Nobody raise your voices... just another night in Nantes (pronunciese "Nontes").
Todo mi interés por este lugar surgió de la información que llegó a mi, de parte de alguien que no les voy a mencionar, de que hay una compañía de teatr que trabaja con muñecos gigantes. Entre esos muñecos gigantes, una niña y un elefante son las estrellas.
Obviamente, deposité todas mis expectativas en eso. Como si se tratara de un pedazo de escenografía que necesitaba ver.
Me encontraba levemente desviado de Montpellier, por un no tan leve error logístico que tuvo que ver con un paro de trenes en la gran ciudad de Marseille, capital del fin del mundo.
Ponele canales a todo. Merodeé por la ciudad al menos unas tres horas, sin rumbo fijo. Es lo que me gusta hacer. Además es barato, porque nadie te cobra por perderte por ahí.
El problema con la logística es que me retrasó al menos un día con mi plan de viaje. Pero en esa confusión llegué aquí, y he dicho en reiteradas oportunidades que a veces mis errores son geniales.
En verdad, ¿saben qué? Marseille tiene poco que ver. Todo surgió por confundir Port Bou con Bordeaux, todo por la pronunciación francesa. Vieron que cierran todo. Que la E es O, que le sacan las letras a todo, que juntan todas las palabras y celebran todas las contracciones.
Bueno, entonces a Nantes llegué de pedo. Y me podría haber ido así como llegué, pero no pude. Si me había equivocado, debía equivocarme grosero.
¿Por qué mierda tienen una calle que se llama J. F. Kennedi? ¿Por qué camino hacia cualquier castillo que encuentro? Creo que esto lo hago a propósito, y que escuché Bordeaux porque quise escuchar Bordeaux y no Port Bou.
O sea que atentó contra mi mismo.
Mis problemas cada vez me resultan más snob.
0 comentarios:
Publicar un comentario