Robarle el camino a casa

martes, 13 de marzo de 2012

- ¿Hacia dónde vamos? - le pregunté a Jon por cuarta vez.


No contestaba, se hacía el ofendido porque yo había intercambiado mensajes con Laura. Pero todo el tiempo se encargaba de aclarar que no le importaba. ¿Entonces?

Caminábamos por Olleros. Me había garantizado hace más de diez cuadras que estábamos a sólo cinco minutos de Avenida Santa Fe.

Nos habían echado de su bar preferido, todo gracias a que no me entendí con el barman. Eran las cinco de la mañana y definitivamente nos faltaba actitud a los dos. De tanto caminar, yo comenzaba a no creer en Jon, porque cuando quiere puede volverse bastante hdp.

Yo no tenía un peso, había pagado toda la noche las cervezas, e incluso unos tragos que habíamos invitado a unas amigas de Jon, que casualmente habíamos encontrado. La verdad, lo último que quería hacer era caminar.

Le pregunté por quinta vez.

- No rompás más las bolas - contestó-. Estamos cerca, hace solo cinco cuadras que pasamos Córdoba.

Pedazo de mentiroso hijo de puta, estábamos caminando hace media hora. Y la verdad, mi humor se pudría a cada paso.

- Vamos, Bayton, tomémonos un taxi y ya - dije mientras pasaba uno de esos autos amarillos y negros a los que suelo pagarles cuando no quiero caminar.

No contestó, y seguimos caminando. Mi problema principal era que yo no tenía dinero, sino que Jon lo tenía. Mi paciencia estaba al punto límite, pero creo que todo empeoró cuando pisé una baldosa medio suelte y me salpiqué todo el pantalón. La puta que lo parió.

Treinta metros después fue que perdí la cabeza, y lo agarré a Jonathan, al grito de "dame la plata pelotudo. ¿Todo esto es por lo de Laura, no?". Una forrada. El se encargó de esquivarme, creo que le pegué en al nuca y medio me resbalé. Casi me hago mierda, la vereda estaba toda llena de barro.

- ¿Qué hacés pelotudo? - me dijo mientras de un manotón me desubicó el cachete izquierdo de la jeta. Eso me enfureció más.

Intenté afanarle la billetera del bolsillo, pero no sé cómo mierda hizo para esquivarme. Me compenetré en que tenía que sacarle la plata y tomarme un tacho. Flor de pelotudo, me decía que qué hacía, que estábamos a dos cuadras.

- La puta que te parió - estallé- hace tres horas que me decís que estamos a dos cuadras. Dame la guita tarado, me quiero tomar un taxi.

Bayton estaba encabronado con caminar, me decía que ahora sí faltaban dos cuadras, que me dejara de romper las pelotas "como un oligofrénico". La cuestión es que con todo esto de la lluvia del orto y bla, me terminé estrolando contra el piso mientras intentaba, mediante una llave, sustraerle la billetera a Jon.

- Forro, pará - me dijo, y entonces me resbalé al carajo.

Caí de culo. Todabía me duele, pensé que me había roto el coxis o algo así. El tema es que se me pasó, y al toque Jon me señaló el horizonte.

- Ves, boludo, ¿los autos que pasan ahí, de las dos manos? Bueno, ESO ES SANTA FE, así que dejate de joder y vamos.

Levanté mi cabeza, medio sacudida de la caída. Efectivamente, tenía razón, autos pasaban en el horizonte cercano, era la avenida. Que enojo, estaba con el culo embarrado y probablemente si hubiéramos sido más pacíficos ya estaríamos allí.

Y ese fue el día que le intenté afanarle a Jon.

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