No me busques, pero procura encontrarme

miércoles, 14 de marzo de 2012


I
Because where I come from, darling, no one asks about your problems, no one listens to you. I mean, if you are sad, or something like that, you are all alone. That's pretty... shitty.

It's really lonely at home. I wish that people would really talk, but like, willing to listen to the other person. Sometimes I wonder if what happens to me every day is communication, real dialogue... life.

I remember when my ex boyfriend left me, I was destroyed. And no one noticed, no one asked about me, about how I was feeling. My friends would just say "hi, how are you today?", but they were not really asking.

Where I come from, people don't mess around with other people's problems. And that's how you end up alone an depressed.

But staying with you it's fun. And I know that I can talk to you, and you remember the things I say, even though you claim to have a really bad memory. So it's nice to have met you, so accidentally, but well, whatever the future brings, uh?

I like it when you hold my hand, and we walk side by side. When you look at me and smile, and perhaps you can now give me a kiss, boy.

II
“Supongamos que alguien quiere copiar pura y simplemente Las Meninas – le dijo Picasso a su amigo Sabartés -, llegaría un momento en que si fuese yo quien lo hiciera, me diría: “¿qué pasaría si pusiera este personaje un poco más a la derecha o a la izquierda?”. Y trataría de hacerlo a mi manera, sin preocuparme de Velázquez. Esta tentativa me llevaría sin duda a modificar la luz o disponerla de otra forma, puesto que habría cambiado de sitio un elemento. Asi, poco a poco, lograría hacer un cuadro, Las Meninas, que sería detestable para cualquier pintor especializado en copiar y no serían Las Meninas tal como aparecen en el cuadro de Velázquez: serían Las Meninas del que lo hiciera”.

Me quedé mirando el cuadro mucho tiempo. Diría que fue el momento donde me suspendí más en todo el viaje: Picasso pintando a Velázquez. Mientras tanto, St. Claire se paseaba mirando las otras 43 ideas de Picasso sobre Las Meninas, pero yo me quedé capturado allí.

Por algún motivo, todo se detenía ahí: desde mis escapatorias hasta mis miedos. Era como suspenderlo todo. Claro, este tipo sencillamente se había hinchado las pelotas de la academia, de lo que los otros le dijeran. Y si antes era genial, luego de esto comenzó a ser aún más genial.

Lo dice tan a la perfección. Correr un poco los elementos, hacer sus Meninas. Quizás yo debería hacer mis Meninas, eso es.

Ella vino en algún momento y dijo:

- You know, there are other versions over there.

- Yes, but this one. I love it - repliqué-. We all ask the same thing.

- What's that?

- What the fuck is Velázquez painting...

III
Estaba tan atacado por ella, tan destruido, tan triste, que me acodé en el bar a tocar un poco y a tomar todo lo que pudiera. Eran recién las nueve de la noche, era domingo. Yo recién había llegado de un pésimo día, me había dejado las cosas en la habitación y me encontraba en el lobby.

Me había propuesto emborracharme hasta olvidarla, y la verdad que funcionó. No de la forma que yo creía, pero funcionó.

Fui ayudado por ella, por Laurie, una chica bonita, de Noruega. Me encontró casi borracho en el bar. Me la presentó un mexicano:

- Ella es Laurie, mi amiga que te comenté. Es mesera.

No me esforcé demasiado, pero luego terminamos hablando un poco. Ella sonreía todo el tiempo, era una muchacha muy bonita. Y yo un tipo muy afortunado, evidentemente.

Cuando me dijeron de salir ni lo dude. Ya llevaba seis cervezas de ventaja, y decían de ir al festival de Fado. ¿Por que no? Además, me estaba llevando de maravillas con esta noruega, así que decidí salir.

El lugar se llamaba Katmandú, nos habían invitado unos locales que el mexicano había conocido en la calle. Y Laurie se aburría, mientras yo hablaba otro tanto con una chica llamada St. Claire, sólo por ser amable. En cuanto se fue, pude invitarle a Laurie el destornillador más caro de mi vida, y el peor.

Nos reíamos de la gente que tomaba cerveza con pajita. Ella era tan frívola, tan vacía. Justo el antídoto para olvidar a la otra. De alguna, ella me terminó arrastrando a su habitación. Le tuve que pedir permiso para buscar mis cosas, qué ridículo.

Definitivamente sabía como manipular a un hombre. Me pregunté qué buscaría ella, pero justo cuando pensaba el asunto ella me indagó si era casado. ¿Un poco tarde, no? Y luego, por qué un muchacho tan buen mozo como yo no estaba casado, que le resultaba extraño.

Le dije que, que de ninguna manera, que yo no era así, blablero. Ella contestó sonriendo que me había tomado a mal un alago. Ahí entendí que estaba bastante menos preparado de lo que me había imaginado.

Me solté y me dejé caer. Ella me atajó, hizo lo que quizo conmigo.

Pero saben, los fantasmas vuelven a la mañana siguiente.

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