siento como... Es raro. Justamente lo que falló con mi ex es que yo quería estar más con él y sin embargo nada nos motivaba. Ahora tengo a alguien que se preocupa por mí pero... intento decirle que... Me siento como...

Hay algo que no está bien. No me preguntes qué es, bombón, quizás sea que no estoy lo suficientemente preparada para vos, que tus sentimientos por mí son tan desmedidos, los veo como una ola que se me viene encima y...

Esa es la parábola. Allen dijo que justamente antes yo era la demandante. Ahora que encuentro eso del otro lado, algo está mal. La observación es válida, es así. Antes algo a él no lo motivaba, entonces cortamos. Ahora algo no me motiva a mí.

Él me dijo que entonces no nos vieramos más. No sé qué expresión habrá tenido mi cara, si es que logró gesticular algo al menos.

Tampoco es que me desilusionaste, no, no creas eso por favor. Sos muy lindo, tenés esos toques de ternura que me encantan, pero... No me sale, no es una cosa que yo te pueda explicar tan así nomás. Es... perdoname, no estoy de buenas hoy.

IV

No se parecía en nada a un hippie, pero tampoco tenía que ver demasiado con un tipo de traje coherente y correcto. A veces sus bocados en cualquier conversación me dejaban sin palabras, porque Allen puede ser realmente inoportuno. No inoportuno en un sentido grosero o impropio, sino que comenta cosas fuera de lugar.

En síntesis, sí, yo siempre se lo dije, pero también lo dejaba que hiciera lo que él quisiera. De alguna manera a él le gustaba no hacerme caso. Después si la cosa se ponía medio fea sí, aclaraba los puntos. Igual era una especie de trato que teníamos, cuando uno veía que el otro venía mal con algo, ponía un parate así de toque.

Más de una vez me topé con un Allen cabeza dura. Nunca supe cómo manejarlo sin algún despelote, pero me acostumbré y él también. Cuando y andaba enojada o para atriqui, Allen sabía utilizar una serie de artilugios para al menos llevarme a una sonrisa.

¿Te habías dado cuenta, no? Cuando me ponías cara, me abrazabas y me hablabas como a una nena paf... Lograbas alguna sonrisa. Nunca sabré bien por qué. Teminaba acariciando tu cuello, jugando con tu pelo cuando te lo dejabas lo suficientemente largo.

Educando a Julieta Cinadi, decías mientras me pasabas la mano por la oreja. Luego mi risa era tu risa y entonces yo te podría decir educando a Allen Jana, ¿o no?

¿Me pregunto qué pasó con eso, eh?

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