Montaje 1

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Si quieren algo que me pasó en el trabajo. Y si no, dejen de leer ahora.


Yo había ingresado a trabajar en empresa de tendido de alta tensión. De las que ponen los tendidos que van al lado de las rutas, esas estructuras de metal que recorren kilómetros y llevan electricidad de una ciudad a la otra. Bueno, de esas.

Me encargaba de soporte informático y web. Todos me querían relativamente porque les solucionaba la vida, sea la impresora o actualizar el sitio o que llegaran los mails.

Mi jefe era un tipo alto y corpulento, de carácter fuerte pero risueño: le gustaba hacer chistes a lo largo de toda la mañana. Esperaba a que no hubiera mujeres en la oficina para hacer chistes u observaciones sexuales.

Creo, en alguna época, me quizo tomar a mi de compinche para escucharle sus historias. Me contó de una vez que se fue a Andalucía para encontrarse con una gitana que le gustaba el sexo violento.

- Me gritaba cosas - contaba él-.

Y será que yo no le daba demasiada bola, que se terminó aburriendo de mi y se fue a contarle al cadete: un chico catequista.

En fin, el tema es que tras tres meses de trabajar allí, me di cuenta que había pedido demasiado poco sueldo. No les extrañe de mi, pues ustedes serán lúcidos, pero yo soy lento para calcular cuánto debería salirle a otro tipo que yo mueva mis brazos, piense, y esas cosas, para él.

Hacia fines de mes me senté a hablar con este tipo. Hasta el momento, habíamos tenido una relación acorde, estaba todo en orden. De tal forma, me senté en su escritorio, pues él era accesible, y le planteé que precisaba más dinero.

Me había comprado un pantalón la semana anterior, que me había salido un 16% de lo que ganaba.

El tipo abrió los ojos como si fuera un dibujito japonés. Con cierto nerviosismo me dijo que no, que no era lo que habíamos arreglado, que habría que verlo en todo caso, pero que yo estaba hace muy poco trabajando ahí como para venir con semejante planteo.

Y Emma dice que a mi me mata la ansiedad, y tiene razón. Porque si yo lo pienso racionalmente, debería haberme aguantado y punto. Pero no.

Estuve cabrón dos días con el tema. Entonces pensé un sistema, algo para disparar la cuestión.

Pensé que si mi jefe se enteraba de que me estaban ofreciendo trabajo de la competencia, intentaría retenerme aumentándome el sueldo. Entonces, pensé en enviarme un mail a mi mismo diciendo que era un tipo x de otra compañía, y que quería tener una entrevista. Solo tendría que lograr que accidentalmente mi jefe lo viera.

Eso era fácil de lograr, ya que era de mi conocimiento que luego de irme yo de la oficina, mi jefe o su principal lacayo me usaban la computadora.

Investigué sobre la competencia, tomé al principal enemigo. Averigué el nombre y área de uno de los tipos importantes, con su correo electrónico y teléfono. Utilicé algunas artimañas tecnológicas para simular un correo electrónico de esa empresa.

Escribí. Lo envié de tal forma que lo recibiera justo dos o tres minutos antes de que yo dejara la oficina para irme a mi casa. Eras las cinco y media.

Destino quizo que mi vida se complicara ese día, pues mi madre fue internada en el hospital debido a un golpe severo en la cabeza. Estaba deprimida, el médico preguntó si había chance de que ella quisiera hacerse daño.

Mientras esparaba en uno de los pasillos del hospital, mi teléfono sonó. Era mi jefe nervioso, diciéndome que encontró un mail de un tal Octavio, de la competencia, que me decía que quería conocerme para ofrecerme trabajo.

Yo estuve casi al borde del colapso. Pensé que era obvio que yo me había enviado a mi mismo ese correo, sentó que se caía de maduro toda mi manipulación. Estaba hecho un manojo de nervios. Le conté que estaba en el hospital, debido a la condición de mi madre.

Al otro día me desperté a las diez y media de la mañana. Estaba tardísimo, así que salí corriendo para la oficina.

- Perdón - dije-.

Me dijeron que no había problema, que entendían que estaba con asuntos familiares.

A los dos días fue primero de mes, y me encontré con un 30% de aumento.

Perdón si les hice perder el tiempo con esta historia poco emocionante, pero me acordé de esto a la mañana, mientras caminaba a la parada de bus.

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